La primera vez que un papa pisó el Perú: así fue la visita de Juan Pablo II [fotos]

En 1985, el pontífice recorrió Lima, Arequipa, Cusco, Ayacucho, Piura, Trujillo e Iquitos

Iquitos - 5 feb 1985. El Papa Juan Pablo II tuvo un encuentro con nativos venidos de diferentes comunidades de la amazonia. Sin la selva nada, con selva todo , señaló el Santo Padre en su último mensaje al concluir en esta ciudad su visita pastoral al Perú. Foto: Archivo Histórico de El Peruano

Iquitos - 5 feb 1985. El Papa Juan Pablo II tuvo un encuentro con nativos venidos de diferentes comunidades de la amazonia. Sin la selva nada, con selva todo , señaló el Santo Padre en su último mensaje al concluir en esta ciudad su visita pastoral al Perú. Foto: Archivo Histórico de El Peruano

08:26 | Lima, set. 16.

Por Iván Calderón

Cuando el Perú enfrentaba uno de sus periodos más convulsionados a causa del terrorismo, una noticia encendió la esperanza de millones de peruanos: por primera vez, un Papa pisaría suelo nacional. Era 1985 y el país se preparaba para recibir a Juan Pablo II, quien llegaría con un mensaje de fe, amor y esperanza y recorrería diversas ciudades como parte de su gira apostólica por América Latina.

Aquella visita quedó grabada para siempre en la memoria de los peruanos. Sin embargo, el Pontífice nacido en Polonia y cuyo nombre original era Karol Józef Wojtyla regresaría al país tres años después, en 1988. Aunque estuvo dos veces en Perú, su primera llegada fue, de lejos, la más multitudinaria y la que despertó una gran emoción entre los fieles católicos.


El sábado 26 de enero de 1985, Juan Pablo II abordó en Roma un avión de Alitalia que lo llevaría primero a Venezuela y Ecuador y, finalmente, al Perú. Desde que se anunció su visita, el Gobierno puso en marcha los preparativos para recibirlo, mientras parroquias, comunidades religiosas, colegios y grupos juveniles organizaban sus propias movilizaciones para acompañar al sucesor de Pedro en cada uno de los escenarios que visitaría.

En tierra peruana


Pasadas las 7:20 de la noche del viernes 1 de febrero de 1985, el avión papal aterrizó en el Grupo Aéreo N.° 8, en el Callao. Allí lo esperaba el presidente Fernando Belaunde Terry, junto con autoridades civiles y religiosas.


Pero el gesto que quedaría grabado en la memoria de quienes lo recibieron ocurrió apenas descendió del avión: Juan Pablo II se arrodilló, se inclinó y besó el suelo peruano, un gesto de humildad y respeto que conmovió a quienes aguardaban su llegada.

Luego abordó un vehículo descubierto especialmente acondicionado para su recorrido: el Papamóvil. Desde el Callao hasta la Plaza de Armas de Lima había poco más de 13 kilómetros, pero aquella noche el trayecto pareció interminable. Un verdadero mar humano había tomado las calles. Familias enteras, escolares, religiosos y jóvenes se apostaron en las veredas, bermas centrales, balcones y techos de las viviendas solo para verlo pasar.

Banderas del Perú y del Vaticano ondeaban por toda la ruta. Desde los puentes y las casas caían pétalos de flores sobre el paso del Papamóvil, mientras una frase se repetía una y otra vez entre la multitud: “Juan Pablo II, te quiere todo el mundo”.


Cuando finalmente llegó a la Catedral de Lima, más de 40,000 personas lo recibieron con júbilo. En el templo, el Papa veneró las reliquias de Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres, Santo Toribio de Mogrovejo, San Francisco Solano y San Juan Macías. Ante cada una de ellas se arrodilló y oró brevemente, mientras afuera y dentro del recinto los fieles coreaban su nombre.


Los jóvenes a su encuentro


Al día siguiente, Juan Pablo II viajó a Arequipa, donde coronó a la Virgen de Chapi y proclamó beata a Sor Ana de los Ángeles Monteagudo.

Sin embargo, la jornada todavía guardaba uno de los momentos más impresionantes de aquella visita. De regreso en Lima, el Papa se dirigió al Hipódromo de Monterrico, donde lo aguardaba una multitud que superaba los dos millones de jóvenes.


La escena era apoteósica. Miles de rostros jóvenes se reunieron para escuchar al pontífice, quien los convocó a construir una sociedad basada en la paz y la justicia y a vivir valores como la pureza, la misericordia, la pobreza y la mansedumbre.

Aquella concentración se convirtió en una de las imágenes más recordadas de su primera visita al Perú: un océano de jóvenes reunidos para escuchar al Papa.

Cusco y Ayacucho


El domingo 3 de febrero, Juan Pablo II llegó al Cusco y se trasladó hasta Sacsayhuamán. Desde allí habló de la difícil vida de los campesinos, destacó la religiosidad popular y expresó su reconocimiento por las culturas prehispánicas, a las que pidió conservar sus “genuinos valores humanos, que son también cristianos”.

El papa Juan Pablo II luce un vistoso poncho andino luego de celebrar una paraliturgia en la explanada de la fortaleza de Sacsayhuamán.

También coronó a la Virgen del Carmen de Paucartambo y colocó en su mano un rosario de oro. Ese mismo día, en Ayacucho, su visita adquirió un significado todavía más profundo.

En una región golpeada por la violencia terrorista, el Papa quiso acercarse al dolor de las familias. Ante los hijos de Huamanga pronunció palabras en quechua y les transmitió un mensaje de esperanza: “Católicos hijos de Huamanga, os traigo el amor de nuestro Dios, para que, sembrado en vuestra tierra, sea la resurrección de vuestros corazones”.

El Pontífice no esquivó la difícil realidad que enfrentaba el país y se refirió directamente al sufrimiento provocado por la violencia.

Ojalá, que el dolor que hiere a vuestras familias acabe pronto”, expresó.

Y dejó una frase que permanecería como uno de los mensajes más contundentes de aquella visita:
El odio no es nunca camino: sólo el amor, el esfuerzo personal constructivo, pueden llegar al fondo de los problemas”.

Juan Pablo II explicó que no quiso dejar de visitar Ayacucho porque deseaba acercarse personalmente al dolor de sus habitantes, ofrecerles una palabra de aliento y contribuir a la reconciliación.

Ese mismo domingo, en el Hipódromo de Monterrico, se celebró una multitudinaria Eucaristía durante la cual fueron ordenados 47 sacerdotes de diversas diócesis y familias religiosas.


“Que se quede, que se quede”


El lunes 4 de febrero, el Papa comenzó su jornada en el Callao. En el Óvalo Bolívar se congregaron miles de personas enfermas procedentes de diversos establecimientos tales como del Hospital Daniel Alcides Carrión y del Instituto Nacional de Rehabilitación.

Entre las voces de los asistentes se escuchaba un pedido espontáneo que resumía el sentir de muchos peruanos: “¡Que se quede, que se quede!”. En otro momento, la muchedumbre repetía a viva voz: “Juan Pablo II, el Perú está contigo”.

Más tarde, el Pontífice emprendió viaje hacia el norte del país. Piura y Trujillo fueron las siguientes paradas de su recorrido.

En Trujillo, la bienvenida tuvo el sello de la identidad norteña. Caballos de paso y marineras acompañaron la recepción de los fieles, que se volcaron a las calles para verlo. El panorana en Piura fue similar. Juan Pablo II logró reunir en el campo eucarístico, alrededor de 400,000 personas, a pesar de los 40 grados de temperatura que imperaba en ese lugar.  

Villa El Salvador: hambre de pan y hambre de Dios


El 5 de febrero llegó el último día de aquella histórica visita. Uno de los primeros destinos fue Villa El Salvador, donde el Papa se encontró con los habitantes de los llamados pueblos jóvenes. Una alfombra de flores, paneles de esteras y un verdadero bosque de banderolas y banderas recibieron a Karol Wojtyla en este distrito del sur de Lima.

Tras concluir el discurso que llevaba preparado, Juan Pablo II decidió apartarse del texto e improvisó unas palabras. Agradeció al cardenal Juan Landázuri Ricketts, arzobispo de Lima, y dejó un mensaje que sintetizó las necesidades materiales y espirituales de aquella población.

Recordó que, junto al hambre de pan, que debía ser atendida, era necesario mantener también el hambre de Dios.


El Papa es charapa


La última escala de aquella gira por el Perú fue Iquitos. En la ciudad amazónica, Juan Pablo II se encontró con poblaciones nativas y con miles de fieles que habían esperado con ilusión su llegada. Allí ocurrió una de las escenas más espontáneas y entrañables de su visita.


El Papa se sintió uno más de la Amazonía y dijo sentirse “charapa”. La frase provocó una explosión de alegría. La multitud respondió con una ovación y comenzó a corear: “¡El Papa es charapa!”.

Juan Pablo II regresaría al Perú en 1988. Sin embargo, aquella primera visita de 1985 conservó un lugar especial en la memoria de los peruanos. Durante aquellos días, buena parte del país pareció detenerse para verlo pasar, escucharlo y recibir su bendición.

Segunda visita del papa Juan Pablo II


La segunda visita realizada por San Juan Pablo II se llevó a cabo del 14 al 16 de mayo de 1988, con ocasión del V Congreso Eucarístico y Mariano de los Países Bolivarianos. En esa oportunidad solo estuvo en el país 40 horas y fue recibido por el entonces presidente Alan García Pérez.

Al pisar por segunda vez el Perú, Juan Pablo II recordó con emoción su anterior encuentro con los peruanos y destacó la acogida que había recibido. Y aunque su estadía sería corta, dejó claro desde el primer momento que llegaba para reencontrarse con todos los peruanos. 


El domingo 15 de mayo fue el día central de su breve permanencia. Juan Pablo II presidió la clausura del Congreso Eucarístico y Mariano en el Campo San Miguel de Lima, ante una multitud de fieles.

En esta oportunidad, Juan Pablo II no necesitó recorrer todo el Perú para sentirse nuevamente cerca de su gente. Bastaron dos días, una ciudad y el recuerdo vivo de aquella primera visita para que el reencuentro volviera a convertirse en una fiesta de fe.




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(FIN) ICI/RRC

Publicado: 16/9/2026