Andina

“Es importante que las narrativas nacionales incluyan a todos los peruanos”

Entrevista a Ronald Elward, autor de Los Incas Republicanos, libro de la Colección Bicentenario de la Independencia

Ronald Elward Haagsma, magíster en Historia por la UNMSM, autor de

Ronald Elward Haagsma, magíster en Historia por la UNMSM, autor de 'Los Incas Republicanos'. Foto: Captura TV

10:54 | Lima, feb. 28.

Por: César Chaman

Si uno pregunta en Lima si existen todavía descendientes de los antiguos gobernantes incas, la respuesta inevitablemente es un categórico “no”, explica Roland Elward Haagsma en la introducción de 'Los Incas Republicanos. La élite indígena cusqueña entre la asimilación y la resistencia cultural (1781-1896)' (Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2020).

Magíster en Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Elward inició en 2009 una investigación para responder una pregunta que los peruanos no nos hacemos muy a menudo: qué había ocurrido con los descendientes de los emperadores del Tahuantinsuyo.
 
La narrativa más repetida en torno al Tahuantinsuyo culmina con la conquista española y el establecimiento de la colonia, para dar pase a un largo relato de casi tres siglos en que la antigua nobleza inca tiene una relevancia menor. 

¿Qué ocurrió con esa élite desplazada del poder? ¿Cuál fue su proceso social, político y económico, más allá de conservar algunos privilegios vinculados con la recaudación de tributos? ¿Cómo influye en su permanencia o extinción el período emancipador y dónde se encuentran hoy las generaciones que sucedieron a esas familias? 

“Hay una tradición hispanista entre muchos de nuestros historiadores, quienes se encargaron de elaborar esas narrativas de nostalgia, olvido e invisibilización con las que se enseña la historia”, opina el periodista Javier Lizarzaburu en torno a Los Incas Republicanos

“Los incas, al final, son representativos de lo que ha sucedido con todas las culturas autóctonas: se convierten en un tema fascinante mientras son vistas como algo muerto, de un pasado que quedó atrás, sin considerar que la mayoría de nosotros –en nuestra gran mezcla de sangres– descendemos de todos ellos”, acota.

El libro de Elward forma parte de la Colección Bicentenario de la Independencia (1821-2021) del Fondo Editorial del Congreso y constituye un aporte a la reflexión sobre la asimilación, la resistencia cultural y el proceso de consolidación de una nación en cambio permanente y continuidades esperanzadoras. Aquí la entrevista.

El común de peruanos aprendimos a ‘leer’ la historia en períodos con fechas de inicio y corte y, en consecuencia, resulta complejo pensar en incas republicanos. ¿Qué elementos clave hemos dejado de mirar en el tránsito del incanato a la etapa colonial y del virreinato a la República?

- La literatura sobre la época colonial se refiere a la élite Inca como los incas coloniales, entonces, me he tomado la libertad de referir a sus descendientes después la Independencia como incas republicanos, para desafiar un poco este concepto de etapas históricas como procesos separados. 

Lo cierto es que muchos sistemas continuaron de la época Inca a la Colonia (por ejemplo, la organización del ámbito rural) y de la Colonia a la República (la práctica del tributo/contribución), pero más importante es la continuidad de la misma gente. 

Me parece relevante dar una nueva mirada porque durante la Colonia ya había sistemas de exclusión, los cuales también continuaron en los siglos XIX y XX. No obstante, hay dos momentos: cuando en el Virreinato del Perú se dan los primeros pasos en el proceso democratizador, con la Constitución de Cádiz (1812), y luego con la Independencia, criollos e indígenas trabajaron juntos y participaron juntos.
 
En el proemio, Jorge Ccorimanya escribe sobre la vergüenza de tener un apellido indígena, hablar quechua y mantener costumbres del pasado. ¿Es Los Incas Republicanos un intento de reivindicar lo inca o, principalmente, un esfuerzo de genealogía? 

- La investigación genealógica es una gran base de datos de un grupo social específico. Pero también creo que es más que eso: es recuperar la visibilidad de un grupo que es parte de la identidad del Perú y que había sido borrado de la mirada histórica de los últimos 200 años. 

Hacer ese trabajo de recuperación genealógica es eliminar las dudas sobre su existencia y procedencia, y, también, es empezar a leer y a escuchar sus nombres en un contexto de valoración diferente. El libro es un intento de entender qué pasó con este grupo desde la percepción moderna que decía que habían dejado de existir, al tiempo que no era tan difícil encontrar la información necesaria o a ellos mismos.

La tremenda pérdida de visibilidad que sufrieron y la decisión de encasillarlos en un pasado que ya no existe, eliminó cualquier conexión entre los Incas y la población actual. Además, a partir de fines del siglo XVIII e inicios del XIX
fueron excluidos de participar en la vida política, social y económica del Perú.

Entonces sí, en ese sentido, se podría decir que es una reivindicación no solo de lo inca, sino de la población indígena en general. 
 
Las élites han demostrado capacidad para negociar privilegios aun frente a las amenazas más serias. ¿Podría aportar elementos para entender cómo era percibida la élite inca por la población indígena no noble y por las familias tributarias?

- No he encontrado diarios o cartas que puedan responder esa pregunta directamente. Solo hay tendencias indirectas. De la época colonial hay ejemplos de procesos legales en contra de caciques por abusos, pero también ejemplos de caciques que pagan tributo de su propio bolsillo cuando la población no tenía suficientes ingresos. 

En cuanto a la percepción que existía de los nobles, Túpac Amaru II, Mateo Pumacahua y Diego Cusihuaman, tenían una posición importante en la población indígena, eran muy respetados. En la primera mitad del siglo XX hay ejemplos de miembros de la élite cusqueña que se enfrentan a hacendados en favor de la población indígena, pero, de otro lado, también existe una conciencia de clase que los hace sentir diferentes. Pero son solo ejemplos, no puedo decir cuál era la percepción general.

En todo caso, un buen indicador de su influencia es que miembros de esas familias siguieron siendo representantes de sus comunidades en San Jerónimo y San Sebastián, y varios de ellos fueron elegidos alcaldes a partir de 1980, cuando estos cargos ya se pueden elegir. Entonces los incas, de alguna manera, regresaron al poder, un poder local, pero esta vez por la vía democrática, cinco siglos después de la caída del imperio.



Pensando en la Colonia y en la formación de la República, ¿cuál de estos dos momentos tiene mayor impacto sobre esta élite?

- El primer cambio, del incanato a la colonia. A pesar de que había una continuación como intermediaria entre la población rural y el poder colonial, esta élite ya no decidía sobre su propio territorio, era dependiente de los nuevos dueños. El cambio con la Independencia es, en ese sentido, menos impactante.
 
La línea de continuidad entre la Constitución de Cádiz, la negociación del Estado en formación con los indígenas y el proceso embrionario de democratización termina con la época del guano, cuando el tributo indígena pierde relevancia. ¿Está allí el punto de disolución de la élite inca? 

- Se desarticula no solo la élite inca, sino también el campo. Y esto dio inicio al periodo de las grandes haciendas, con los gamonales y un Estado donde un pequeño grupo de familias de origen europeo tenía todo el poder. 

Los cambios del siglo XX parecen tener menos impacto, aunque algunos descendientes se mudaron a Lima como parte de la migración, la mayoría continuó viviendo en el Cusco. En Puno, en las primeras décadas del siglo XX tenemos el caso de don Francisco Chukiwanka, quien continuó activo políticamente.
 
Educación, sacerdocio, comercio y carrera militar fueron alternativas al alcance de la élite para recolocarse en los nuevos escenarios. Además de Mateo Pumacahua en el plano militar, ¿qué otras figuras de la élite inca logran ‘destacar’ en diversos ámbitos? 

- Mateo Pumacahua es lo más conocido. Pero Diego Cusihuaman, quien también fue un líder político muy respetado; Juan Guallpa y Mariano Tisoc figuran entre los primeros elegidos en 1813; Nicolás Callañaupa fue gobernador en San Cristóbal y la continuidad dentro las familias Huamanrimachi y Yanquirimachi. Justo Sahuaraura como sacerdote. Rafael Paredes es interesante y, también, comercialmente, Faustina Quispe, Antonia Guamantupa y Carlota Ayerve de Tisoc.

A cinco meses del Bicentenario, aun se discute sobre Túpac Amaru II en el contexto de lo que será esta conmemoración. Sin olvidar que Túpac Amaru fue el ícono del discurso sobre el ‘poder popular’ en el Sesquicentenario, ¿cuál es el punto de vista del autor en ese debate?

- Túpac Amaru II fue la conclusión de la época de los incas coloniales. La posición de esa élite, su visibilidad, el reclamo de derechos, al final resultó en la Gran Rebelión de 1780-1781 y resultó en la pérdida de su visibilidad, de voz y de su lengua. Fue un fuerte ataque contra la identidad indígena que se había mantenido durante la colonia. 

Es el ciclo de la historia que Túpac Amaru II regrese a la visibilidad en la segunda mitad del siglo XX y se convierte en ese ícono.

En perspectiva, el concepto de ‘colonización de la mente’ que toma el libro para abordar la pérdida de identidad indígena parece contrastar con expresiones recientes sobre un tipo de valoración positiva del legado andino. ¿Cómo interpreta estos procesos socioculturales?

- La colonización de la mente se refiere a los referentes culturales. A partir de la invasión del siglo XVI, los referentes se vuelven predominantemente europeos (español y católico), pero la élite y la población indígena mantuvieron vivo un legado andino. 

Estos dos niveles subsistieron juntos hasta los grandes movimientos indígenas del siglo XVIII: en Lima en 1750 (Rebelión de Huarochirí) y en Cusco en 1781 (Gran Rebelión), tras lo cual las autoridades españolas pusieron fin a la visibilidad de ese legado andino, y con el tiempo pasa a convertirse en una pieza de museo o en algo folclórico en el campo. 

En el siglo XIX, Inglaterra y Francia, y después de 1940, los Estados Unidos, pasan a ser los que dominan el imaginario peruano. Esa valoración positiva que se da en la segunda parte del siglo XX es importante, pero me parece bastante enfocado en el turismo.  
 
Desde su perspectiva, ¿hay tiempo y oportunidad para pasar a la cuarta fase de Karl Deutsch, la de la construcción de una sola nación peruana mestiza?

- Creo que sí, mestizaje en el sentido metafísico y quizás, al final, también genéticamente. Porque me parece importante que haya narrativas nacionales que incluyan a todos los peruanos.
 

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(FIN) CCH

Publicado: 28/2/2021
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