Por Gianmarco DelgadoLos denominados residuos o la basura suelen aparecer en el debate público vinculada a calles sucias, contaminación o problemas sanitarios. Menos frecuente es relacionarla con empleo, productividad o crecimiento económico.
Sin embargo, esa es precisamente una de las principales conclusiones del informe “What a Waste 3.0”, elaborado por el Grupo Banco Mundial, que plantea que la gestión de residuos sólidos constituye un proceso clave para el funcionamiento de las ciudades y el desarrollo económico, aunque continúe siendo una de las áreas más rezagadas en muchos países.
El reporte, basado en información de 217 países y 262 ciudades, advierte que cerca de un tercio de los residuos sólidos municipales generados en el mundo todavía se encuentra mal gestionado o sin recolectar, señala informe publicado en el Diario El Peruano.
El problema no se limita al impacto ambiental ya que, según el Banco Mundial, las deficiencias en recolección, tratamiento y disposición final pueden afectar cadenas productivas, deteriorar espacios urbanos y elevar costos económicos en sectores que dependen de condiciones adecuadas de infraestructura.
La lógica es sencilla: así como una carretera en mal estado perjudica el comercio o una red deficiente de agua limita inversiones, un sistema ineficiente de residuos puede afectar la competitividad de distintas actividades económicas.
Entre ellas figuran el turismo, la agricultura y otros sectores intensivos en empleo que requieren entornos limpios, acceso a servicios y menor exposición a riesgos ambientales.
El informe sostiene que el turismo constituye uno de los sectores más sensibles frente a la mala gestión de residuos. La contaminación visible en playas, ciudades o espacios públicos puede afectar la experiencia del visitante y reducir el atractivo de los destinos.
En lugares con altos niveles de contaminación por la basura, los ingresos y la llegada de visitantes pueden disminuir significativamente, según lo analizado por la entidad.
Sectores
La agroindustria también enfrenta riesgos asociados a sistemas deficientes de manejo de residuos. El Banco Mundial señala que los residuos de vertederos o plásticos mal gestionados pueden contaminar suelos y fuentes de agua, lo que a su vez afecta rendimientos agrícolas y eleva costos para productores con menor capacidad de adaptación. Asimismo, los residuos acumulados pueden obstruir sistemas de drenaje, intensificando inundaciones urbanas e interrupciones en el transporte, con efectos indirectos sobre la actividad económica y la salud pública.
Más allá de los impactos negativos, la basura representa una oportunidad económica insuficientemente aprovechada.
Los residuos orgánicos pueden convertirse en compostaje; los materiales reciclables pueden reinsertarse en cadenas productivas; y determinados residuos no reciclables pueden destinarse a generación energética.
Desde esta perspectiva, cada tonelada de residuos que no es tratada o valorizada representa también un valor económico perdido y una posibilidad de empleo desaprovechada.
En América Latina y el Caribe, el desafío presenta matices particulares. La región generó 249 millones de toneladas de residuos municipales en 2022, con un promedio de 1.05 kilogramos por persona al día, ligeramente superior al promedio mundial. Aunque los niveles de recolección son relativamente altos en zonas urbanas —con medianas cercanas al 98%—, persisten fuertes brechas territoriales: en áreas rurales, la cobertura promedio cae a cerca de 38%.
Uno de los indicadores más relevantes del informe es la baja valorización de residuos. Apenas 6% de los desechos municipales de América Latina se recicla, porcentaje que, además, depende en gran medida del trabajo informal.

El Banco Mundial sostiene que buena parte del reciclaje regional recae en trabajadores que recolectan, clasifican y venden materiales recuperables sin estabilidad laboral ni acceso a mecanismos de protección social.
Asimismo, el informe estima que millones de personas trabajan en actividades vinculadas a residuos urbanos en países de ingresos bajos y medianos, muchas de ellas mujeres y jóvenes. Cerca del 90% participa en condiciones de informalidad.
A pesar de ello, estos trabajadores gestionan entre 10% y 30% de los residuos sólidos municipales y cumplen un papel central en ciudades de rápido crecimiento. El reto, sostiene el Banco Mundial, no consiste únicamente en crear más puestos de trabajo, sino en mejorar su calidad mediante integración formal en cadenas de valor, capacitación y mejores condiciones laborales.
Caso peruano
En el caso peruano, el informe muestra que el país registra una generación promedio de 0.77 kilogramos de residuos por persona al día, por debajo del promedio latinoamericano.
Lima, además, aparece entre las ciudades con alta cobertura de recolección, con niveles cercanos a 98%. Sin embargo, la proyección del Banco Mundial añade un elemento de presión ya que Perú pasaría de generar aproximadamente 10.4 millones de toneladas anuales de residuos municipales en 2022 a cerca de 17.7 millones en 2050.
Este incremento implicará mayores exigencias para municipios, infraestructura y sistemas de tratamiento, pero también podría abrir oportunidades vinculadas a reciclaje, compostaje y nuevas cadenas económicas asociadas a la economía circular.
La gestión de residuos no constituye únicamente un problema ambiental ni un asunto de limpieza urbana, también forma parte de la infraestructura que sostiene el funcionamiento de las ciudades, la actividad económica y el empleo.
Para el Banco Mundial, los países que inviertan hoy en sistemas más eficientes estarán en mejores condiciones de impulsar crecimiento y resiliencia económica en las próximas décadas.
Reto
Más allá de la recolección y disposición final, uno de los principales desafíos para mejorar la gestión de residuos es el financiamiento.
El Banco Mundial advierte que los municipios destinan, en promedio, cerca de 6% de sus presupuestos a este servicio, aunque en muchos casos los recursos siguen siendo insuficientes frente al crecimiento urbano y el aumento de desechos.
La institución sostiene que cerrar brechas requiere combinar inversión pública, marcos regulatorios e incentivos para atraer capital privado. Experiencias recientes impulsadas por el organismo en países como Indonesia o Serbia muestran que la infraestructura de residuos empieza a ser vista no solo como gasto público, sino también como un espacio para inversión y generación de empleo.
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(FIN) DOP/SDD/JJN
Publicado: 1/6/2026