Amor otoñal: adultos mayores viudos encuentran el amor en talleres de la ONP

Se comprometieron tras el consentimiento de sus hijos

Pensionistas de la ONP enviudaron y luego de unos años se conocieron y naciò el amor entre ellos. Dos historias paralelas que coincidieron en el final de los años de sus vidas. Foto: ANDINA/Dany Seminario Coronado

Pensionistas de la ONP enviudaron y luego de unos años se conocieron y naciò el amor entre ellos. Dos historias paralelas que coincidieron en el final de los años de sus vidas. Foto: ANDINA/Dany Seminario Coronado

08:14 | Lima, may. 21.

Por Dany Seminario Coronado

¿Te imaginas reencontrarte con el amor después de perder a la persona con la que compartiste toda una vida? Para Justo Córdoba y Manuela Hidalgo, esa posibilidad parecía lejana en esta etapa de sus vidas. Sin embargo, en los talleres de la Oficina de Normalización Previsional (ONP), sus caminos se cruzaron de manera inesperada y dieron inicio a una nueva historia, en la que el amor volvió a abrirse paso.

Justo Córdoba nació el 5 de marzo de 1948 en Bellavista, pero desde los tres años creció en el corazón de la capital, donde dice que se formó como un “limeño 100% mazamorrero”. Su vida adulta la construyó en Los Olivos, donde vivió durante 48 años junto a su esposa. Hace cinco años quedó viudo tras una pérdida repentina que lo dejó en una profunda soledad.



"Me sentía solo, muy solo", narró. En medio de ese vacío y tras conocer a una mujer adulta, viuda como él, empezó a preguntarse si debía volver a intentarlo o no. Finalmente, conversó con sus tres hijos (de 48, 45 y 32 años) y decidido volvió abrirse a la posibilidad de enamorarse de nuevo: quería una compañera con quien compartir los últimos años de su vida, alguien con quien salir, pasear, comer y reír.


Fue entonces cuando comenzó un nuevo capítulo en el taller de Desarrollo Cognitivo de la casa Yuyaq de la ONP en el Cercado de Lima, donde Manuela Hidalgo de Vercelli, de 71 años, también asistía. Don Justo la veía de lejos y asumía que era casada, lo que representaba una barrera importante para él debido a sus creencias religiosas. Sin embargo, con el tiempo descubrió que, aunque su DNI indicaba lo contrario, ella también era viuda. Ese dato cambió todo. 

"La conocí, la veía pasar y llegar al taller, pero yo pensaba que era casada. Yo tengo una fe evangélica y para mí no está bien estar con una persona casada, tendría que ser alguien como yo, viuda", contó Justo a la Agencia Andina.

Poco a poco comenzaron a acercarse hasta iniciar su relación a inicios de año. Cuando Justo decidió declararle su amor, lo hizo fiel a su estilo, de manera directa: le confesó que estaba "locamente enamorado", que admiraba su sensibilidad, su cariño y su preocupación por los demás. Tras un breve tiempo de espera -en el que ella realizó un viaje- formalizaron su relación.

El 5 de marzo, día de su cumpleaños, Justo dio un paso importante: presentar a Manuela ante la familia. Llevaban pocos meses juntos, aunque la hija menor del pretendiente ya la había conocido en una salida a un chifa, donde compartieron por primera vez. "Mis hijos me dicen solamente que sea feliz con ella". Ambos adultos mayores reconocen que, como toda pareja, también enfrentan altibajos, pero continúan "dando la buena batalla del amor".

Es un amor divino, casi un milagro


Tras la muerte de su esposo, Manuela Edita Hidalgo de Vercelli, de 71 años y natural de Talara, se había prometido no volver a enamorarse. Sin embargo, al llegar a Lima y empezar a asistir a los talleres, notó en Justo a un hombre profundamente triste y esa tristeza la conmovió. 

En un acto generoso, le preguntó qué le pasaba, y en ese intercambio, descubrieron que ambos compartían una misma pérdida. Así comenzaron a hablar, a coincidir, a saludarse desde lejos y, poco a poco, a construir un vínculo. Hoy, celebran cuatro meses de relación, una etapa que prefieren llamar de "pareja" más que de enamorados.


Manuela viene de una familia longeva. Su madre tiene 97 años y conoció a Justo a través de la pantalla, dado que no está en Lima. "Que sean muy felices, que Dios los bendiga", les dijo. Esa aprobación acabó con las dudas que Manuela Edita aún sentía, pues le había costado aceptar nuevamente la idea de amar. 

Además, mientras que lo miraba reconoció que él insistió con paciencia, incluso desde la fe. "Ha estado orando día y noche para que Dios toque mi corazón", dice, convencida de que su unión tiene algo de divino como el amor de Cristo.



Rompiendo estereotipos en la adultez mayor


Tras la pregunta de cómo definirían al otro en pocas palabras, Manuela Edita mira a Justo con una enorme sonrisa para responder con tres palabras clave: amoroso, respetuoso y coquetón. Con una carcajada, él reivindica ese rasgo con humor: "prefiero ser coqueto antes que mujeriego". 

La historia de esta otoñal pareja rompe con varios estereotipos sobre el amor en la tercera edad. Para ella, en el corazón no se manda pues, aunque se resistía, terminó enamorándose. "Me robó el corazón”, dice entre risas y siempre tomados de la mano.


En su adultez, Manuela Edita trabajó en la municipalidad de La Brea, en Talara, desempeñándose en distintas áreas hasta llegar a la biblioteca municipal. Desde allí, recuerda con especial cariño las historias en las que ayudó, especialmente a madres y niños en situaciones difíciles. Es ese espíritu solidario, precisamente, una de las cualidades que más enamoró a Justo.

Él no duda en describirla con admiración: la considera una mujer hermosa por dentro y por fuera, con “un corazón de oro”. Enfatizó estar profundamente enamorado y espera que la relación perdure hasta los últimos minutos de sus vidas. "Hasta cuando Dios diga", concluyó.



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(FIN) DSC/RRC

Publicado: 21/5/2026