Asociación Automotriz del Perú: congestión hace perder más de ocho días al año en Lima

Es resultado de un problema estructural de movilidad

Vista del tráfico vehicular en Lima Metropolitana. ANDINA/Daniel Bracamonte

Vista del tráfico vehicular en Lima Metropolitana. ANDINA/Daniel Bracamonte

22:52 | Lima, ago. 10.

La congestión vehicular en Lima Metropolitana ocasiona que sus ciudadanos pierdan más de ocho días al año, como resultado de un problema estructural de movilidad, indicó hoy la Asociación Automotriz del Perú (AAP).

De acuerdo con cifras de la firma privada TomTom, consolidadas entre el inicio de 2026 y el 3 de agosto de este año, Lima se mantiene entre las capitales latinoamericanas con menor velocidad de circulación vehicular.

Durante los días laborables, en la hora punta de la mañana (8:00 a. m.), la velocidad promedio de desplazamiento en la capital peruana se situó en 14.74 km/h, por debajo de Ciudad de México (17.82 km/h), Bogotá (16.57 km/h) y Santiago de Chile (18.72 km/h). En el ámbito nacional, Arequipa registró 16.13 km/h y Trujillo, 16.99 km/h.

La situación se agudiza durante la hora punta nocturna (6:00 p. m.). En Lima, la velocidad promedio cae a 12.62 km/h, frente a los 14.80 km/h de Ciudad de México, 13.84 km/h de Bogotá y 16.22 km/h de Santiago. Arequipa y Trujillo registraron, respectivamente, 14.11 km/h y 14.05 km/h. 

Además, Lima alcanzó en este horario su menor velocidad del año, con apenas 11.3 km/h.

“Las cifras muestran que la congestión se intensifica conforme avanza el día. Pasamos de una velocidad promedio de 14.74 km/h en la mañana a 12.62 km/h en la tarde, lo que evidencia una red vial que opera durante varias horas cerca de sus niveles de saturación”, señaló Alberto Morisaki, gerente de Operaciones y Analítica de la Asociación Automotriz del Perú (AAP).
 
La baja velocidad de circulación no es un fenómeno reciente. En 2025, Lima ocupó la segunda posición entre las ciudades con menor velocidad vehicular de América Latina, únicamente superada por Barranquilla, y se ubicó entre las cinco más lentas del mundo.

El TomTom Traffic Index 2025, elaborado a partir de más de 3.65 billones de kilómetros de viajes registrados en 500 ciudades de 62 países, identificó además a Lima como la ciudad con mayor cantidad de horas perdidas en el tráfico a nivel mundial, con cerca de 195 horas anuales por conductor, por delante de Dublín, Ciudad de México y Bucarest.

“En momentos en que se debate cuánto afectan los feriados a la productividad, no podemos perder de vista otro costo que enfrentamos todos los días. Solo por la congestión, una persona en Lima pierde cerca de 195 horas al año, equivalentes a más de ocho días completos. Es tiempo que también resta productividad y competitividad a la ciudad”, explicó Morisaki.


Costo del impacto del tiempo perdido


El impacto trasciende el tiempo perdido. El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) estimó en 2024 que el costo anual de la congestión del tránsito en Lima representa alrededor del 2.4% del PBI nacional. 

De este total, aproximadamente 0.4% del PBI corresponde al gasto adicional en combustible durante las horas de congestión, equivalente a 3,300 millones de soles al año, mientras que alrededor de 20,000 millones de soles corresponden al valor económico de las horas de trabajo perdidas durante los desplazamientos.

Otros estudios también han advertido sobre estas consecuencias. Calatayud et al. (2021) estimaron que las pérdidas asociadas a la congestión en ciudades de América Latina y el Caribe oscilan entre 0.5% y 1.1% del PBI, mientras que Gómez-Lobo et al. (2022) calcularon que reducir apenas 5% el exceso de tiempo de viaje podría incrementar la productividad en 0.5% del PBI en trece ciudades latinoamericanas.

“La congestión no solo significa llegar tarde. Tiene un costo para las familias, las empresas y la economía del país. Se consume más combustible, se pierden horas productivas y se afecta la competitividad de la ciudad”, subrayó Morisaki.

Uno de los factores es el desfase entre el crecimiento del parque automotor y el desarrollo de la infraestructura. Según el BCRP, la densidad vehicular por kilómetro de red vial en Lima aumentó de 1,113 vehículos en 2015 a 1,387 en 2023.

A ello se suman problemas estructurales que la AAP ha advertido en diversas oportunidades: una planificación urbana y vial que no ha acompañado adecuadamente el crecimiento de la ciudad; semáforos poco sincronizados y sin capacidad de adaptación a los flujos reales de tránsito; limitada integración de las rutas de transporte público; informalidad en servicios de combis, cústeres y colectivos; y un parque vehicular antiguo acompañado de un sistema de revisiones técnicas poco riguroso.

Esta combinación genera una circulación lenta y desordenada, además de incrementar la vulnerabilidad de las vías ante averías mecánicas que interrumpen el tránsito y agravan la congestión.

“El tráfico de Lima no se resolverá atacando una sola causa. Tenemos problemas de infraestructura, planificación, informalidad, fiscalización y antigüedad del parque vehicular que deben ser enfrentados de manera conjunta”, sostuvo Morisaki.


Estrategia integral de movilidad


Para la AAP, enfrentar este escenario requiere avanzar hacia una estrategia integral de movilidad. Entre las principales medidas se encuentra la implementación de semáforos inteligentes y sincronizados que respondan en tiempo real a los flujos vehiculares, así como el reordenamiento de las rutas y paraderos del transporte público.

También resulta necesario ampliar los sistemas de transporte de tipo BRT, como el Metropolitano, junto con sus rutas alimentadoras y corredores complementarios; fortalecer la fiscalización para evitar la invasión de carriles exclusivos y combatir la informalidad; ordenar los servicios de transporte de tramos cortos, especialmente los ofrecidos por mototaxis en zonas periféricas; e implementar políticas que faciliten la transición del transporte informal hacia la formalidad.

Asimismo, la AAP considera necesaria una política de chatarreo que incentive la renovación del parque vehicular bajo mayores estándares de seguridad y cuidado ambiental, acompañada de un fortalecimiento del sistema de inspecciones técnicas vehiculares.

“No necesitamos únicamente más obras. Lima requiere gestionar mejor la infraestructura que ya tiene y, al mismo tiempo, desarrollar un sistema de transporte público más eficiente, formalizar el servicio, renovar el parque vehicular y fortalecer la fiscalización. Sin una estrategia integral, cualquier mejora terminará siendo temporal”, afirmó Morisaki.

La experiencia de ciudades como Bogotá y Santiago de Chile demuestra que, aun enfrentando niveles importantes de congestión, la inversión sostenida en sistemas BRT, la integración del transporte y una mayor fiscalización pueden contribuir a contener el deterioro de la velocidad de circulación.

Para la AAP, las cifras confirman que Lima enfrenta un problema estructural de movilidad con efectos directos sobre la productividad, la competitividad logística y la calidad de vida de sus ciudadanos.

“Revertir esta tendencia exige dejar atrás las intervenciones aisladas y avanzar hacia una política de movilidad urbana sostenida en el tiempo, con objetivos concretos y resultados que puedan ser medidos”, puntualizó Morisaki.

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(FIN) NDP / MDV 


Publicado: 10/8/2026