La noche del Miércoles Santo volvió a envolver de recogimiento y profunda emoción a la ciudad de Ayacucho, donde miles de fieles y visitantes se congregaron en la Plaza Mayor para presenciar uno de los actos más conmovedores de la Semana Santa: el tradicional Encuentro entre el Señor Nazareno y la Virgen Dolorosa.
Desde tempranas horas, las calles del centro histórico de Ayacucho se transformaron en escenarios de fe. Alfombras multicolores, velas encendidas y oraciones susurradas acompañaron el paso solemne de las imágenes sagradas, que partieron a las 20:00 horas desde el Templo del Convento de Santa Clara.

El Señor Nazareno avanzó lentamente por los jirones Grau y Lima, en medio de un silencio reverente que solo era interrumpido por cánticos y plegarias. Una hora después, su ingreso a la Plaza Mayor marcó el inicio de un momento cargado de simbolismo: la aparición de la Verónica, quien, con un gesto de compasión, limpió el rostro de Cristo inclinándose ante él.
Las andas se acercaron y se inclinaron mutuamente, como si entablaran un diálogo silencioso, generando un ambiente de profunda espiritualidad que conmovió hasta las lágrimas a muchos asistentes.

El recorrido continuó con la Verónica anunciando el encuentro a San Juan, quien la acompañó hasta la Virgen María. En ese instante, el corazón de la ceremonia se hizo presente: la Virgen Dolorosa, al ver a su hijo, se inclinó tres veces en señal de dolor infinito y amor maternal. Fue un momento sobrecogedor que paralizó la plaza y arrancó suspiros, rezos y lágrimas.
El clímax de la noche se vivió en las inmediaciones de la histórica Casona del Marqués de Mosobamba, donde el Encuentro alcanzó su máxima expresión de dramatismo y devoción. Allí, las familias, junto a turistas nacionales y extranjeros, reafirmaron su fe en una tradición que trasciende generaciones.

La ceremonia estuvo acompañada por sacerdotes, autoridades y la música solemne de la Tuna Universitaria de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga (Unsch), que aportó un matiz cultural a esta manifestación religiosa.
Luego, el anda del Señor Nazareno fue trasladado en hombros por los cargadores de los Caballeros de Jerusalén, quienes retornaron con solemnidad hacia el templo de Santa Clara, cerrando una jornada que quedará grabada en la memoria colectiva.
Las celebraciones continúan este Jueves Santo con la tradicional visita a las siete iglesias, en una ciudad que alberga 33 templos.

Las actividades culminarán el próximo 5 de abril con la esperada procesión del Cristo Resucitado, símbolo de esperanza y renovación para miles de creyentes.