El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió Colombia y provocó el colapso de distintas edificaciones vuelve a poner sobre la mesa de los peruanos una pregunta que preocupa cada vez que la tierra tiembla: ¿qué determina que una vivienda resista un fuerte temblor mientras otra termine destruida?
Estrada explicó en canal N que el primer factor que debe considerarse es el terreno sobre el que está edificada una vivienda. Los suelos blandos pueden amplificar las ondas sísmicas, prolongar la duración del movimiento y elevar el nivel de peligro.
En tanto, los
suelos arenosos -
como Lomo de Corvina, en Villa El Salvador- presentan una mayor susceptibilidad a la licuación, fenómeno por el cual pierden resistencia y pueden comportarse como un líquido durante un movimiento sísmico.
En contraste, los suelos rocosos o gravoso suelen atenuar parte de la energía de las ondas sísmicas y presentan menor riesgo ante temblores. “Entonces, ya sabemos dónde va a haber más o menos movimiento (ante un fuerte sismo)”, explicó el especialista.
El segundo factor es la forma en que fue construido el inmueble. Estrada advirtió que una parte importante de las viviendas de Lima han sido levantadas de manera informal, sin supervisión técnica de un ingeniero, lo que incrementa su vulnerabilidad frente a un sismo de gran intensidad.
El tercer elemento está relacionado con el lugar donde ocurre el movimiento y las características del mismo. El epicentro, la profundidad y la cercanía de una zona habitada puede influir en el nivel de daños.
Según dijo, los sismos con profundidades más cortas tienen mayor capacidad de producir afectaciones debido a que una mayor cantidad de energía llega a la superficie, donde se encuentran las personas y las edificaciones.
Suelo arenoso de Villa el Salvador
El especialista explicó entonces que la calidad del terreno constituye uno de los principales problemas de este sector. Ante un movimiento de gran intensidad, incluso las redes de agua y desagüe podrían sufrir daños, lo que podría generar condiciones capaces de afectar aún más la estabilidad del suelo y de las edificaciones.
Estrada también señaló que es posible reforzar algunas viviendas de Lomo de Corvina para reducir su vulnerabilidad, aunque no todas podrían ser recuperadas. En los casos de estructuras construidas en condiciones muy deficientes, planteó como alternativa la reubicación de las familias. “Cuanto más blando es el suelo, la estructura debe ser más fuerte y, por lo tanto, los costos se elevan”, explicó.
“El sismo no mata personas”
Para Hernando Tavera, jefe del Instituto Geofísico del Perú (IGP), la diferencia entre un fenómeno natural y una tragedia está estrechamente relacionada con la manera en que la sociedad se prepara para enfrentarlo.
“El sismo no mata personas, no destruye ciudades; el sismo es un problema de la naturaleza, el desastre es un problema de la sociedad”, refirió.
El riesgo aumenta cuando las edificaciones no están preparadas para soportar el movimiento del terreno. “Si todo lo que construimos no es compatible con el sacudimiento de suelo, va a tener un daño total o parcial y allí se pierde la vida”, señaló.
Tavera consideró que al Perú todavía le falta fortalecer su cultura de prevención y recordó que países como Chile y Japón han desarrollado mejores prácticas para enfrentar los terremotos, entre ellas normas y criterios de construcción adecuados a su realidad sísmica.
En ese sentido, remarcó que la prevención no depende únicamente de las autoridades. También involucra a los ciudadanos, especialmente frente al problema de las viviendas autoconstruidas, cuya fiscalización resulta más compleja.
Indeci: “tenemos altos grados de informalidad en construcción”
Desde el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), Catherine Palacios, subdirectora de Preparación, recordó que el Perú cuenta con una normativa de construcción con características sismorresistentes, pero advirtió que su aplicación convive con un elevado nivel de informalidad.
“En el Perú tenemos una normativa de construcción con características sismo resistentes; sin embargo, tenemos altos grados de informalidad en la construcción en el país”, señaló.
Por ello, destacó la importancia de que la población participe en los ejercicios de preparación. “Este viernes a las 3 p. m. tenemos la oportunidad de prepararnos para salvar nuestras vidas participando en el simulacro”, indicó.
El próximo viernes 14 de agosto, a las 3:00 p. m., se realizará el
II Simulacro Nacional Multipeligro 2026. Palacios pidió a la ciudadanía participar desde el lugar donde se encuentre y utilizar el ejercicio para practicar su ruta de evacuación y comprobar cómo respondería ante una emergencia.
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Publicado: 10/8/2026