Suplemento “La Crónica Universitaria”: Yantar de esperanza, a S/ 5

En el Cercado de Arequipa, el Comedor Popular n.º 1 Dos de Mayo espacio tradicional desde hace más de 60 años. (*)

El Comedor Popular n.° 1 Dos de Mayo es el más conocido la ciudad de Arequipa por todos los comensales.

El Comedor Popular n.° 1 Dos de Mayo es el más conocido la ciudad de Arequipa por todos los comensales.

10:24 | Lima, may. 21.

Alumno: Jocabed Mendoza Manya
Centro de estudios: Universidad Nacional de San Agustín

Es mediodía y los comensales ya se encuentran sentados: unos comen y otros esperan un plato. El comedor luce despejado; la afluencia no es mucha. La amplitud del lugar y sus grandes mesones de cemento dan la sensación de que solo unos pocos permanecen allí. 

El ambiente del Comedor Popular n.º 1 Dos de Mayo está dominado por el sonido estruendoso de un artista que canta en medio del establecimiento, interpretando desde temas bailables hasta clásicos románticos de los años ochenta, en español. Su música rompe la rutina y anima a los presentes a colaborar con una moneda.

Los alrededores son silenciosos, algo paradójico tratándose de un lugar ubicado a pocos metros del bullicioso mercado San Camilo, en el Cercado de la ciudad de Arequipa. 


Camino en incienso
Antes de llegar, las calles adoquinadas, los puestos de abarrotes y los carros mal estacionados transmiten una calma extraña. Sin embargo, lo que más llama la atención es el fuerte olor a incienso que desprenden las tiendas de productos esotéricos. Los fetos de llamas disecados, colocados en las entradas de estos negocios, tradicionales del altiplano peruano, convierten la llegada al Comedor Popular n.º 1 Dos de Mayo en una experiencia sombría.

Desde hace muchos años, esta zona de Arequipa ha sido catalogada como “zona roja”, debido a la incidencia de disturbios y venta de drogas. 

En 2025, el diario El Pueblo informó que “las zonas más vulnerables del centro de la ciudad son la calle Dos de Mayo y la zona del parque Romaña”. A pesar de ello, el comedor continúa ofreciendo un plato de comida sin importar la procedencia de quien llegue. “Incluso los policías vienen por las mañanas a comer acá”, comenta Mónica Quilla, una de las más antiguas de las 64 socias del comedor.

Aunque el lugar no rebosa de gente, los cocineros y cocineras atienden con entusiasmo y manos rápidas, como si aún tuvieran que servir a una multitud. Tal vez sea el recuerdo de tiempos pasados el que mantiene viva esa agilidad. 


Nostalgias del cucharón
En sus mejores años, el comedor albergaba a decenas de comensales. Germán Mendoza Bellido, ayudante y cliente desde hace más de treinta años, lo recuerda con nostalgia: “este lugar, cuando yo era joven, paraba full, llenísimo. Antes, afuera había un mercadillo en toda la cuadra y eso atraía mucha gente”.

Los platos de comida son hondos y pequeños, con porciones acordes a su precio. En la sopa apenas puede distinguirse la carne. Los asientos fríos de cemento son largos y no separan distancias; aun así, las personas se sientan alejadas unas de otras. Los alimentos conservan un sabor casero: arroz, frejoles, pallares y guiso de fideos, una variedad de menú rica en carbohidratos y muy propia de la cocina popular peruana.

El comedor refleja, con cierta calidez, la realidad de un sector terriblemente marginado. Aunque cualquiera puede llegar y sentarse allí, es común escuchar advertencias de “ten cuidado” al caminar por sus calles. En contraste, resulta admirable saber que, desde hace más de 65 años, este lugar fue creado con el propósito de ofrecer un plato de comida a un precio tan módico que cualquiera pudiera llevar alimento a su mesa.

“Muchas veces mi mamá regalaba comida en pocillos así de grandes a personas que no tenían con qué pagar”, relata orgullosa Mónica Quilla al recordar a su madre, Nicolasa Sacaca, una de las fundadoras del comedor.

En disputa 
Hoy en día, el mercado enfrenta una disputa entre sus asociados. “Tiene que venderse”, afirma de manera tajante Alberto Moscoso, presidente de la junta directiva. Sin embargo, algunas socias se oponen con firmeza. “Yo he crecido aquí, he nacido aquí. Mi papá nos abandonó y mi mamá nos crió a mí y a mis once hermanos con este comedor. Yo no lo quiero vender; quiero seguir atendiendo a tanta gente necesitada que viene acá”, dice la señora Quilla, con la voz quebrada y conteniendo las lágrimas ante una decisión que parece ya tomada.

(FIN) JMM/JVV

-Lea aquí gratuitamente la edición completa de La Crónica Universitaria


(*) El suplemento La Crónica Universitaria es una apuesta del Diario Oficial El Peruano y la Agencia de Noticias Andina para poner en valor los textos de periodismo narrativo elaborados por estudiantes de las diferentes universidades de todo el país.



Publicado: 21/5/2026