El 15 de setiembre se extinguió la vida de la activista, misionera y abogada española Pilar Coll Torrente, reconocida por su compromiso con los derechos humanos y la democracia en el Perú.
Esta maravillosa mujer, a lo largo de sus 83 años, tuvo como principio el amor, como base la verdad y como fin la democracia. Cualidades que definitivamente la convirtieron en un sinónimo de humanidad. Su sola presencia abría las puertas de los corazones de los más importantes políticos, embajadores, religiosos, periodistas, ciudadanos de a pie y personas privadas de libertad. Siempre trabajó en forma silenciosa, pero sus hechos estuvieron llenos de espíritu desinteresado y altruista, sus actos siempre fueron prototipos de honradez y generosidad. Fue fundamentalmente buena, porque tenía para el error de los demás la suprema indulgencia de los espíritus superiores. Fundamentalmente humanista, porque los sinsabores que nunca faltan le habían dictado lecciones muy severas que nunca desdeñó, siempre supo valorar la fuerza propulsora del sentimiento.
Y doy testimonio de su bondad porque tuve la suerte de estar muchas veces al lado de este gran corazón, y porque creo también que puedo decir que aquellos que estuvieron cerca de ella admiraban la delicadeza de su afecto y la sinceridad del mismo, la generosidad con que la prodigaba y la elocuencia de los hechos con que se empeñaba en exteriorizarlos.
Esta hermosa figura que ya traspasó los linderos de lo desconocido, que jamás conoció la vanidad y que solamente pudo haberse jactado de su tenacidad, bajó a la tumba y se alejó para siempre rodeada de la admiración y cariño de cuantos la conocieron, comprendieron y amaron.
Es difícil hacer una reseña de la extraordinaria vida de Pilar Coll, basta con decir que llegó como misionera al Perú en 1967 y se entregó plenamente a la educación de los más necesitados. A partir de 1978 inició su trabajo pastoral en las cárceles, y en 1987 es nombrada primera secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de los Derechos Humanos.
Con enorme humildad recibió en 1993 la Orden de Isabel La Católica por el rey Juan Carlos I y en 2008 por la Defensoría del Pueblo del Perú, por su destacada labor en defensa de los Derechos Humanos en el Perú.
Esta bella existencia que traspuso la gran línea divisoria entre una y otra vida y que obtuvo ya el descanso eterno en la infinita paz, deja en la tierra una huella inconfundible y enseñanzas: "El ser humano que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera".
Adiós querida y respeta Pilar Coll, adiós en nombre de todos los funcionarios y trabajadores del Instituto Nacional Penitenciario, adiós en nombre de todos los hombre y mujeres privados de su libertad.