La Semana Santa en Cusco reviste un carácter muy especial que combina fervor cristiano, misticismo, tradición y costumbres arraigadas que cautivan a sus residentes y a los visitantes. El Lunes Santo, en particular, tiene un significado clave en esta festividad. ¿Por qué es tan importante este día para la población de la Ciudad Imperial?, ¿Qué tradiciones se reviven y que características singulares tienen?
Semana Santa en Cusco
En los siete días de celebración, los fieles cusqueños y los visitantes, tanto nacionales como procedentes de otras partes del mundo, son testigos y participantes de una serie de actividades marcadas por un profundo fervor religioso hacia la conmemoración de la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

En comparación a otras celebraciones regionales y provinciales, la Semana Santa en Cusco tiene como día muy especial el Lunes Santo, cuando sale en procesión el Señor de los Temblores o Taytacha de los Temblores, patrón jurado del departamento de Cusco.

En todas las iglesias, encabezadas por la basílica catedral de Cusco, se celebran misas y se programan confesiones en diversos horarios durante la mañana, la tarde y la noche.
Lunes Santo
El Lunes Santo, segundo día de la Semana Santa, es considerado el día más importante de esta celebración en la ciudad de Cusco, dado que, tras la misa de comunión oficiada por el arzobispo metropolitano al mediodía, sale en procesión el Señor de los Temblores o Taytacha de los Temblores, patrón jurado de la región Cusco y recorre el perímetro de la Plaza de Armas.

La salida en procesión del Señor de los Temblores es uno de los acontecimientos más emblemáticos de la Semana Santa en Cusco. Esta efigie de Cristo crucificado resalta en primer término por el color oscuro de su piel y la devoción hacia esta representación de Jesús y su particular denominación se originaron en 1650, año en que la Ciudad Imperial fue sacudida por un gran sismo que destruyó muchos predios.
Entonces, para aplacar la furia de la naturaleza, la población devota sacó en procesión a la imagen de Cristo crucificado y el movimiento telúrico cesó completamente. Considerado un suceso milagroso, los fieles empezaron a llamarlo Señor de los Temblores y la población quechua hablante hizo lo propio denominándolo Taytacha o Señor de los Temblores. Es también un símbolo del sincretismo cultural y religioso cristiano y andino.
Origen e historia del Señor de los Temblores
El génesis de esta devoción se remonta al año 1620, cuando el entonces rey español Felipe II mandó a producir en Sevilla una escultura de un Cristo crucificado, hecho de madera, similar al del Señor de Burgos, para que los habitantes de Cusco se conviertan a la fe cristiana en el proceso de evangelización que acompañó a la conquista del Perú.

Concluido el encargo, la escultura fue enviada al Virreinato del Perú, asegurada en un arca y afianzada en la cubierta de una nave destinada a cruzar el océano Atlántico y llegar al puerto del Callao, desde donde debía ser trasladada a la ciudad de Cusco.
Cuando se encontraba en alta mar, la embarcación sufrió el embate de fuertes tormentas y los sacerdotes encargados de su traslado y cuidado, en su desesperación, sacaron del baúl a la escultura de Cristo, lo aseguraron al trinquete mayor e imploraron su piedad y clemencia para que detuviera la furia del mar. Y así sucedió. Se tranquilizaron las olas y en agradecimiento a este hecho considerado milagroso, los religiosos decidieron llamarlo Señor de las Tormentas.

Una vez que arribó al puerto del Callao, la imagen de Cristo debía ser transportada al Cusco, encomendándose la tarea a un conocido arriero español afincado en la Villa de Mollepata, ubicada en la actual provincia cusqueña de Anta. Después de un viaje lleno de incidentes, al llegar a Mollepata la comitiva se detuvo para descansar unos días, pero al querer reiniciar el viaje sucedió algo insólito. El arcón que contenía la imagen se volvió tan pesado que no pudieron moverlo. Los encargados del traslado y la población local consideraron que ello respondía a que la imagen deseaba permanecer en ese lugar y la comitiva se vio obligada a dejarla allí, no sin antes establecer como condición a los moradores que debían levantarle un templo. Desde entonces, esa imagen es conocida como Señor de la Exaltación de Mollepata.
En vista que el arriero debía cumplir con la orden del rey de entregar a la ciudad de Cusco la imagen de Cristo crucificado, encomendó a un artesano cusqueño que esculpiera otra imagen similar a la traída desde España. La nueva imagen fue modelada en pergamino de llama y una vez terminada fue entregada al arzobispo de Cusco para que la colocara en la Catedral. Según las crónicas de entonces, los fieles que miraban directamente al rostro de esa imagen de Jesús crucificado evitaban una muerte violenta o con sufrimiento, por lo que fue llamada Señor de la Buena Muerte.
¿Desde cuándo y por qué se le llama Señor de los Temblores?
Cuenta la historia que cuando ocurrió el gran terremoto que sacudió a Cusco el 31 de marzo de 1650, un grupo de fieles sacó en procesión al Cristo crucificado para aplacar la ira de la naturaleza. El sismo, en efecto, se detuvo y la imagen fue colocada en la puerta de la Catedral mirando a la ciudad con la creencia de sus fieles de su capacidad para aplacar las constantes réplicas que afectaban a la Ciudad Imperial. En agradecimiento a esta acción considerada milagrosa, el Cristo de la Buena Muerte fue rebautizado como el Señor de los Temblores.
Patrón Jurado de Cusco
Los milagros atribuidos al Señor de los Temblores continuaron en 1720 cuando la Ciudad Imperial fue asolada por una peste que solo se detuvo cuando la imagen del Santo Cristo salió en procesión.

Debido a estas señales de poder divino, la población decidió proclamar al Señor de los Temblores Patrón Jurado de Cusco, desplazando con ello a la venerada imagen de Santiago, que había sido proclamada como tal por los españoles en 1646.
Cambio notorio de la imagen
El color de la piel del Señor de los Temblores fue oscureciéndose con los años debido el humo de los cirios y del sahumerio, así como por la resina de las flores de ñucchu, que tiene un color rojo escarlata y que le son arrojadas por los devotos durante las procesiones. Por esta razón, la imagen es conocida también como Cristo Moreno de los Andes y Cristo Indio.
Patrimonio Cultural de la Nación
El 28 de diciembre de 2007, el entonces Instituto Nacional de Cultura (hoy Ministerio de Cultura) declaró Patrimonio Cultural de la Nación a la Festividad del Señor de los Temblores.

Ello en reconocimiento como culto religioso que contribuye a fortalecer la identidad regional cusqueña y nacional, debido a la riqueza de los elementos que conforman esta tradición religiosa.
Otros reconocimientos
El 31 de octubre de cada año se celebra la fiesta del Señor de los Temblores, reconocida por el Papa Juan Pablo II que proclamó a esa fecha el Día Solemne del Señor de los Temblores, resaltando su papel como símbolo de fe y protección para los cusqueños.

En 2016, el Cristo Moreno de los Andes recibió la Medalla de Honor del Congreso de la República del Perú, en el grado de Caballero, lo que reafirma su título como Patrón Jurado del Cusco y símbolo de fe para miles de devotos en esa región, en todo el Perú e incluso de fieles que residen en el extranjero.
Salida en procesión y recorrido
La procesión fue instituida el 31 de marzo de 1650, en recuerdo al devastador terremoto, y en 1741 fue cambiada al día de Lunes Santo, marcando el inicio de la Semana Santa. El recorrido de la procesión sigue tal como se estableció en ese año.

La imagen del Señor de los Temblores sale de la Catedral y a continuación visita el templo de Santa Teresa, donde cambia su sudario para luego dirigirse al templo de la Merced, donde le espera la Virgen de la Soledad. En todo su recorrido recibe un multitudinario homenaje de sus devotos y antes de ingresar nuevamente a su templo, bendice a sus fieles.
La devoción por el Señor de los Temblores aumenta conforme transcurre el tiempo. En los últimos años la procesión de esta venerada imagen congrega a alrededor de 80,000 devotos y turistas en la Plaza de Armas de Cusco.
Tradiciones que se expresan en la festividad
Existen tres momentos claves en los que la devoción al Señor de los Temblores alcanza su máxima plenitud:
La salida de la imagen: La multitud estalla en aplausos y lágrimas cuando la imagen cruza la puerta de la Basílica Catedral.

El lanzamiento de flores de ñucchu: Este gesto simboliza la sangre de Cristo y es una de las tradiciones más conmovedoras.

La bendición final: Desde el atrio de la catedral, el Señor de los Temblores ofrece su última bendición antes de regresar a su altar a la Basílica Catedral del Cusco.
El momento más esperado por los cusqueños es cuando la imagen del Señor de los Temblores se detiene frente a la catedral y es levantada para bendecir a la ciudad. Se cree que este acto protege a Cusco de desastres naturales y fortalece la fe de la población devota.

Durante la procesión del Señor de los Temblores, un grupo de sahumadores acompaña su recorrido, esparciendo humo aromático como símbolo de purificación y sacralidad. Mientras tanto, los fieles lanzan desde sus balcones pétalos de ñucchu, la única flor utilizada en esta solemnidad.
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