Este segundo domingo de mayo, miles de familias en el Perú se preparan para celebrar el Día de la Madre con reuniones, regalos y salidas especiales. Se trata de una de las fechas más importantes del año, capaz de movilizar el comercio, generar gran afluencia en calles, llenar restaurantes y reunir a personas de distintas generaciones. Pero, ¿por qué esta celebración tiene un impacto tan fuerte en la sociedad peruana? En esta nota te lo explicamos.
El sociólogo Ademar Díaz, docente de pre y posgrado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), sostuvo que esta celebración actúa como un potente “catalizador social", debido a que no se trata solo de una fecha en el calendario sino de una forma de agradecimiento y, en ocasiones, de compensación emocional.
"Creo que poder celebrar a la mamá también viene por un tema psicoanalítico, de poder compensar aquellos días de ausencia o a lo mejor días en las que no se ha podido atender a la madre como se hubiese querido", dijo el experto en diálogo con la agencia Andina.
Celebraciones distintas
Para el sociólogo, la magnitud de la fiesta en Perú varía según el entorno. Mientras que en las grandes urbes como Lima predomina la reunión del núcleo familiar, en las zonas rurales del país el Día de la Madre adquiere dimensiones de una pequeña fiesta patronal.
En las provincias, agregó, la celebración se basa en la reciprocidad y la solidaridad. "Lo rural tiene sus reciprocidades: cada uno trae una olla, otro arma el toldo, otro trae la música. Es una fiesta comunitaria donde grupos de familias agasajan a las madres con pachamanca, cuy chactado y chicha de jora", describió Díaz, resaltando que estos valores de bienes comunes provienen desde la antigüedad.
Raíces ancestrales
La figura materna en el Perú no es un concepto moderno; está profundamente anclada en la cosmogonía andina.
El especialista recordó que desde el Imperio Incaico la mujer ha sido una figura transversal, personificada en deidades como la Pachamama (Madre Tierra), la Mama Cocha (Madre de las aguas) y la Mama Quilla (Madre Luna).
Incluso está presente en los mitos fundacionales, como las figuras como Mama Ocllo (la civilizadora) o Mama Huaco (la guerrera); en ambos casos, se subraya el papel clave de la mujer en el origen de los clanes.
Abandono paterno
Sin embargo, Díaz también analiza un factor contemporáneo crítico: la ausencia de la figura paterna. Ante el abandono recurrente del varón, la mujer peruana suele adoptar un doble papel. De allí también la diferencia en la magnitud de la celebración con respecto al Día del Padre.
"Al final la mujer es la que adopta el doble rol; hace de madre y de padre con los niños. Lo que hace el varón es ver a la madre que lo ha criado al margen del abandono y entrega en este día un gran regalo como un gracias por haberme soportado", afirmó el sociólogo.
Impacto económico
De acuerdo con el sociólogo, el consumo en esta semana del Día de la Madre podría alcanzar los 4,000 millones de soles, triplicando o cuadruplicando el gasto habitual, conforme con estadísticas del Ministerio de la Producción. No obstante, advirtió, el perfil de la madre y sus regalos ha evolucionado.
Atrás está quedando la tendencia de regalar electrodomésticos para el hogar. "Este perfil de madre conservadora se viene diluyendo frente a una ola creciente de madres modernas que estudian, trabajan y son emprendedoras", sostuvo.
Ahora, aseveró, los hijos buscan regalar "experiencias", como viajes o almuerzos en restaurantes, así como productos de estética y apariencia personal.
La primera celebración
En el Perú, durante el oncenio de Leguía (1919-1930), fue aprobada la Resolución Suprema N° 677 del 12 de abril de 1924 que declaró oficialmente el Día de la Madre cada segundo domingo de mayo.
Esta iniciativa estuvo impulsada por un grupo de estudiantes sanmarquinos pertenecientes al Centro Universitario “Ariel”, quienes recibieron el apoyo de la población.
De esta manera, se celebró en el Perú el primer Día de la Madre, el domingo 11 de mayo de 1924. Fue una jornada de sonrisas, besos y abrazos. Hubo actuaciones escolares, celebraciones en familia, todos los cuales estuvieron dedicados a las madres.
Una de estas actividades ocurrió en el Parque de la Exposición, donde estaba el busto de Juana Alarco de Dammert, conocida como la "abuela de los niños", a quien un grupo de niños huérfanos de la capital le hicieron un conmovedor homenaje.
Durante las ceremonias públicas, los asistentes se colocaban en el ojal rosas rojas en caso sus madres estuvieran vivas y rosas blancas, si éstas habían muerto.