Con determinación, Pagán decidió demostrar lo contrario. “No solo pasaron tres días, sino más de 20 años en esta carrera. Trabajé haciendo mantenimiento, llena de grasa, subiendo a los equipos y aprendiendo cada día más. Con el tiempo ese mismo ingeniero me dijo que le habría gustado que yo fuera su hija”, contó con una sonrisa.
Hoy, desde las aulas y talleres del Senati, busca transmitir su experiencia a las nuevas generaciones. “Con 11 años trabajando en minería quise compartir mis conocimientos con los jóvenes. Esta carrera no es solo para hombres, también es para chicas. Si yo he podido desenvolverme, ¿por qué las mujeres de hoy no?”, se preguntó.
La docente también destaca que cada vez más mujeres se interesan por este campo. “Hoy existe una gran demanda de chicas que estudian esta carrera. En minería ya vemos mujeres operando equipos pesados, supervisando maquinaria y realizando mantenimientos. Este rubro no es solo para varones”, señaló. Actualmente, en esta especialidad hay entre siete y ocho alumnas, y más de 30 han pasado por el programa en los últimos años.
A su juicio, la presencia femenina aporta cualidades importantes al sector. “Hoy se necesitan más manos femeninas. Somos más observadoras, más exigentes y también muy guerreras. Eso no significa que los hombres no lo sean, pero las mujeres tenemos una gran capacidad para desenvolvernos en este trabajo”, explicó.
Además, resalta que la tecnología ha cambiado el panorama. “Las máquinas son grandes y robustas, pero hoy todo es más automatizado y electrónico. No se trata solo de fuerza, sino de estrategia y conocimiento. Las mujeres pueden desenvolverse perfectamente”, enfatizó.
Rubí sueña con conquistar la maquinaria pesada
Rubí Aguilar, de 19 años, estudiante de segundo semestre de la carrera de Mantenimiento de Maquinaria Pesada para la Construcción, es la única mujer de su promoción, una situación que al inicio la intimidaba, pero que ha sabido superar con el tiempo.
“Esto no es fácil, pero aquí estamos. Al comienzo mis padres tenían miedo de que algo me pasara por ser mujer, pero al final me apoyaron”, contó. Aunque la mayoría de sus compañeros la respalda, admite que todavía hay miradas de sorpresa. “Siempre hay algunas caritas que se sorprenden al ver a una mujer en el taller”, comentó.
Los comentarios negativos tampoco han faltado. “A veces mis amigos bromean y dicen que no confiarían en mí para este trabajo. Eso me hacía sentir mal al inicio, pero con el tiempo esos comentarios me dieron más fuerza para demostrar que sí puedo”, afirmó.
Rubí tiene metas claras. “Quiero terminar mi carrera, estudiar Ingeniería de Minas y ojalá trabajar algún día en Antamina. Mi sueño también es tener mi propio taller para mantener maquinaria pesada”, dijo con entusiasmo. Lejos de intimidarla, las enormes máquinas despiertan aún más su curiosidad. “Mientras más grandes son, más ganas tengo de aprender a manejarlas”, añadió.
Su mensaje para otras jóvenes es directo: “Si algo les gusta, inténtenlo. Al inicio yo también tenía miedo y muchas personas me decían que no era para mí, pero descubrí que sí puedo. Y si yo puedo, todas las mujeres pueden estudiar la carrera que quieran”.
"Algunos piensan que la mujer solo debe ser servicial"
Una experiencia similar vive Gabriela Carbajal, de 24 años, quien cursa el sexto semestre de Mantenimiento de Maquinaria Pesada. Su interés nació por simple curiosidad. “Veía estos vehículos y pensaba que no debía ser tan complejo entender cómo funcionaban. Eso me animó a estudiar la carrera”, explicó.
No obstante, reconoce que el camino exige demostrar constantemente la propia capacidad. “A veces tenemos que esforzarnos el doble porque nuestros comentarios no siempre son tomados en cuenta. Algunos hombres creen que la mujer solo debe ser servicial, pero con el tiempo uno demuestra todo lo que sabe”, afirmó.
Lejos de desanimarse, esa situación fortaleció su determinación. “Nosotras somos inteligentes y capaces, y podemos aportar con nuestros conocimientos en este trabajo pesado”, sostuvo.
Su objetivo es especializarse en motores y trabajar en una empresa reconocida. “Quiero seguir aportando a la sociedad y demostrar que las mujeres también podemos destacar en esta área”, dijo.
La única en su clase de soldadura
En otra área técnica, Mayra Flores Pardo, de 21 años, cursa el sexto semestre de Procesos Tecnológicos de Soldadura. Su pasión nació en el colegio, donde tuvo la oportunidad de practicar en distintos talleres.
“Había panadería, cómputo, zapatería y soldadura. Fue en ese taller donde descubrí qué quería estudiar”, recordó. Aunque su madre prefería que estudiara Administración, su padre y su hermano respaldaron su decisión. “Mi papá me dijo que estudiara lo que realmente quería”, contó.
Al ingresar al instituto, sintió temor. “Escuchaba a compañeros que ya trabajaban en soldadura desde hace años y yo venía solo con lo aprendido en el colegio. Pensaba que no iba a hacerlo bien”, confesó.
Sin embargo, la práctica cambió todo. “Al principio me demoraba mucho y me sentía la última, pero con el tiempo le fui agarrando el ritmo. Luego incluso terminaba antes que algunos compañeros y quería hacer más trabajos que ellos”, relató orgullosa.
Hoy es la única mujer en su aula. Aun así, destaca el apoyo recibido. “Siempre existe el miedo a ser discriminada, pero he tenido buenos compañeros y profesores que me han aconsejado y ayudado mucho en las prácticas”, afirmó.
Su sueño es especializarse en inspección de soldadura y continuar con estudios de ingeniería. Y deja un mensaje claro para otras jóvenes: “No se dejen llevar por la idea de que hay carreras para hombres. Si les gusta, háganlo. Con apoyo o sin apoyo, uno puede salir adelante”.
Del taller a las FFAA, el sueño de Keylyn
Keylyn Fernández Ortiz, de 20 años, decidió estudiar Mecánica Automotriz motivada por su padre. “Él siempre quiso estudiar esta carrera cuando era joven, pero no pudo. Intentó que mis hermanos lo hicieran, pero ninguno quiso. Entonces me dijo: ‘contigo será la vencida’”, recordó entre risas.
Aunque enfrentó comentarios negativos al inicio, nunca permitió que la desanimaran. “En segundo ciclo había comentarios pasivo-agresivos por ser mujer, pero decidí alejarme de esas malas amistades y seguir adelante”, contó.
Ahora, en el sexto ciclo, está a punto de culminar su formación y tiene un sueño muy claro. “Quiero terminar mi carrera y luego ingresar a las Fuerzas Armadas”, afirmó.
Para ella, el apoyo de sus padres y de algunos instructores fue clave. “He tenido profesores que me ayudaron mucho cuando pasé momentos difíciles. Gracias a ellos y a mi familia he podido seguir adelante”, señaló.
Su mensaje final resume el espíritu de estas jóvenes: “Nunca se rindan. Alejen los malos comentarios y sigan adelante. Poco a poco lo van a lograr”.
Así, entre motores, soldaduras y gigantescas maquinarias, estas mujeres demuestran que la pasión por aprender y el deseo de superación pueden romper cualquier barrera. La historia de cada una de ellas demuestra que el talento y la capacidad no tienen género.