Nunca es tarde para aprender: pensionistas regresan a clases para cumplir su sueño

ONP inició el año escolar 2026 en Yuyaq Casa del Pensionista, que cuenta con 12 sedes en todo el país

Desde el año 2022, en Yuyaq Casa del Pensionista sede Independencia se convirtió en un aula de clases de Educación Básica Alternativa (EBA), un programa que, en articulación con el Ministerio de Educación, promueve el aprendizaje de las personas adultas mayores, en este caso de los pensionistas de la Oficina de Normalización Previsional. Foto: ANDINA/ Eddy Ramos

Desde el año 2022, en Yuyaq Casa del Pensionista sede Independencia se convirtió en un aula de clases de Educación Básica Alternativa (EBA), un programa que, en articulación con el Ministerio de Educación, promueve el aprendizaje de las personas adultas mayores, en este caso de los pensionistas de la Oficina de Normalización Previsional. Foto: ANDINA/ Eddy Ramos

08:41 | Lima, mar. 6.

Por Dany Seminario

En el inicio del nuevo año escolar, no solo niños y adolescentes regresan a las aulas. También lo hacen más de 270 pensionistas de la Oficina de Normalización Previsional (ONP), quienes han decidido retomar los estudios de educación básica que en algún momento debieron abandonar por distintas circunstancias. En las aulas de educación alternativa, entre cuadernos, colores y ejercicios de lectura, adultos mayores vuelven a encontrarse con una etapa que creían cerrada, pero que hoy se abre como una nueva oportunidad para aprender y superarse.


Para muchos de ellos, el camino hacia la educación no fue sencillo. Historias de trabajo temprano, responsabilidades familiares o dificultades económicas marcaron su infancia y juventud, obligándolos a abandonar la escuela. Detrás de este proceso también hay docentes que han encontrado en la educación de adultos mayores una vocación especial.



Este es el caso de la profesora Antonia Aguilar, que desde hace cinco años enseña a pensionistas en la casa Yuyaq Casa del Pensionista, donde se imparte clases de Educación Básica Alternativa (EBA), programa del Ministerio de Educación (Minedu) que busca promover el aprendizaje de las personas mayores.

Su motivación nace de una experiencia personal: sus propios padres no sabían leer ni escribir. “Mis padres son analfabetos. Cuando yo regresaba a mi pueblo en Ayacucho y les mostraba un libro, no podían leer ni firmar. Eso me marcó mucho. Pensé que si no podía enseñarles a ellos, al menos podría ayudar a otras personas de su misma edad”, narró para la Agencia Andina.


Aguilar explicó, además, que los niños suelen aprender con rapidez, mientras que los adultos requieren un proceso constante de refuerzo. Sin embargo, dijo, ellos cuentan con una ventaja importante: la experiencia de vida. "Ellos aprenden cuando relaciono lo aprendido con cosas cotidianas. Utilizo mucho sus vivencias y eso los hace comprender mejor".

Según la docente, uno de los principales miedos es el temor al qué dirán. "Muchos sienten vergüenza de estudiar a su edad y piensan que la gente dirá que están muy grandes para ir al colegio. A eso se suma que algunos no reciben apoyo de sus familias o tienen responsabilidades como cuidar a sus nietos", manifestó.


Sueña con ser abogado para ayudar a los más vulnerables


Uno de los estudiantes es Elifio Pasión Caycho (82), natural del distrito de Calango, en la provincia de Cañete. En el 2024 decidió retomar sus estudios, ya que su educación se truncó cuando en la infancia se lesionó la pierna y, por la necesidad en su casa, tuvo que verse obligado a trabajar.


En diálogo con Andina, Pasión recordó que solo pudo estudiar hasta el sexto año de primaria antes de dedicarse a la agricultura junto a su padre. Años después llegó a Lima en busca de oportunidades y trabajó como ayudante de radio técnico mientras intentaba continuar sus estudios por las noches. Aunque logró avanzar algunos años en secundaria, un cambio de turno en su trabajo truncó nuevamente su educación.



Décadas después, mientras acudía a cobrar su pensión, escuchó sobre las clases para adultos mayores. “Un señor me dijo: ‘¿Por qué no estudias acá?’ Y así comencé nuevamente”, contó. Hoy su meta va más allá de terminar la educación básica: sueña con estudiar Derecho para ayudar a personas vulnerables

Quisiera ser abogado. He visto muchos casos donde se abusa de la gente pobre y me gustaría ayudar”, señaló con firmeza y mucho entusiasmo por seguir aprendiendo.

Aprender me hace muy feliz


Felipa Guimaray Chávez (77) soñaba desde joven con vestir uniforme blanco como las enfermeras y entregar análisis en los hospitales. No tuvo la oportunidad porque sus tíos, con quienes vivía, no la matricularon a tiempo en una escuela. Recién a los 12 años pudo ingresar a primer grado, pero tiempo después abandonó los estudios por burlas de sus compañeros y del propio director.

En el colegio me decían ‘abuela’ porque era mayor que los demás niños. Me dio mucha vergüenza, no me gustaba que me dijeran así. Al final tomé la decisión de no regresar", relató con tristeza el episodio de bullying. 


Con el paso del tiempo, aprendió corte y confección y trabajó para sacar adelante a sus dos hijos tras enviudar. La hija de Felipa es enfermera y su hijo técnico en computación. Décadas más tarde, encontró en la ONP la oportunidad de retomar la educación que había quedado pendiente.



A mis 76 años aprendí muchas cosas: sumar, multiplicar, escribir mejor. Ahora entiendo cuándo usar mayúsculas o los signos”, comentó con entusiasmo. Incluso ha comenzado a aplicar lo aprendido en su vida diaria: desde realizar recetas hasta seguir patrones numéricos para sus tejidos.

Para Guimaray, estudiar en esta etapa de la vida también ha significado una experiencia emocional. “Mis hijos están felices. Me compran colores, cuadernos, hasta una tablet para hacer crucigramas”, dice entre risas.



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(FIN) DSC/RRC
JRA

Publicado: 5/3/2026