La danza K’ajchas, de la comunidad campesina de Urinsaya, en Puno fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de cultura (Mincul) por considerársele una expresión cultural enraizada en la cosmovisión andina cuya práctica permite a la referida colectividad celebrar su herencia y diversidad cultural, reafirmar su identidad local y cohesionar a su población.
La decisión se formalizó mediante la
resolución 000132-2026-VMPCIC/MC del Viceministerio de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales del Mincul, que aparece publicada en la separata de normas legales del Diario Oficial El Peruano, en su edición de hoy.
Esta manifestación cultural se desarrolla en la actualidad en la comunidad campesina de Urinsaya, del distrito de Crucero, ubicado en la provincia puneña de Carabaya. Se trata de una zona altoandina, situada a 3900 metros de altura sobre el nivel del mar, que “comprende profundos valles, mesetas, cumbres nevadas, formaciones rocosas, bofedales y lagunas altoandinas”.
Se indica que dicho colectivo continuó desarrollando prácticas culturales, económicas y sociales provenientes de las culturas Puquina, Kallawaya, Pukará, Tiwanaku e Inca. Entre estas se encuentra la danza K’ajchas, conocida localmente como Urinsaya Ayllu K’ajchas o K’ajcha tusuy.

Detalles de la danza
En tal sentido, se considera que la práctica de esta expresión musical fortalece “la identidad y la transmisión intergeneracional de la memoria y la espiritualidad de la comunidad campesina de Urinsaya”.
Ella “está estrechamente vinculada con la cosmovisión andina, los ciclos agrarios, el agradecimiento a la madre tierra o Pachamama, la relación con los apus o deidades tutelares de la comunidad, y la reafirmación del ayllu o comunidad como unidad sociocultural”, se señala.
Su continuidad y vigencia fue posible “gracias a los mecanismos de transmisión oral y vivencial descritos; así como por el afianzamiento de cargos civiles, como los de teniente gobernador o de presidente de la comunidad campesina y de roles organizativos tradicionales como el ayllu tayta mama”.
Cada 20 de enero, la danza K’ajchas se pone de manifiesto en la festividad de San Sebastián, santo patrón del distrito de Crucero. Se trata de una expresión cultural que “se practicaba en el periodo colonial, pues el culto a su santo patrón fue adoptado de manera oficial en el siglo XVII”.

Historia de una tradición
Esta danza fue asociada con esta festividad en un momento en el que las comunidades nativas “optaron por reconfigurar sus prácticas agrícolas rituales autóctonas encubriéndolas bajo formas religiosas católicas con la finalidad de que no sean erradicas por las autoridades coloniales que impulsaban el proceso de evangelización en el Nuevo Mundo”, se indica.

Durante el periodo republicano, la danza K’ajchas también se vinculó a otras actividades relacionadas con el ciclo anual, como las celebraciones del taripakuy, el liwacuy y los carnavales. La primera se realiza entre noviembre y diciembre de cada año, antes de la temporada de lluvias, y la referida danza se ejecuta como augurio climático, evocando al viento, la lluvia y el trabajo.
El liwakuy, a su vez, es un ritual de agradecimiento por la cosecha que se realiza entre mayo y junio de cada año, en el que se ofrecen productos a la Pachamama y a los apus. En ella, la danza K’ajchas se ejecuta en las parcelas cosechadas, invocando la continuidad de la fertilidad y la protección frente a plagas o sequías.
Los carnavales, por su parte, son celebrados entre febrero y marzo, y representan un espacio de liberación simbólica y reordenamiento del tiempo social. En ellos, esta danza asume un carácter festivo, ejecutándose en calles, plazas y caminos, acompañada por quenas, pinquillos, tampuras o tambores y cantos en quechua, y por coreografías que expresan la unión del ayllu.
Se indica que en el presente siglo la danza K’ajchas ha sido integrada a espacios festivos modernos, como los festivales de danzas Allinqhapaq Raymi y Tinajani, y la Festividad de la Virgen de la Candelaria, afiliándose de manera a la Federación Regional de Folklore y Cultura de Puno.

Para el Mincul, esta vigencia “muestra la revitalización de la danza a través de la activa participación multigeneracional de la población de Urinsaya, pues niños, jóvenes y adultos asumen roles como danzantes, músicos, guías rituales y portadores del saber coreográfico, lo que contribuye con la transmisión cultural de la manifestación cultural”.
Roles e identificación
Uno de los roles tradicionales en esta danza es el del ayllu tayta mama, ejecutado por dos adultos mayores, hombre y mujer, que simboliza a la autoridad espiritual dual en el contexto festivo. También está el Hatun tusuq, danzante mayor o guía principal de la danza, y los tenientes de danza que son autoridades delegadas por la comunidad para reunir a los danzantes.
Otro rol es el de las mamachas de trenzado y vestimenta, encargado a mujeres mayores para adornar los atuendos de los danzantes y acompañarlos durante los cantos. Otra autoridad tradicional es el pago o guía espiritual, que tiene la responsabilidad ritual de bendecir la vestimenta de los danzantes, encender los sahumerios y realizar las ofrendas a la Pachamama.
En cuanto a la música, la que acompaña a la danza K’ajchas “es un lenguaje sonoro ceremonial heredado por tradición oral de manera generacional, mediante el cual se establece un diálogo espiritual con la Pachamama, los apus tutelares de la comunidad campesina y los ancestros”, se indica.
Este repertorio “se guarda en la memoria colectiva de la comunidad y de los músicos mayores, quienes lo transmiten a las nuevas generaciones”.
Declaran Patrimonio Cultural de La Nación a La Danza, Música y Canto Qhashwa by Fidel Gutierrez
(FIN) FGM/MAO
JRA
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Publicado: 7/5/2026