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Gianfranco Brero: la vida de un soñador

El primer actor nacional rebusca en sus memorias y nos habla de su vida personal y del cine de cara al Bicentenario

Gianfranco Brero nos abre las puertas de su casa y hablamos de su vida personal, del cine, del budismo y de las producciones nacionales. ANDINA/Jhonel Rodríguez Robles

Gianfranco Brero nos abre las puertas de su casa y hablamos de su vida personal, del cine, del budismo y de las producciones nacionales. ANDINA/Jhonel Rodríguez Robles

13:28 | Lima, mar. 13.

Por Luis Iparraguirre

No lo dijo, pero ama la naturaleza. Al ingresar a su casa lo primero que vimos fue un jardín con un árbol que le hacía sombra a un estanque, con innumerables peces de colores. Reconoce, además, a todas las aves que llegan a anidar por la mañana y aclara que “nadie las molesta”.

Gianfranco Brero tiene un semblante distendido. Es cordial en el saludo, pero aclara que no le gusta que le digan “señor”. Tolera estoicamente los malos pagos, porque hay que poner el hombro al cine nacional: “Tengo 66 años y sigo poniendo el hombro”, dijo al suplemento Variedades del Diario El Peruano. Y es que no vive del cine. Tampoco de la ingeniería o la literatura, carreras que siguió en la universidad. 

Y aunque vendió empanadas y pizzas para sobrevivir, todo lo toma con tranquilidad, como se toman los sueños. Porque para Gianfranco (disculpe señor), la vida es un sueño. Al menos eso es lo que aprendió del budismo y de Calderón de la Barca: que toda la vida es un sueño. 

El primer actor nacional nos recibe en su casa en Barranco y lo primero que hablamos fue, por supuesto, del cine.

¿Cómo ve el cine nacional a propósito de la llegada del Bicentenario?

Creo que estamos en un camino interesante, aunque desde mi perspectiva falta un poco de autorreflexión, ya que se cuentan historias un poco ligeras. Hay películas como Retablo o Wiñaypacha que revelan, dentro de su visión estética, otras visiones de nuestro país. Entonces, de cara al Bicentenario, debemos de configurarnos como peruanos.

¿Qué significa configurarnos como peruanos?

Nuestro país es uno fragmentado, con divisiones étnicas, estratos sociales y políticas contrapuestas. Wiñaypacha tiene el propósito de contarnos una realidad lejana a nuestro ámbito limeño y eso hace que nos conozcamos más.

Entonces, ¿el cine peruano no refleja la realidad de nuestro país?

Nuestras producciones se han aligerado. El cine debería ser una reflexión sobre nosotros. ¿Quiénes somos? ¿Cómo vive la gente? ¿Qué nos falta? Reforzar nuestro sentido crítico. ¿Cuál es la gracia de Parásitos?, esta gran película de Bong Joon-Ho que ha ganado el Oscar. Korea es un país que ha dado un salto cualitativo en todos los términos, sin embargo Bong Joon-Ho, nos muestra una Korea dividida, estratificada, con una visión muy dura. 

¿Por qué haría esto este señor que cuenta con todas las condiciones para narrarnos otro tipo de historia? Porque aparte de cineasta también es sociólogo, o sea, mira la sociedad con una visión personal, y de allí nace su visión crítica.

La mujer en el cine


Y a lo largo de su carrera, ¿cómo cree que ha evolucionado la presencia femenina en el cine?

Soy alguien que se niega a mirar a las personas con una visión segregacionista. Creo que no hay que pensar en las mujeres o en los hombres, sino pensar en nosotros como seres humanos. Ahora tenemos, incluso, directoras mujeres como Rosario García-Montero, Claudia Llosa, Joanna Lombardi y eso significa que el cine se está democratizando. 

Pero también es cierto que la mujer tiene una mirada diferente a la mirada masculina, ¿cuál es la mayor diferencia con los hombres en el mundo del cine?

El nivel de sensibilidad es mayor en la mujer que en el hombre. La manera de afrontar el tema es diferente, incluso desde el lado emocional, ojo, no azucarado, sino emocional. Por ejemplo, la película El Piano de Jane Campion, es una película con visión femenina. Los mismo con Sofía Coppola en Lost in Translation.

Quizá esa visión que usted tiene para con la mujer se agudizó con su madre que es una gran actriz…

Hace 30 años murió mi papá y mi mamá hizo un disparo brutal a su carrera como actriz. Cuando tenía 67 años hace ese papel maravilloso en Caídos del Cielo con Carlos Gassols, dirigidos por Francisco Lombardi. Mis padres empezaron a hacer teatro cuando yo tenía 10 años. Mi papá era el más aventado, el más loco, el que se atrevía y mi mamá era más cauta. 

El patriarca y el budismo


Usted tiene 66 años, su padre falleció a los 65; cuando llegó a esa edad, ¿qué pasó por su cabeza?

Cuando cumplí 65 pensé, ya me toca. Sabemos que no hay causalidad, pero lo pensé. Luego de pasar los 65 años me dije “ya pasé”, sé que no hay nada escrito, pero sí asusta. 

¿Cómo era su padre?

Mi padre fue una persona que nunca estuvo quieto, si podía inventar algo lo inventaba. Era ingeniero, con una visión tradicional. Estudió en la Escuela Nacional de Ingeniería, lo que ahora es la UNI. Cuando llegaron las primeras computadoras al Perú él ya pasaba los 60 años, las estudió y luego fue profesor de computación. 

Y luego se encontró con el budismo…

El budismo es un proceso de introspección para estudiarse a uno mismo. No me considero una persona religiosa, por ello me asombró que mis primeros maestros del budismo me dijeran “no creas todo, duda”. 

Y luego de ese trabajo de introspección, ¿mejoró su relación consigo mismo?

Por supuesto, de eso se trata. La idea es actuar de acuerdo a las circunstancias, adaptarse ya que todo es irreal. Estás aquí y ahora, en este concepto la muerte es una ilusión al igual que la vida, que más se asemeja a un sueño, y que por más real que parezca, sigue siendo un sueño.

Y el sueño tiene una connotación de realidad mientras lo sueñas. La vida, dentro de la misma analogía, es un sueño. Y te vas a dar cuenta de ello recién cuando te mueras, o sea, cuando despiertes, para luego empezar a vivir otra realidad. Al mirar el mundo como un sueño ya nada te puede afectar de la misma manera como te afectaría si todo fuera real, ya que automáticamente estarías más relajado. 

El epitafio


Escritor, aspirante a ingeniero, emprendedor, profesor, vendedor de pizza y empanadas, conductor de televisión, coach, maestro de ceremonia, actor pero sobre todo, hijo, padre y ahora, abuelo. 

“Acabo de ser abuelo por primera vez, y es muy curioso, porque ya no son tus hijos, son los hijos de tus hijos. Los miro y me digo ¡qué maravilla!, salieron bien los chicos”.

En algún momento, el ganador de la Concha de Plata al Mejor Actor en el Festival de Cine de San Sebastián por su titánica actuación en Tinta Roja, dijo que quisiera que en su epitafio verse: Aquí yace un hombre bueno.

“No quiero pasar a los libros de historia. ¿Por qué tenemos esta visión de trascendencia? porque queremos alargar nuestra ilusoria existencia, y eso no es importante. ¡Así que a vivir lo que se viene!”, finaliza el actor mientras que, a unos metros, exactamente dentro de su jardín, le cambian de agua a sus peces de colores.

(FIN) LIQ/RES

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Video: Gianfranco Brero y su visión del cine y la vida
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Publicado: 13/3/2020
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