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Andina

Ucrania en directo: entrevista de Andina es cortada en vivo por explosión en Kiev (Video)

Crónica de un enlace televisado, desde un lugar cercano a la capital ucraniana, que terminó de manera abrupta

Vivir en medio de una guerra es una de las pruebas que Miguel Ángel Capuñay Reátegui y su familia tienen que pasar en Ucrania. Foto: Captura de pantalla

Vivir en medio de una guerra es una de las pruebas que Miguel Ángel Capuñay Reátegui y su familia tienen que pasar en Ucrania. Foto: Captura de pantalla

18:25 | Lima, feb. 24.

Por: Luis Iparraguirre

El abogado Miguel Ángel Capuñay Reátegui es un peruano que vive con su familia en el pueblo de Joreniche, a 20 minutos de Kiev, la capital de Ucrania, país sacudido desde ayer por una operación militar que podría derivar en un conflicto de proporciones mayúsculas.



Miguel Ángel se había comprometido con la Agencia Andina para una entrevista en la que debía narrar detalles de esta incursión militar rusa, desde el valioso punto de vista de un civil migrante en una zona de conflicto.


Luego de sortear algunos imprevistos (la entrevista estaba pactada para la mañana de Perú, pero se trasladó a las 3:00 de la tarde), Capuñay Reátegui se pudo conectar para el diálogo con el autor de esta crónica.

En la madrugada del jueves 24, el trabajo en la Agencia de Noticias Andina se había prolongado hasta cerca de las 2:00 y se reanudó muy poco después, a las 3:00 de la mañana. 

La noticia lo ameritaba: una incursión militar de Rusia que iba a tener una respuesta inmediata de otras potencias militares, como Estados Unidos. En el mundo, muchos temían que podría tratarse del inicio de una tercera Guerra Mundial.


Tras un largo día laboral, Miguel Ángel y yo nos encontrábamos sentados en nuestras casas para protagonizar una de las entrevistas más impactantes de mi vida profesional

La conversación inició sin sobresaltos.

De pronto, cuando nada hacía presagiar que la entrevista podría salir de su rumbo normal, se escuchó un estruendo, como un estallido que debió sentirse con más fuerza en la casa de Miguel Ángel que en la mía, aquí en Lima.

En segundos, un familiar de Capuñay apagó las luces y empezó “el protocolo”. Miguel Ángel cortó la entrevista al aire y explicó que debía refugiarse en un sótano con su familia. La tensión, el espanto, el apuro y la clara sensación de que algo más grave podía ocurrir se apoderó del ambiente.

¿Qué universidad te enseña a lidiar, periodísticamente, con la posibilidad de un ataque militar en vivo? ¿Qué colega más antiguo (de esos a quienes llamamos maestros) puede enseñarte a no titubear frente a la posibilidad de que una familia (o muchas) mueran por un bombardeo ante tus ojos?

Le agradecí por su generosidad. Le sugerí que se pusiera a salvo. Pedí a Dios por su integridad y la de su familia. No sé de dónde saqué las oraciones que recité para despedir el programa y me quedé sentado con las dos manos en el rostro por lo que había sucedido.

Luego de dejar de temblar y de secar un par lágrimas que se colaron con fuerza por entre mis dedos, pude abrazar a mis hijos y decirles que los amaba. Y, en silencio, agradecí vivir en el Perú, un país que, por más problemas que tenga, no expone a sus ciudadanos a una estúpida guerra. 


Dios bendiga a Miguel Ángel Capuñay Reátegui y a toda su familia. Dios bendiga a los civiles quienes, sin querer, se encuentran en medio de balas, cohetes, minas y discursos bélicos. Dios cuide a los niños. Dios cuide a todos aquellos que no tienen voz. Amén. 

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(FIN) LIQ

Publicado: 24/2/2022