Beicker, una historia que nos enseña a ser resilientes

En el suplemento “La crónica universitaria”, reproducimos el perfil de este adolescente talareño. (*)

Beicker lleva tres años luchando por su salud lejos de casa. Aquí, en la foto, con su mamá.

Beicker lleva tres años luchando por su salud lejos de casa. Aquí, en la foto, con su mamá.

14:51 | Lima, abr. 28.

Estudiante: Amira Bustillos Loa / Centro de estudios: Universidad de San Martín de Porres


Las piezas del cubo Rubik giran con rapidez entre sus manos ágiles mientras me habla sin perder la concentración, como si resolverlo fuera tan fácil como el respirar para todos, o al menos, para la mayoría. Estamos sentados en el comedor del albergue Inspira, viendo cómo cae la tarde.

–Ya casi me sale –dice él, sin levantar la mirada.

Tiene 14 años. Mientras juega con el cubo, empieza a contarme una historia que, por momentos, parece demasiado grande para alguien de su edad.

No lo dice de golpe. Tengo que preguntarle.

–Y qué tal, ¿cómo vas? –pregunto.

–Bien, ya estoy por entrar a tercer año de secundaria. Comienzo en dos semanas.

Es ahí que le hice una pregunta que casi nunca hago en el albergue: ¿por qué estás aquí? Después de dos años, me cuenta su historia.

Nació en Talara, Piura, donde el calor y el mar forman parte de la vida. Creció con su mamá, su hermana y su abuela. Su papá era pescador.

–Cuando tenía ocho años, su lancha se volteó –dice, con la voz entrecortada–. Días después, lo encontraron.

Hace una pequeña pausa en la historia y en el cubo.

–Lloré mucho, Amira; no entendía nada. Su otra esposa no me dejó despedirme de mi papá, me cerró el cajón en la cara.

En ese momento, sentí un nudo en la garganta, mucha impotencia y empatía hacia mi pequeño amigo.

Con el tiempo, también perdería a su abuela. Y aunque no entra mucho en detalles, puedo sentir su pesar en los silencios que dicen más que mil palabras.

Y en el colegio, las cosas tampoco eran fáciles.

–Se reían de mí… Yo era bien sensible.


El cuerpo avisa
Los primeros síntomas aparecieron: sangrados nasales que se detenían con un trozo de papel. Hasta que dejó de ser así.

En el 2023, con 11 años, los médicos intentaron cauterizar una vena, pero algo bloqueaba sus fosas nasales.

–Estando en el colegio me comenzó a doler mucho la cabeza, así que fui a casa… llegando me desmayé en los brazos de mi madre.

Le pidieron una tomografía. La máquina estaba malograda. Tuvo que esperar un mes. Mientras, los síntomas no tenían descanso.

Cuando llegaron los resultados, la noticia fue cruda: un tumor en la faringe.

–Ese día fue horrible –recuerda–. Encima me mordió un perro. Sonríe un poco al decirlo.

Lima y la resistencia
El viaje a Lima duró 19 horas.

–Yo solo quería que me ayudaran.

En el hospital, lo internaron enseguida. Su mamá fue enviada a un al-bergue. Y durante meses, él durmió solo.

–Lloraba mucho, Amira.

No todos los médicos tuvieron palabras de aliento con Beicker y su madre.

–Decían que mejor me lleven a mi casa –sus manos hacen girar el cubo.

–No les hagas caso –él le decía a su mamá.

Días antes de la operación, la encontró llorando.

–Tenía que darle fuerzas.

El 5 de diciembre del 2023, Beicker entró a quirófano. La operación duró siete horas.

–Sentí el dolor más fuerte de mi vida.


Volver a respirar
Pasó por la Unidad de Cuidados Intensivos. No podía moverse.

–Pedía agua y solo podían mojarme los labios con una jeringa. La recuperación fue dura: tubos, dolor y meses sin respirar bien.

–Cuando volví a respirar por la nariz, me puse feliz.

En el 2024, el tumor volvió a crecer.

Pasó por 25 sesiones de radioterapia.

–No comía casi nada… bajé mucho de peso. También perdí el cabello. Por eso antes usaba gorrito siempre. ¿Te acuerdas?

Yo solo asiento con la cabeza.


El cubo y la vida
Hace una pausa en la conversación. Gira el cubo una vez más. Y click: todas las caras están completas.

–Siempre trato de ser positivo.

Hoy, Beicker tiene 14 años. Sigue viajando de Talara a Lima para sus controles cada cierto tiempo. Su vida no es completamente normal, pero ha aprendido a vivirla así.

El cubo Rubik queda sobre la mesa, perfectamente armado.

El tumor no ha desaparecido del todo. Pero el miedo, ese que tanto tiempo lo acompañó, ya no tiene dónde quedarse.

Esta es la historia de quien me llama “mi mejor amiga en Lima”, y a quien yo llamo “mi mejor amigo de Inspira”: un adolescente que quie-re que más personas escuchen su historia y sepan que todo es posible. Beicker, sin darse cuenta, me ha enseñado a ver la vida con otros ojos.


-Lea aquí el suplemento La crónica universitaria número 14. 

(*) El suplemento La crónica universitaria es una apuesta del Diario Oficial El Peruano por difundir y poner en valor las crónicas y los perfiles periodísticos elaborados por los alumnos de las diferentes uni-versidades del país.

(FIN) ABL/JVV



Publicado: 28/4/2026