Por: Víctor Lozano AlfaroLa reciente ruptura del ducto de Camisea debe motivar una profunda reflexión sobre la urgencia de implementar infraestructura redundante y mejorar la planificación estratégica del sector energético nacional, superando la gestión reactiva para garantizar la seguridad del suministro, sostiene el presidente del Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin), Aurelio Ochoa, en una entrevista para el suplemento Económika.
Lo ocurrido con el ducto de Camisea fue impactante para toda la producción nacional. ¿Cuál es la evaluación del Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minas (Osinergmin) de lo ocurrido?
—Definitivamente, este accidente ha tenido un impacto importante no solo en el sector energético, sino en toda la economía del país.
Afortunadamente, hubo una pronta respuesta a esta situación debido a la estrecha coordinación entre todos los actores: el Gobierno, el regulador, la propia concesionaria y la Fuerza Aérea, que brindó el apoyo para transportar los ductos nuevos que reemplazaron a los dañados.
Toda esa coordinación y logística posibilitó que el problema se solucionara rápidamente. Además, contribuyó el hecho de contar con un buen clima, lo que permitió el traslado de los helicópteros sin mayores contratiempos.
Sin embargo, pese a las labores asumidas para resolver el problema, lo ocurrido en Megantoni (Cusco) debe llamarnos a la reflexión. No podemos estar expuestos a situaciones de este tipo.
Si bien es cierto que un accidente puede ocurrir en cualquier momento, es necesario estar preparados y ser previsores.
Esto ocurrió en un momento dramático para nosotros y para el mundo, pues todos sabemos lo que está pasando en el Medio Oriente. Por lo tanto, en nuestro país llovió sobre mojado.
Hubo una reacción rápida y oportuna, y el suministro se ha restablecido; sin embargo, ahora corresponde la investigación de las causas que ocasionaron este problema.
—¿Cómo está trabajando Osinergmin en ese aspecto?
—Al margen del informe definitivo que la empresa concesionaria ha presentado, es competencia de Osinergmin realizar las investigaciones del caso.
Por ello, desplazamos a la zona un equipo de ingenieros que, desde el día siguiente de lo ocurrido, ha evaluado y recopilado información in situ; incluso han pernoctado en el lugar para cumplir con su labor, todo ello en estrecha coordinación con el concesionario (Transportadora de Gas del Perú, TGP).
Este es un ejemplo de cuán buenos resultados se pueden obtener cuando hay una estrecha coordinación entre todos los organismos estatales y el sector empresarial.
—¿Por qué no hubo un plan de contingencia que permita prevenir este tipo de accidentes?
—El dilema es que solo hay un ducto para el transporte del gas natural y otro para el de los líquidos. De acuerdo con el contrato, la empresa concesionaria estaba obligada únicamente a efectuar las instalaciones respectivas para el traslado de los hidrocarburos, así como del mantenimiento y funcionamiento del sistema. La instalación de infraestructura le corresponde al Estado.
Debemos precisar que el tema de la redundancia de ductos —es decir, la construcción de ductos auxiliares— nunca fue abordado por los gobiernos anteriores.
El propio concesionario se iba a encargar de ello, pero el Gobierno de aquel entonces le retiró esa obligación y, más bien, se concentró en la construcción del Gasoducto Sur Peruano.
Finalmente, no se hizo ni una cosa ni la otra; ahora sufrimos las consecuencias de esa falta de previsión.
Es lamentable haber pasado por un evento tan grave que afectó nuestra economía. Afortunadamente, se solucionó el problema, aunque los efectos han sido considerables.
Osinergmin trató de paliar el desabastecimiento de combustibles mediante la importación y el levantamiento temporal de las restricciones mientras duraba la emergencia. Ello evitó un mayor desabastecimiento.
—¿Qué se debe hacer a partir de ahora para evitar futuros accidentes como el ocurrido en Camisea?
—El próximo gobierno tendrá que diseñar medidas preventivas para evitar accidentes similares. Es necesario proyectar una infraestructura redundante, de tal manera que no se dependa de un solo ducto. Asimismo, se debe contar con otra vía de evacuación del gas natural y de sus líquidos; ello resulta imprescindible.
Se debe trabajar en la construcción de las tuberías redundantes, así como en el reinicio de las obras del Gasoducto Sur Peruano. Sabemos que tiene un avance del 38% y se encuentra paralizado; no obstante, los peruanos estamos pagando el mantenimiento de todos esos activos, maquinarias y tuberías que se encuentran sobre el terreno.
Esta es una llamada de atención. Ese gasoducto debe concluirse de tal manera que tengamos, por lo menos, la oportunidad de abastecer al sur; además, debemos contar con ductos redundantes de, probablemente, 200 kilómetros en la zona de selva, los cuales pueden enlazarse con la otra tubería matriz.
Recordemos que hay dos tuberías desde la sierra hasta la costa. Una va hacia el City Gate ubicado en Lurín y la otra es la de exportación. Por tanto, hay dos tuberías, pero solo está lista la que corresponde al sector de la costa; falta el tramo de la selva, y el accidente ocurrió precisamente en esa zona.
Asimismo, es fundamental contar con una infraestructura de regasificación, que podría ubicarse en la zona de Melchorita (Cañete).
Se debe construir una regasificadora de tal manera que, en caso de una crisis como la vivida, podamos importar gas natural licuado —es decir, en estado líquido— para que luego sea procesado en la planta de Melchorita, la cual cuenta con todas las instalaciones portuarias y una gran capacidad de almacenamiento.
El rezago en infraestructura gasífera es elevado. Recordemos que el Perú solo cuenta con 1,558 kilómetros de ductos de transporte de gas natural, equivalentes a 1.2 kilómetros por cada millón de kilómetros cuadrados de territorio.
Esto nos sitúa en desventaja frente a otros países de la región, como Colombia y Argentina, que disponen de redes varias veces más extensas y con mayor cobertura geográfica.
—¿La empresa TGP puede ser sancionada por este accidente?
—Una cosa es que no se haya construido un ducto redundante porque el contrato no lo exigía, y otra es que, durante la operación del gasoducto, se haya producido un evento que afectó su desempeño.
Lo ocurrido no es fortuito; pudo existir alguna negligencia. Todo ello está bajo investigación y, de ser el caso, definitivamente habrá una sanción.
Esto es independiente de la construcción de la redundancia explicada. Debemos precisar que el accidente ocurrió durante la etapa de operación del gasoducto y del poliducto; por ello, es imperativo determinar las causas.
—¿Cómo evalúa la labor del Osinergmin en el último año?
—El Osinergmin cuenta con un programa de fiscalización que le permitió realizar, en 2025, un total de 97 operaciones sobre terreno en diferentes áreas de Camisea, no solo en lo que corresponde al ducto o a la zona donde se produjo este accidente.
Además, dentro de estas operaciones se desarrollaron importantes programas de capacitación para las comunidades aledañas a Camisea, así como actividades de revisión de toda la infraestructura.
El año pasado, entre abril y agosto, se realizaron inspecciones en la zona afectada. En aquella oportunidad no se hallaron anomalías; sin embargo, los hechos posteriores fueron distintos. Por ello, la investigación determinará qué ocurrió desde agosto hasta la fecha. Para este año se ha previsto efectuar 74 operaciones de fiscalización.
Los hechos
El 1 de marzo último, TGP reportó una deflagración en un ducto de su sistema en el distrito de Megantoni (Cusco).
De acuerdo con la empresa, el incidente ocurrió mientras se ejecutaban trabajos de mantenimiento en una válvula del sistema, en los que participaban 19 contratistas. Debido a la falta de un plan de contingencia idóneo para prevenir situaciones de este tipo, el Gobierno se vio obligado a restringir significativamente el suministro de gas natural hacia la costa.
El Ministerio de Energía y Minas (Minem) informó que el abastecimiento pasó de aproximadamente 800 millones de pies cúbicos diarios a alrededor de 70 millones de pies cúbicos, situación que se reflejó notoriamente en el desempeño de la economía, pues afectó drásticamente las operaciones de sectores como el transporte.
El gas natural cambió la matriz energética del país, pues pasó de representar el 1% en el 2004 a 13% en el 2023. A partir de Camisea, el año pasado el Perú pudo abastecer a más de 100,000 empresas y 38 generadoras eléctricas en todo el Perú.
Datos
Ente, 2.6 millones de hogares conectados al sistema de gas natural y más de 500,000 vehículos que funcionan con gas natural vehicular (GNV).
En dos décadas de operación, ha generado más de 67,000 millones de soles en regalías e impuestos, contribuido al producto bruto interno (PBI) nacional e impulsado el desarrollo regional mediante el canon gasífero y el Fondo de Desarrollo Socioeconómico de Camisea (Focam).
Desde el 2004, el Focam ha generado 6,200 millones de soles para las regiones de Ucayali, Ayacucho, Huancavelica, Ica y Lima (provincias). En el caso específico de la región Ica, la provincia de Pisco ha recibido más de 255 millones de soles.
El Ministerio de Energía y Minas (Minem) informó que el Perú dispone de recursos prospectivos de gas natural, que superan los 43 trillones de pies cúbicos (TCF), de los cuales casi la mitad se concentra en la cuenca Madre de Dios.
(FIN) DOP / WRR
Publicado: 16/3/2026