Por Karina Garay RojasEn el distrito más poblado del Perú, se ha sembrado una semilla. Aunque todavía tímida, se está convirtiendo en una planta que se levanta firme frente a un entorno adverso, colmado de ruido y hacinamiento. Con más de un millón de habitantes, San Juan de Lurigancho no parece un lugar ideal para sembrar y crecer. Sin embargo, pese a las adversidades, un grupo de adolescentes está demostrando que sí es posible hacerlo de forma libre y segura, dos vocablos que ellos mismos han empezado a conquistar en medio de su desértico hábitat.
Son casi las 10 de la mañana y el pequeño recinto del Vaso de Leche en la zona de José Carlos Mariátegui está a tope. Los asistentes no son agricultores, pero actúan como tales. Conversan sobre el terreno que habitan y los problemas a los que se enfrentan. Aquí las plantas son sus niñas y jóvenes.

"Los problemas que se reportan más en el distrito están relacionados a la violencia familiar, física y psicológica. Tenemos altos índices, pero no solo a nivel de distrito, es a nivel de todo Lima Metropolitana", detalla Brayhan Calero, coordinador de la Demuna de San Juan de Lurigancho (SJL).
El abogado advierte que los menores del distrito se enfrentan a diversos riesgos, como el no ir al colegio, pero también a situaciones de desprotección, como el no vivir con ninguno de sus padres.
“Actualmente, la violencia más estandarizada es la psicológica", ejercida mayoritariamente de padres a hijos, aunque también ocurre en sentido inverso, pero en menor escala, relata.
En 2025, los Centros Emergencia Mujer (CEM) del distrito atendieron 3,326 casos de violencia contra la mujer e integrantes del grupo familiar: 760 casos correspondieron a atenciones por violencia sexual menores de 0 a 17 años.
“Aquí en Mariátegui hay bastante embarazo de 10 a 14 años y de 14 a 19 años. Hay niñas que no conocen de educación sexual. En la escuela a veces no hay esa educación sobre la prevención del embarazo precoz”, se queja Elsa Egúzquiza, de 68 años, una de las dirigentes vecinales.
Las estadísticas le dan la razón: el distrito que habita su nieta Camila León libra una batalla silenciosa contra la desigualdad de género, la violencia y la maternidad temprana. Con 186, 739 niñas, adolescentes y mujeres jóvenes de entre 10 y 29 años, San Juan de Lurigancho (SJL) se sitúa en el centro de las estadísticas nacionales de vulnerabilidad social.
Pese a que las cifras de nacidos vivos de madres de 15 a 19 años mostraron una reducción de 51.2% entre 2019 y 2025, San Juan de Lurigancho sigue ocupando el primer lugar a nivel nacional en nacimientos dentro de este grupo etario, con 727 partos en el 2025.
En el caso de la maternidad infantil (10 a 14 años), el citado distrito ocupa el noveno lugar nacional, con 19 nacidos vivos registrados en 2025. Callería en Ucayali lidera la lista con 51 nacimientos el año pasado.
Habilidades para la vida
“Nuestro objetivo es reducir la violencia basada en género, en particular la violencia sexual. Que los embarazos de todas sean planeados y que las jóvenes adolescentes tengan los hijos que desean tener en el momento que ellos y ellas lo decidan”, afirma a la Agencia Andina Carmen Murguía, gerenta del proyecto “Liberando su potencial, avanzamos todas”, del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).
El proyecto, financiado por el Gobierno de Canadá, es la semilla de cambio que se ha sembrado en San Juan de Lurigancho para empoderar a los adolescentes -con énfasis en ellas- debido a que padecen más los estragos de uniones tempranas, agresiones sexuales y embarazos no planeados, además del peligro de convertirse prematuramente en madres.
“Lo peor que les puede pasar es que se nos mueran y esto debido a hemorragias posparto y a presiones elevadas que se llaman preeclampsia. A los 16 años, su organismo sigue en crecimiento, no solo mental, sino también físico. La pelvis de las adolescentes no es la misma que la de una mujer de 25-26 años, es más pequeña y va a dificultar el crecimiento y acomodación del bebito. Puede terminar en una cesárea y la cesárea presenta más complicaciones”.

El ginecoobstetra, ahora convertido en director general de la Escuela Nacional de Salud Pública, reveló que bebés de estas madres nacen con bajo peso, lo que deriva en problemas metabólicos por lo cual algunos terminarán en UCI neonatal.
Con más de 20 años de experiencia, el experto fue enfático al asegurar que el 95 % de embarazos adolescentes no fue deseado. “Yo puedo tener todas las sapiencias y tener el mejor plan para que las niñas sepan de sexualidad, sepan que existen métodos anticonceptivos; pero no tenemos cómo llegar a ellas, porque hay barreras que tienen que ver con el tema cultural, con lo que ellas y sus familias piensa de estos”, se lamentaba.
¿En qué consiste el proyecto en SJL?
El proyecto “Liberando su potencia, avanzamos todas”, que se implementa en seis distritos de Piura, seis distritos de Ayacucho y en San Juan de Lurigancho (Lima), tienen a las niñas, adolescentes y mujeres de 10-29 años como su público objetivo.
Carmen Murguía, gerenta del proyecto “Liberando su potencial, avanzamos todas”, del UNFPA
La propuesta parte de una idea más amplia: prevenir el embarazo adolescente requiere trabajar sobre los conocimientos, las capacidades, los servicios y las normas sociales que rodean a las menores.
El proyecto contempla educación sexual integral, desarrollo de habilidades para la vida, empoderamiento, promoción de masculinidades igualitarias, transformación de normas sociales discriminatorias y mejora de los servicios de salud para adolescentes.
Durante 2025-2026, el proyecto desarrolló acciones con la municipalidad de SJL, instituciones educativas y actores comunitarios. Se habilitó además un espacio seguro para la iniciativa “Caminemos Juntas y Seguras”; se evaluó un servicio de salud para adolescentes y se elaboró participativamente un plan de mejora. Finalmente, se transfirió la metodología de la estrategia de educadores pares.
“Ahora ella puede defenderse”
La primera intervención ocurre fuera del aula convencional. En la zona de José Carlos Mariátegui se habilitó un espacio seguro para desarrollar el programa de habilidades para la vida “Caminemos Juntas y Seguras”, con mentoras, monitoras comunitarias y lideresas locales. La selección de las participantes se realizó mediante un proceso de focalización en el territorio.
La psicóloga Aimé Romaní, quien participa como mentora, detalla que se realizó una búsqueda alrededor del espacio comunitario, visitando hogares y aplicando una encuesta para identificar a niñas y adolescentes que enfrentaban mayores riesgos o dificultades.
“Hemos ido casa por casa, tocando la puerta”, relata Rosa Muñante, dirigente comunitaria del Vaso de Leche y aliada del proyecto que ha sido bien recibido por las familias.

Rosa Muñante, una de las pioneras en abrir camino al proyecto en los barrios de San Juan de Lurigancho
Su propia sobrina, Briggithe Muñoz (16), es la muestra de que proyecto está generando cambios. “Antes era bien tímida, no hablaba en grupo. Después de la capacitación, ella ya habla, se defiende”, reveló entusiasta.
En taller de habilidades para la vida se desarrolla todos los sábados en un espacio cedido por las madres del Vaso de Leche, el cual luce ahora amueblado con cartulinas de colores en las que se fijan los avances y metas de las niñas en el camino de conocerse y aprender a tomar decisiones.
Los primeros módulos desarrollados fueron “Me conozco y me quiero” y “Me cuido y te cuido”. El plan contempla además otros contenidos, entre ellos educación financiera.
“Siento que era una persona muy cohibida, no contaba mucho mis cosas... En la parte de la autoestima, sufría un poco. Yo tenía miedo a expresarme, a dar mis opiniones, a equivocarme y que alguien se burle. Pero acá te dicen ´si te equivocas nadie se va a burlar de ti´. Ahora ya me comunico más con mi mamá, en el colegio participo más. He aprendido a decir no a lo que no quiero. Es un lugar donde tú puedes expresarte sin tener miedo a tus errores”, comenta Briggithe.
Naydelin Alejandría (16) agrega que el taller le ha permitido enfocarse más en sus cosas y lo que hará cuando termine la secundaria: “Me ha ayudado a conocerme, a tomar más decisiones y no pensar en lo que dirán los demás, a enfocarme en lo que yo pienso o en lo que yo siento”.

Para Emérita Pariona, presidenta del centro de acopio del Vaso de Leche, es fundamental llevar información clara a los hogares: “Las madres están muy satisfechas”. Considera valioso que niñas y adolescentes aprendan “cómo deben ser, cómo deben cuidarse” y reconoce que ella misma habría querido recibir información de ese tipo cuando era joven.
Un servicio de salud que escucha a los adolescentes
El segundo pilar del proyecto se enfoca en adecuar la oferta pública de salud hacia los menores, cerrando brechas de atención, con calidad y empatía. La intervención se realizó en el EESS José Carlos Mariátegui, establecimiento que atiende a una población de 6,000 adolescentes al año.
Lizzet Berrospi, socióloga y coordinadora territorial del proyecto, detalló que en 2025 se realizó una evaluación de estándares de calidad con participación de los propios usuarios: “En la evaluación de la calidad obtuvieron un 54%, siendo el ideal un 80%. A partir de ahí se priorizaron tres estándares: mayor difusión del servicio, mejora de las competencias del personal de salud y el incremento de la participación adolescente en el diseño, seguimiento y evaluación del servicio”.
El trabajo articulado con las autoridades de salud ha sido clave. María Elena Esquivel Vera, responsable de la estrategia de Salud Sexual y Reproductiva de la DIRIS Lima Centro, instancia que supervisa 64 establecimientos de salud con una población asignada de 194,000 adolescentes, analiza la importancia del marco normativo que protege a los adolescentes y las barreras existentes.
Explica que el Ministerio de Salud establece un paquete de cuidado integral del adolescente, que incluye medicina general, nutrición, evaluación oral, vacunación, salud mental y sexual, entre otros componentes. Lo más difícil es lograr que el adolescente lo complete. "Entran 100 y terminan 60 o 70", comenta.
La ginecoobstetra precisa los marcos legales que protegen a los menores: “Desde los 12 años un adolescente tiene derecho a recibir información. Desde los 14 años, según el Tribunal Constitucional y la norma de planificación familiar, tiene derecho a elegir un método anticonceptivo sin acompañante (…) sin embargo, el personal de salud a veces tiene temor a denuncias de los padres (por falta de conocimiento de las leyes(. La información sobre métodos es confidencial y el acceso a la planificación familiar es gratuito a nivel nacional”.
Tener información no adelanta el inicio sexual
María Elena Esquivel, de la DIRIS Lima Centro, destaca que los servicios deben ser amigable con los adolescentes
Resalta que la información médica no adelanta el inicio sexual: “La evidencia científica muestra que el joven accede a los servicios por curiosidad e información, y más bien la información retrasa el inicio de las relaciones sexuales”.
Las adolescentes líderes capacitadas por el proyecto han cumplido un rol activo en la validación del plan de mejora del centro de salud.
“Cuando comencé el proyecto en 2025 me sentía muy confundida... Luego entendí que iba a marcar una diferencia en mi colegio. Me ayudó mucho a abrir mi mente, romper mitos del amor romántico, aprender a poner límites y empoderarme”, relata Kiara Islachín, de la I.E. Juan Velasco Alvarado.
Kiara se muestra orgullosa de los cambios que empieza a notar entre sus compañeras de colegio
Relata que una compañera menor de edad le contó una situación de presión para iniciar relaciones sexuales. Desde su rol de brigadier escolar, le recomendó acudir a un centro de salud y recurrir a un adulto. La escolar es una muestra clara de cómo la estrategia busca que adolescentes capacitados puedan orientar a sus pares hacia servicios y fuentes de información.
En esa misma línea, Jimena Fernández, otra de las líderes escolares, destacó la trascendencia de difundir los derechos en salud dentro de las aulas y la comunidad escolar para que los adolescentes acudan sin temor a los centros de salud a resolver sus dudas.
Para ella, una de las dificultades principales fue encontrar la manera de comunicar información sobre sexualidad y cuidado en entornos donde estos asuntos continúan siendo tabú.
El peligro de las ITS
María Elena Esquivel sostuvo que los adolescentes se acercan al servicio por curiosidad. No significa que quieran necesariamente tener relaciones sexuales. Temen que alguien difunda lo que consultan.
“Quien recibe orientación oportuna, retrasa el inicio de las relaciones sexuales y ese es el objetivo. El inicio de la vida sexual trae como consecuencia no solo un embarazo, sino también el riesgo de las infecciones de transmisión sexual (ITS), algo que estamos viendo actualmente. Se han incrementado las ITS en la población joven. Por ejemplo, la sífilis está yendo en aumento. Los adolescentes deben conocer los riesgos de empezar tempranamente las relaciones sexuales”.
Cuando el conocimiento pasa de adolescente a adolescente
La semilla del cambio en San Juan de Lurigancho también ha sentado raíces en las aulas del I.E. Antonia Moreno de Cáceres, ubicada en la zona de Mariscal Cáceres, y hasta donde se ha llevado la Educación Sexual Integral (ESI) mediante la estrategia de educadores pares.
El principio es sencillo: formar adolescentes con potencial de liderazgo para que puedan compartir información con otros estudiantes de su propia edad. No se trata de convertirlos en profesionales de la salud, sino de fortalecer sus capacidades para dialogar con sus pares y brindar información basada en lo aprendido, identificando también cuándo corresponde acudir a un adulto o a un servicio.

“Buscamos que los adolescentes manejen términos como consentimiento, autoconocimiento y autocuidado desde un enfoque lúdico... La metodología sigue cuatro pasos: visibilizar (con juegos), reflexionar (¿me pasa a mí?), hacer más (proponer acciones de cambio) y cerrar desmitificando. No entramos con teoría, sino desde la experiencia”, explica Lizzet Berrospi.
Los chicos van incorporando los conceptos desde el juego, para ello cuentan con un kit pedagógico "Jugamos, Aprendemos, Transformamos", compuesto por 28 juegos interactivos distribuidos en siete ejes temáticos, entre ellos mitos del amor romántico, estereotipos de género, diversidad sexual y cambios en la pubertad.
“Tratamos mitos del amor romántico, como normalizar los celos o revisar el celular de la pareja... Antes yo era más tímida, pero al despertar este liderazgo he tenido más facilidad de palabra. Me gustaría que en el colegio se eliminen los prejuicios y estereotipos sobre la mujer”, comenta Jhade Jaqui (15).
Jhade es una de las líderes escolares convertida en educadora de pares en su aula
Luana Acuña (14) destaca que ha aprendido sobre situaciones de violencia y cómo poner sus derechos en primer lugar. “En las réplicas fue bonito ver que nadie se reía, que hacían preguntas. Incluso con los niños de primaria trabajamos estereotipos de género. Un niño me dijo: 'Escuché que los hombres no lloran, pero nosotros somos humanos y tenemos que llorar’, me comentó”.
Para Elizabeth Montes, de las filas de la organización Manuela Ramos, socia implementadora de las capacitaciones ESI en la escuela; las dinámicas lúdicas abren espacio para discutir temas complejos sin tabúes, logrando que los propios alumnos aborden a sus compañeros con empatía y sustento, sin dejar de lado a los varones que son piezas fundamentales del cambio.
“Al principio estaba desorientado, no sabía tantas cosas, como si era normal cambiar de una emoción y pasar a otra totalmente diferente. Tampoco sabía sobre cambios físicos y biológicos, como el crecimiento de vellos. Pero ahora que entré al programa estoy capacitado para orientar a otros compañeros sobre sexualidad, pubertad, identidades de género. Mi mamá dijo que estaba bien que siguiera en ese programa porque aprendí mucho. Muchos chicos son tímidos o les da vergüenza hablar de sexualidad, pero estos aprendizajes hacen que te sientas seguro, que no piensen que todo el mundo te está observando, sino que descubras que puedes brillar, demostrar al mundo de lo que eres capaz. Ahora me siento más seguro de mí mismo”, destaca Dayiro Aguilar (13), uno de los educadores pares más jóvenes del proyecto.

Dayiro destaca que la ESI le ha ayudado a entender su cuerpo y los cambios que experimenta
Hasta la fecha se han formado 33 adolescentes. La participación está abierta a hombres y mujeres, aunque hay más mujeres. El año anterior, las réplicas realizadas en el colegio alcanzaron a 239 adolescentes. Para la siguiente etapa, el proyecto transfirió la metodología a los docentes, de manera que sean ellos quienes identifiquen y formen nuevas generaciones de líderes.
El rol del cuerpo docente ha sido fundamental para consolidar la estrategia de la ESI en la currícula escolar. Rosanna Martínez, profesora de tutoría por casi 20 años valora los cambios observados en el aula.
“El programa es muy interesante porque a través del juego el estudiante tiene la libertad de abordar temas que no se hablan libremente en la familia. A mí misma la capacitación me hizo cuestionar mis propias creencias e ideas sobre identidades de género y roles de hogar. Los docentes necesitamos dar conceptos científicos y médicos en la escuela”.
Afirma que ha notado mayor resistencia en los padres. “Ellos piensan que la educación sexual solo es enseñar métodos de protección, pero no es así. La educación sexual es más amplia, enseñamos la parte biológica, la parte emocional, social. Considero que este tipo de información es necesaria en las escuelas, porque los chicos suelen recibir información de fuentes falsas. En cambio aquí nosotros como docentes, con el apoyo de la posta, damos esos conceptos científicos, seguros para ellos”.
El desafío de sostener lo aprendido
El propio proyecto plantea como meta el fortalecimiento de políticas y marcos financieros que aseguren el sostenimiento de lo aprendido, la mejora del acceso y uso de servicios de salud, educación, protección y justicia para los adolescentes.
“Este proyecto no es del Fondo de Población, no es de Canadá ni del socio implementador, Manuela Ramos; es un proyecto de las comunidades, de los gobiernos locales y de las instituciones que son las contrapartes principales: salud, educación, justicia y protección”, explica Carmen Murguía.
Agrega contundente: “No vamos a reducir el embarazo ni la convivencia temprana ni la violencia con un proyecto de 5 ni de 7 años, sino con la inversión del Estado para darle prioridad política a estas problemáticas”
Gregor von Medeazza, representante del UNFPA en el Perú, reconoce que hay avances en la materia, pero advierte que no son homogéneos.
“Lo que vimos en los últimos 3 años es bastante notable en términos de la reducción del embarazo de adolescentes al nivel del país. En 2023 tuvimos una tasa de 9%, al 2024 tuvimos una tasa de 8.4% y el año pasado, gracias a la Endes con el Censo, tenemos nueva evidencia de que estamos en 7.4%. (…) dicho esto, las brechas todavía siguen siendo preocupantes. El embarazo adolescente sigue siendo más rural, tres veces más que en las zonas urbanas. La selva registra 14% de embarazo adolescente”.

“Esta semana justamente está dedicada a la prevención de embarazo adolescente. En su discurso apertura, la misma presidenta Keiko Fujimori hizo referencia a esto como una prioridad de la nación. Mencionó también en las Naciones Unidas la importancia de la educación con una respuesta total, integral. Este cambio tiene que empezar con el comportamiento social, incluyendo a los varones, que sea un tío, un hermano, un primo, un vecino quienes formen parte de este proyecto, de las masculinidades positivas y claro que tenemos muy buenos ejemplos”.
Consciente del panorama electoral que vive el Perú, alentó a los candidatos a revisar la data del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) para visibilizar esta temática en sus proyectos políticos.
Gregor von Medeazza, representante del UNFPA en el Perú, confía en la sostenibilidad del proyecto a largo plazo
Carmen Murguía destaca que los jóvenes quieren que la situación cambie, pero necesitan el apoyo de las autoridades, de las comunidades, de las familias. “Los papás, las mamás también tienen que involucrarse para que todos juntos podamos cambiar esta situación. Ellos están demostrando que sí es posible salir adelante y ellos son los y las protagonistas de estos cambios que se están generando en el proyecto para contribuir a reducir el embarazo”.
“Es un mito pensar que hablar de sexualidad en el ámbito escolar aumenta el riesgo de embarazo en adolescente. Es exactamente lo contrario. A nivel global tenemos data muy clara. Un estudio que la UNFPA lideró a nivel regional demostró que, por cada sol o dólar invertido en el tema, hay un retorno de 15 a 40 veces la misma inversión; mientras que el costo de oportunidad perdido (debido a embarazos adolescentes en el país) supera los mil millones de soles, que es más o menos el IGV del sector minero el año anterior”.
La semilla del cambio adolescente, con proyectos de vida fuertes, libres de violencia y embarazos no deseados ha empezado a echar raíces en esta comunidad educativa y sanitaria de San Juan de Lurigancho. Los involucrados esperan que, en poco tiempo, se conviertan en ejemplo para otras localidades, y no se abandonen como parte de un jardín exótico que creció en medio del desierto limeño.
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JRA
Publicado: 24/9/2026