Escribe: José Vadillo VilaLos carnavales permiten apreciar la pluralidad en el vestir y la cultura de la cada localidad, y los danzarines deben saber cómo se lleva las vestimentas de cada localidad, opina Guillermo Sandoval, director artístico del Conjunto Nacional de Folklore.
“La ropa no solo cumple la función del vestir. Las prendas llevan una historia. Tienen una línea iconográfica, de derecho de los colores, de derecho de los tejidos. Esas flores van más allá del contexto, se cohesionan dentro de la misma una población y puede representar la flora. Y hay una historia cronológica”, explica Sandoval.

Cambios en los trajes
Si bien se han dado “cambios naturales” en las vestimentas, lo esencial continúa presente en estos trajes, asegura.
“En Puno donde muchos de los vestidos son considerados patrimonio cultural, son elaborados con las técnicas tradicionales”, explica. Un hecho similar se da en Sarhua, Ayacucho, cuyas famosas tablas son también patrimonio cultural de la nación.
O con la nación shawi en la Amazonía cuya identidad se transmite en la vestimenta a través de plumas, o el sonido que representa las semillas en las “pampanillas”, que son las faldas que transmiten el sonido de la lluvia.
En el caso de la Cofradía de los diablos, su historia aparece en las pinturas de Pancho Fierro. “No hay ejercicio práctico de la danza dentro de la misma sociedad, lo practican las escuelas, pero, sin embargo, hay una memoria viva que todavía se expone”.
Sobre las vestimentas con elementos novedosos que se presentan a los concursos folclóricos de carnavales, Sandoval recuerda que “es bueno tener unos puntos sobre la evolución de las prendas”.
“En algunas expresiones culturales los mismos actores sociales danzan con sus propias prendas cotidianas o prendas de fiesta, pero están claramente dentro de lo que es su cultura y sociedad. Otras expresiones culturales son mucho más movibles y no necesariamente se visten tal cual en su cotidianidad, sino tienen un vestuario muy particular para esa fiesta. Y eso lo encontramos en algunas danzas que le llaman ‘luces’ o en personajes que solamente se exponen en esa festividad. Estas, de una u otra manera, pueden evolucionar en cuestión a las fibras o de aplicaciones de bordados si es que la misma sociedad lo desarrolla y lo permite”, explica.
Portadores culturales
Sin embargo, Sandoval advierte que se debe de tener mucho cuidado porque muchas veces los propios portadores culturales no se sienten representados de cómo se están vistiendo los danzarines. Por ejemplo por el uso de las fibras o las aplicaciones que no dialogan puntualmente con la misma sociedad en la que ellos están y también por las formas de vestirse.
“Muchas veces tenemos esa problemática: un desconocimiento de cómo se visten, del cómo se debe de llevar o lo unificamos pensando que todas las localidades y todas las regiones manejan la misma forma de amarrarse ciertas prendas cuando no lo son”, dice Sandoval.
Por ello, subraya el especialista, es importante saber qué ponerse cuando la fiesta y qué no. “Y eso involucra mucho el conocer, ver, leer, y el poder ciertamente empaparme o dialogar puntualmente con los que desarrollan esta expresión. Es muy importante”, finaliza.
Dato:
El Conjunto Nacional de Folklore pertenece a la Universidad Nacional de Folklore José María Arguedas (UNFJMA).
(JVV)
Publicado: 2/3/2026