Compartimos el último artículo publicado por el recientemente fallecido compositor Manuel Acosta Ojeda en la edición del 17 de mayo del diario oficial El Peruano titulado "Mi pueblo son muchos pueblos".
En mi más reciente cumpleaños, familiares, amigos y compañeros me pidieron unas palabras. Respondí diciendo: “Solo quise llenar el corazón de mi pueblo de música, de buena música.”
En este caso, decir “mi pueblo” es lo mismo que decir “mis pueblos”. La vida ensanchó mi corazón al tamaño de América Latina, nuestra patria grande, y aún más allá, con todos los pueblos del mundo, cuyas luchas y cantos tuve el privilegio de conocer y amar. Pueblo es humanidad.
Compañerismo
Uno de estos ensanchamientos del corazón más importantes en mi vida fue hacia dentro. Había regresado de Europa, lo que me permitió constatar el abusivo trato de las disqueras en el Perú.
Al reclamar esta situación, fui vetado de hecho por los sellos, que no solo no me grababan, sino tampoco a ninguna composición mía cantada por otro, como me confió Roberto Tello.
Este silenciamiento implícito terminó siendo una bendición. Buscando espacios, ingresé al Sindicato de Artistas Folklóricos, donde llegué a ser secretario de Defensa.
Compartí con grandes músicos como el ayacuchano Jaime Guardia, el gran violinista huancaíno Zenobio Dagha y los cusqueños Alberto Rodríguez, patriarca de la familia Rodríguez; y Luis Durán, fundador del grupo Sol del Perú.
Entablé entrañable amistad y compañerismo de lucha con Ernesto Sánchez, el ‘Jilguero del Huascarán’. Tenía un enorme carro con el que recorrimos interminables localidades andinas, un viaje tan geográfico como espiritual.
Iniciativa de difusión
Venciendo carencias y dificultades, junto con el periodista Antonio Muñoz creamos la revista de arte popular Coliseo, referencia al Coliseo Nacional, verdadero refugio limeño de la música andina.
Escribían intelectuales de la talla de Juan José Vega, Josafat Roel, César Pajuelo y César Lévano.
Algunos creían que se trataba de un cancionero y nos reclamaban cuando, después de comprarla, veían que era un intento por demostrar la importancia de lo popular.
Así entró en mi obra el regalo del mundo artístico y social andino, y desde entonces engalana mis canciones, mis reflexiones y mis luchas sociales.
Un esfuerzo de integración cultural imprescindible. Se necesita de un compromiso limpio y valiente, como lo describió nuestro Juan Gonzalo Rose en los versos que dicen:
Mi propio corazón al paredón si se pasa al enemigo /Mi propia poesía al paredón / Si no quiere cantar lo que le digo.
Valse Mi familia
Mi familia fue muy grande
Padres abuelitos tíos
De la costa y del Ande
Todas las sangres un río.
Pero había otras familias
Pequeñas por desunidas
Que no supieron la dicha
De compartir la alegría.
A mi familia por eso
Todo mi tiempo le brindo
Cultivando beso a beso
Sueños posibles y dignos.
(FIN) MAO / ECG
Publicado: 20/5/2015