A pesar de su corta edad, tres niñas se están abriendo paso en el mundo de la ciencia gracias a su curiosidad, su deseo de ayudar a los demás y a su capacidad de explicar con claridad los fenómenos de la naturaleza. Ellas son las ganadoras del concurso “Investigadora científica por un día”, una iniciativa organizada por el Instituto Geofísico del Perú (IGP) que, en el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se celebra cada 11 de febrero, busca inspirar a más niñas a mirar el cielo y la tierra desde lo científico.
Este es el primer concurso de este tipo que organiza el IGP, organismo público del Ministerio del Ambiente (Minam). Se convocó a niñas de 8 a 12 años de todo el país y en total participaron 70. El requisito fue grabarse un video explicando algún fenómeno natural y enviarlo al concurso.
“Creo que la respuesta ha sido muy positiva. Había niñas incluso más pequeñas que tienen interés en la ciencia. Sabemos que para las ciencias no hay edad. En esta oportunidad, hemos elegido a las tres niñas que respondieron mucho mejor”, dijo a la agencia Andina el Dr. Hernando Tavera, jefe institucional del IGP, quien estuvo acompañado de la viceministra del Minam, Romina Caminada Vallejo.
Tavera contó que uno de los videos que más lo conmovió fue el de una niña de Espinar (Cusco), quien, vestida con su traje típico andino, preguntaba por qué los rayos pueden matar a las personas y qué se podría hacer para evitarlo.
Jefa del IGP por un día
Micaela Vera Alegre tiene 10 años y este 2026 pasará a quinto grado de primaria. Desde los seis años mira el cielo con fascinación. “Quiero aprender más temas para estar preparada y no asustarme tanto”, cuenta con seguridad.
Su video -primer puesto del concurso- trató sobre las tormentas solares. Explicó cómo el Sol puede expulsar materia al espacio y cómo los cambios en sus polos magnéticos influyen en estos fenómenos. Preparó su discurso ella misma, en tiempo récord porque se enteró un día antes.
Su mamá, Laura Alegre, recuerda que el día anterior estuvieron buscando alguna actividad referida al espacio porque a su hija le gustan mucho las constelaciones. “Sabíamos que el IGP tenía un planetario y, buscando las fechas, encontramos el concurso. Ella me dijo ‘mamá, voy a hablar sobre las tormentas solares’. Hizo su video sola y lo enviamos de un día para otro. Fue muy rápido. Cuando nos avisaron que había ganado, estábamos felices”, dijo orgullosa de su hija.
Laura es bióloga especializada en temas ambientales, y reconoce que en casa la ciencia es parte de las conversaciones cotidianas. “No es un tema ajeno a nuestra familia. Pero lo más importante es que estos espacios empoderan a las niñas. En nuestro país la brecha en el ámbito científico aún es grande. Necesitamos que más niñas sepan que pueden dedicarse a esto y aportar al desarrollo del país”.
Micaela, por su parte, pareciera tenerlo claro: “Yo quiero ser astrónoma. Me gustan las estrellas y las constelaciones. Les diría a las niñas que sigan sus sueños, que nada les puede impedir lograr lo que quieren ser”.
Sin celular ni tablet
Andrea Jiménez Sierra tiene 10 años y estudia en San Juan de Miraflores. Su curiosidad por la ciencia nació entre libros. “Leyó un libro de Carl Sagan y le pareció interesantísimo”, cuenta su madre, Rosario Sierra. “A través de la lectura desarrolló el pensamiento crítico. Lee libros de más de 300 páginas”.
En casa tomaron una decisión poco común en estos tiempos: Andrea no usa celular ni tablet. Solo emplea la computadora para tareas escolares una o dos veces por semana. “Creemos que eso ha desarrollado más su imaginación y creatividad”, señala Rosario. “El compromiso de los padres es clave. No se trata de obligarlos a leer, sino de que encuentren placer en hacerlo”.
Cuando se enteró del concurso, Andrea no dudó en participar. “Es competitiva”, dice su madre entre risas. “Escribió su texto y grabó su video”. Su padre trabaja en el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN), lo que también alimenta las conversaciones científicas en casa.
Andrea centró su video en los sismos y en cómo la ciencia puede ayudar a predecirlos para salvar vidas. “Me interesa mucho cómo la ciencia puede ayudar a las personas. Me gustaría que avance más para saber cuándo va a pasar un sismo”, explica.
La experiencia de ser investigadora científica por un día la ha marcado profundamente. “Lo que más me gustó fue la charla de las científicas mujeres. Ahora me siento más inspirada para seguir la carrera de ciencias”, afirma. Y deja un mensaje para otras niñas: “Que confíen y no guarden sus sentimientos por la ciencia. Si yo me esforcé para hacer mi video, ellas también pueden ser científicas por un día”.
Todo empezó con un temblor
Francesca Sofía Medina tiene apenas 8 años y cursa el tercer grado de primaria en el colegio José Abelardo Quiñones. Su interés por la sismología comenzó luego de un temblor ocurrido el año pasado. “Preguntó cómo se generan los sismos y desde entonces no ha dejado de investigar”, cuenta su mamá, Martha Sofía Medina, ingeniera ambiental.
“Ella es una niña muy curiosa, siempre pregunta. Este concurso nos cayó perfecto porque la motivó a seguir investigando y a explicar qué es un sismo en su video”, relata.
Francesca habló sobre terremotos, temblores y el movimiento de las placas tectónicas. “Quiero ser científica para aprender los movimientos de los temblores y cuidar al planeta y a las personas”, dice con convicción.
Para su madre, estos espacios son fundamentales: “Hay muchos prejuicios sobre las niñas en carreras de ingeniería. Cuando ellas descubren todas las posibilidades que existen, se despierta una curiosidad increíble que las empodera”.
Tras un día entre laboratorios, preguntas y descubrimientos, las tres niñas regresan a casa con ideas sobre sismología, geofísica, meteorología, oceanografía, vulcanología y radares que procesarán en las siguientes semanas. Están ansiosas por contar en el colegio cómo fue compartir un espacio con científicos como Hernando Tavera, al que solo veían en televisión cada vez que ocurre un temblor. Hoy ya no son figuras lejanas: tienen voz, rostro y, quizá, el poder de sembrar una vocación que recién empieza.
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