Andina

El quechua se reivindica y alcanza el doctorado en histórica Universidad San Marcos

Magíster sustentó primera tesis de doctorado en el idioma de los incas y aprobó con nota 20

A la Dra. Roxana Quispe le tomó siete años de trabajo la investigación. ANDINA/Héctor Vinces

A la Dra. Roxana Quispe le tomó siete años de trabajo la investigación. ANDINA/Héctor Vinces

10:23 | Lima, oct. 16.

Por José Vadillo

Kilku Warak’aq, el alter ego del poeta cusqueño Andrés Alencastre Gutiérrez (1909-1984), escribió más de 100 poemas o harawis en quechua. Ahora bendice la sustentación de la tesis que gira sobre su obra. Y todo en runasimi.

Alencastre, un hacendado de Parq’o, provincia de Canas, es el equivalente cusqueño a José María Arguedas. En un proceso de “transfiguración”, dejó su nombre castellano para reescribir su enorme talento literario en quechua.

La magíster Roxana Quispe, en un proceso de reivindicación, toma los conceptos de la teoría literaria occidental, como “significado”, “significante”, “identidad”, “paralelismo semántico”, para crear un corpus teórico propio que le permitió estudiar la transfiguración en el poemario Yawar Para, Lluvia de sangre, que Kilku Warak’aq escribió cerca del 1967.

Sustentación


A las 11:19 minutos de ayer, la investigadora inició la sustentación de su tesis doctoral. El auditorio principal de la facultad de Letras y Ciencias Humanas de San Marcos estaba repleto. Desde Acomayo, Cusco, llegaron para la ceremonia su hermano, sobrinos, primos, tías. Así de querendón es el mundo andino.

Con la venia del jurado, la magíster cusqueña ofreció un pago a la tierra. Fue la primera reivindicación cultural. Pidió la bendición de los apus –Ausangate, Salcantay, San Cristóbal y otros–. Sopló las hojas a los cuatro vientos, derramó chicha de jora y ofrendó su tesis empastada “Yawar Para, Kilku Warak’aq, pa harawin pachapi, Qosqomanta runasimipi harawi t’ikrachisqa, ch’ullanchasqa kayninpi”.

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Ofrendaba siete años de trabajo académico. “Desde el 2012 no he parado ni un solo semestre ni un solo día en mi investigación”, cuenta.

Vivencias


Su madre, Albarada Collantes, recuerda que a Roxana desde chiquita le inculcó el amor por el quechua. Le dieron una niñez entre dos lenguas, entre la ciudad de Acomayo y la comunidad campesina de Chosecani, de donde es su padre, Manuel Quispe.

Las fuentes bibliográficas en quechua son dispersas y casi inaccesibles. Buena parte del trabajo de la investigadora fue recorrer repositorios y bibliotecas en Lima, Ayacucho y Cusco. Su padre la acompañó en los innumerables viajes que hizo a las zonas altas de la provincia de Canas.

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Solo viajando pudo dar con los significados de los términos que utilizó el “estilizado” quechua de Kilku Warak’aq en su Yawar Para, no hallados en los diccionarios. Conoció los distintos sociolectos de cada comunidad, identificó topónimos y palabras desconocidas, usadas hasta hoy solo en Canas.

La investigadora aún no cree el revuelo que ha causado la noticia de su sustentación en el idioma de los incas. “Probablemente hay más trabajos de investigación de poesías en quechua. Yo quería que este idioma ingrese a la academia, ya no solo para hablarlo en las chacras, casas o entre amigos, sino [también] en un lugar serio, formal. Ha sido difícil porque las leyes no están hechas para un idioma originario”, cuenta.

Cambiando paradigmas


Es la primera que se sustenta en quechua en una universidad mayor en el Perú sin ningún problema, resalta el doctor Gonzalo Espino. No se permitió sustentar una tesis en el Cusco. Pero en el caso de Quispe no hubo ningún problema, ya que la tesis está escrita en quechua y castellano.

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Espino habla de la larga tradición sanmarquina en estudios en quechua, que se inició en 1552, solo un año después de fundada la casa de estudios. Es una herencia que se continúa trabajando hoy.

“San Marcos no le tiene miedo a que vengan a sustentar en aimara o lenguas amazónicas. La de Roxana Quispe es también un homenaje a los pueblos amerindios y al Año Internacional de las Lenguas Indígenas”, recuerda.

Desde la dirección de la cátedra Quechua de San Marcos, la doctora Isabel Gálvez Astorayme ve el interés de los académicos por investigar en lenguas originarias. “Estamos trabajando para que las lenguas originarias participen en la vida académica. Lamentablemente, con la marginación que han sufrido por más de 500 años, los mismos quechuahablantes no quieren hablar su idioma”, explica.

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La cátedra cuenta con un noticiero que se narra en dos de las variedades del quechua: central y chanka. No son las únicas, ya que se trata de un idioma polifonético y poligramático. También ofrecen capacitaciones al personal de Letras en este idioma. Y por primera vez en su historia, cuatro salones de Letras han optado por aprender el quechua y no inglés. Algo está cambiando.

Con corazón indio


El momento de las preguntas del jurado fue también de reflexión. De mirada país. Como un demonio feliz arguediano, que habla en español y quechua, el doctor Mauro Mamani Macedo, con voz emocionada, tradujo en las dos lenguas lo que guarda “el corazón indio” de los docentes de orígenes andinos.

“Nosotros sentimos un deber con nuestra comunidad, ¿cuántas mentes lúcidas no han avanzado por seguir defendiendo la tierra que han cultivado y para apoyar a sus hermanos, a sus padres? Lloramos como el violín de Máximo Damián, no simulamos ser indios. Ahora nuestro Padre Sol nos encuentra en el terreno de las palabras”.

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La reivindicación verbal de una cultura es un acto poético y político. Para Mamani, tras lo de Quispe, falta que los alumnos universitarios quechuahablantes se expresen en su lengua. Es el reto, trabajar contra “el racismo al revés”.

El doctor Rodrigo Montoya, invitado por la mesa a dar unas palabras, recordó que, con esta sustentación de Quispe, el quechua pasa “a un nivel superior”. Si hace 90 años el amauta José Carlos Mariátegui escribía que pocos quechuas escribían en su lengua y por ello estaban los indigenistas, llegó el momento de un salto mayor.

“No se trata solo de escribir en quechua, sino [también de] pensar en quechua, presentar una tesis de doctorado. Porque pensar en quechua no es lo mismo que hacerlo en francés. Las tesis de doctorado están hechas con la mirada de occidente, para conocer por la ‘razón’, y el mundo andino no conoce ni entiende por la razón sino con el corazón. Cómo convertir la razón en corazón, ese es un desafío enorme”.

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(FIN) JVV/DOP

Publicado: 16/10/2019
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