Unos 180 kilos de fósiles colectados a lo largo del río Amazonas, que corresponden a manatíes y un “Gnatusuchus pebasensis”, el caimán más emblemático del sistema Pebas; así como a peces, delfines, perezosos y a otros animales aún no identificados, reflejan el éxito de la tercera expedición científica emprendida en busca del origen de la biodiversidad amazónica en la región Loreto.

Tras el hallazgo del cráneo de un manatí que resulta ser un tesoro para la ciencia, se descubrió el cráneo completo de un Gnatusuchus pebasensis, que permitirá “ahondar sobre la evolución de los caimanes en el Amazonía”, afirmó el paleontólogo peruano Rodolfo Salas-Gismondi, quien lideró el equipo multidisciplinario.
“Este es el segundo cráneo que existe en el mundo y está en perfecto estado. Según nuestros análisis evolutivos, es uno de los caimanes más primitivos que se conocen y, por tal razón, es muy importante para entender la evolución temprana de los caimanes”, enfatizó en diálogo con la agencia Andina.
Gnatusuchus significa el "caimán ñato", porque el animal tiene un hocico bastante corto; "gnato" es la versión en latín de la palabra quechua ñato.
Según una hipótesis de los investigadores, el emblemático caimán se alimentaba de moluscos y tenía adaptaciones muy peculiares para que su dieta sea, exclusivamente, de los moluscos que había en el lugar y que eran abundantes.
“Encontramos muchos [moluscos], eran bivalvos, con formas muy globulares y adaptaciones contra la depredación. Y uno de estos depredadores era justamente el Gnatusuchus”, señaló el científico de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) y jefe del Departamento de Paleontología de Vertebrados del Museo de Historia Natural (MHN) de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).
Perfecto e impecable
Salas-Gismondi hizo hincapié en que “este caimán solo se ha descubierto en el Perú. Teníamos un cráneo y ahora tenemos un segundo, pero muy bien preservado a diferencia del primero. El cráneo está perfecto, impecable”.

El hallazgo recae en el técnico del MHN Walter Aguirre el 25 de agosto cuando los especialistas caminaban prospectando, en busca de fósiles en el pueblo de Santa Rosa de Pichana, distrito de Pebas, a hora y media de navegación aguas abajo por el río Amazonas.
“En la orilla del Amazonas, en un afloramiento de rocas de la formación Pebas, de unos 15 millones de años de antigüedad, apareció este hermoso cráneo. Es alucinante, realmente lindo. Este descubrimiento nos permitirá ahondar en la evolución de los caimanes en el Amazonía y en esta etapa del sistema Pebas”, detalló.

“Había perdido gran parte de su dentición, a diferencia de todos sus parientes vivientes, como cocodrilos y caimanes con dientes cónicos y muy poderosos, el Gnatusuchus tenía dientes muy pequeños”, comentó.
Aparentemente, precisó, en lugar de utilizar los dientes para aplastar los moluscos, se los tragaba enteros. “Este animal tenía una mandíbula parecida a una pala con la que excavaba los fondos de fango, donde vivían los moluscos, y capturaba varios a la vez; con los ácidos del estómago los destruía”.
Evidencia superimportante
Para Salas-Gismondi, “fue una de las expediciones más increíbles que hemos tenido. Tuvimos 10 días de campo, en los cuales no hubo uno solo en que no encontrásemos cosas interesantes. Lo más destacado, obviamente, es el cráneo de manatí y el cráneo completo de un Gnatusuchus, pero también hallamos cráneos de peces”.
Asimismo, fósiles de perezosos, caimanes, una mandíbula y un periótico de un delfín, de un ungulado y material que aún no ha sido identificado como la pelvis de un mamífero de gran tamaño. “En total, han sido 180 kilos de fósiles en cuatro cajas grandes que ya están en Lima, seguro hay cosas totalmente nuevas”, resaltó.

En Condo, el lugar más alejado al que llegó la expedición, cerca de la frontera con Brasil, se encontró un bonebed (capa de huesos). “Durante el proceso de fosilización, los huesos son llevados hasta un lugar donde se van acumulando y se han conservado en muy buen estado”, dijo.
Ahora toca procesar el material colectado en Orán, Barrio Florido, Santa Rosa de Pichana, Condo, Nuevo Pebas, todo a lo largo del río Amazonas, que ya es preparado para iniciar su estudio. “Tenemos mucha evidencia superimportante que vamos a ir procesando”, aseguró.
La expedición formó parte del proyecto de investigación “El registro fósil de Loreto: Archivos sobre el origen de la biodiversidad amazónica”, financiado por el Programa Nacional de Investigación Científica y Estudios Avanzados (ProCiencia), entidad ejecutora del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec).
Nuevas oportunidades
Con el nuevo material colectado se abren “nuevas oportunidades” de investigación. Muchos de los peces fósiles, por ejemplo, están emparentados con especies actuales, “así que estamos viendo cómo evolucionan diferentes grupos de animales a través del tiempo”.
“Con estos fósiles veremos cómo grupos de animales tan populares en la Amazonía, porque son parte de la vida diaria de la población, estaban presentes desde hace 12 millones o 13 millones de años. Tendremos la oportunidad de ver si cambiaron mucho, si son muy parecidos y ver cuáles evolucionaron más rápido”, sostuvo.
Los cambios climáticos en la Amazonía favorecieron a algunos animales y a otros no tanto, como aquellos que estaban adaptados a los pantanos y los lagos gigantes de la proto-Amazonía; algunos se extinguieron y otros continuaron.
“A partir de los fósiles descubiertos podremos tener una idea más clara de las causas que están detrás de estos procesos de supervivencia y extinción”, puntualizó a la agencia Andina.

El paleontólogo adelantó que “la Amazonía empezó a cambiar y se convirtió en un ambiente fluvial, mientras que la proto-Amazonía tenía muchos ambientes acuáticos, tipo lagos, pantanos e incursiones marinas; en la Amazonía actual predominan los bosques y los ríos”.
Patrimonio científico
“Nuestros estudios han demostrado que los delfines no son los mismos que existieron hace 13 millones de años. Los peces parecen ser muy similares en muchos casos, los moluscos desaparecieron y ahora existen otros; los mamíferos terrestres eran distintos, a excepción de que existían armadillos y algunos osos hormigueros, los perezosos eran gigantes”, expresó.
En relación a los cocodrilos, añadió, solo uno de esa época ha sobrevivido hasta nuestros días, “pero todavía no lo hemos estudiado y lo tenemos que estudiar pronto; el resto se extinguió y los que viven en la actualidad son muy distintos”.
“Todos los hallazgos fósiles son patrimonio científico del Perú, son archivos del pasado o documentos que nos sirven para entender cómo evolucionó este ecosistema tan biodiverso como es la Amazonía”, subrayó.
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(FIN) JOT
Publicado: 3/9/2026