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Delfina Paredes: El tren cambió mi vida

Delfina Paredes. Caricatura: Tito Piqué

Delfina Paredes. Caricatura: Tito Piqué

09:30 | Lima, abr. 13 (ANDINA).

Por Susana Mendoza

En 1956 ingresó a la Escuela Nacional de Arte Escénico (ENAE) y desde entonces no ha dejado de ser actriz. Sin embargo, Delfina Cristina Paredes Aparicio empezó su labor profesional como locutora de Radio Cusco, y hoy a los 74 años se define como una mujer tímida.
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¿Qué papel es más difícil de interpretar, el de la vida real o el de la ficción?
- En la vida real no se interpreta, se vive. Y en la ficción hay que vivirlos, porque sino resultan falsos.

¿Se considera una mujer de carácter fuerte?
- Contradictoriamente soy bastante tímida para mis cosas. Soy incapaz hasta de reclamar mis derechos, pero me crezco cuando defiendo el derecho de los demás. Eso lo heredé de mi papá, el ha sido tres veces alcalde de Urcos.

¿Es cuzqueña?
- De nacimiento no, pero de formación si. Nací en Mollendo. Mi padre fue arequipeño y mi madre cuzqueña.

¿Y ese encuentro entre arequipeño y cuzqueño cómo lo recuerda usted?
- Ellos se llevaban muy bien, se querían mucho. Fueron dos vidas extraordinarias porque ellos tuvieron un criterio claro de lo que era importante en la vida. Mi papá era de un temperamento fuerte e impulsivo, y mi mamá más tranquila.

¿Cómo recuerda a su padre?
- Con admiración. El fue una persona que a pesar de haber estudiado en el colegio un año de su vida, fue cultivado, le gustaba leer y estar informado. Fue autodidacta. Mi mamá también lo fue.

¿Qué guarda en su memoria de ella?
- Fue muy curiosa porque ayudaba a mi abuelo que era juez de paz, y leía con él mucho, sobre todo publicaciones de Argentina. Recuerde que en esa época la comunicación con Lima era difícil, y además la capital vivía a espaldas de las provincias.

¿Qué recuerda de su infancia?
- Los trenes. Yo viajaba mucho en trenes porque mi papá trabaja como jefe de estación en el ferrocarril. De niños cuando estábamos de vacaciones, dos veces al día, mis hermanos y yo salíamos al andén para ver pasar el tren. Era algo así como ver ahora la televisión.

¿Qué soñaba de niña?
- Hasta los 11 años yo quería ser aviador, de los 12 a los 14, arqueóloga, y de los 15 quise ser química, todo por un profesor que nos hacía sentir tontas porque no nos preocupábamos por el átomo.

No había en su época TV ¿cuáles fueron sus lecturas?
- Cuando vivíamos en Andahuaylillas, llegaba el revistero en tren todos los sábados, y mi mamá nos vestía de paseo para recibirlo. Recogíamos las revistas y periódicos a los que estaba suscrito mi papá. Para nosotros, él compraba Billiken.

¿Usted sabía leer?
- Todavía no, pero mi madre era una excelente lectora. Creo que yo soy actriz por ella. Ella nos leía en las noches, encendía la lámpara a kerosén y comenzaba la lectura. Recuerdo especialmente el libro “El almacén de las señoritas”. Leía muy bien.

¿Fue una hija rebelde?
- No, yo era muy pegada a mi mamá. A mi papá le teníamos miedo porque era muy recto, y si nos portábamos mal a veces nos pegaba. Nosotros nos escondíamos detrás de mi mamá.

¿Cuándo llegó a Lima?
- A los 13 años. Mi papá nos trajo de vacaciones. Pero para mi fue una decepción porque pensé que iba a encontrar edificios grandes como en las películas. Pero no encontramos ninguno.

Usted estudió química ¿terminó la carrera?
- No, porque me casé. Me fue ganando el teatro y empecé a trabajar en la radio…

¿Cuál cree que es su rasgo característico?
- Uhmm….no me he puesto a pensar en eso.

Usted se casó con un actor y luego se separó de él ¿fue una decisión difícil separarse de él?
Creo que ya no. Alguna vez dije que el amor es como una margarita. No en el sentido, “me quiere, no me quiere” sino, en el sentido que el dolor disminuye conforme se va  deshojando.

¿Se volvió a enamorar?
- Uhmm…si….Pero he llegado a un momento de mi vida en donde ya se amplió mi amor. Mis amores los vivo a plenitud. Por ejemplo, el amor por nuestra historia.

¿Usted se siente parte del pueblo?
- Antes no, ahora sí, creo que desde que empecé a leer marxismo. Además siempre me he identificado con la gente indefensa, que viven la orfandad de la miseria…

¿Ha sentido orfandad en un momento de su vida?
- No…pero quizás una operación que le hicieron a mi mamá cuando yo tuve 12 años me produjo mucha angustia. Fue terrible para mí imaginar qué sería de mi vida sin ella.

¿Es una mujer con sentido del humor?
- ¡Si! Con mis cuatro hijos nos reímos mucho. Ellos se burlan de mí, me aconsejan no ir al museo porque no vaya a ser que me confundan con una momia, jajajaja

¿Es una mamá dominante?
- No creo, al contrario. Mis hijos han sido muy buenos, no he necesitado gritarles ni nada.

¿El papel de abuela es difícil?
- No para nada, tengo cinco nietos, y trato de estar junto a ellos. Pero con el último, que es pequeño, no puedo compartir mucho tiempo.

¿Extraña el personaje de “Evangelina” o es parte del pasado?
- “Evangelina” curiosamente no me ha abandonado nunca. A veces, inclusive, cuando me burlo de mi,  pienso qué haría Evangelina.

¿Qué papel aún no ha interpretado?
- Me hubiera gustado hacer Antígona y Yerma….

¿Y con cuál se queda de manera entrañable?
- Con la señora Proctor, una de las Brujas de Salem.

¿Qué dijo su padre cuando decidió ser actriz?
- ¿Acaso le dije? No me hubiera dejado venir a Lima si le decía que iba a estudiar para ser actriz. Le dije que iba a estudiar química en San Marcos porque iba a ser más fácil encontrar trabajo.

¿Qué tiene pendiente hacer?
- Escribir dos obras de teatro: sobre el amor en los tiempos de la guerra,  y sobre Antonia Moreno de Cáceres y Clorinda Matto de Turner.

(FIN) DOP


Publicado: 13/4/2009