Cuando un hijo pierde a su madre, se convierte en huérfano. Pero cuando una madre pierde a una hija, no existe en el idioma castellano una palabra capaz de nombrar ese dolor. En medio de esa inmensa tristeza, Marcia Rubira Rodríguez encontró la fortaleza necesaria para cumplir la última voluntad de Luciana: donar sus órganos y brindar una nueva oportunidad de vida a quienes más lo necesitaban.
La mañana del 7 de noviembre de 2022 quedó marcada para siempre en la memoria de Marcia. Aquel día, su hija Luciana Nicole Munayco Rubira, una joven profesional apasionada por el marketing y la administración, empezó a sufrir intensos dolores de cabeza, luego de varios años enfrentando una enfermedad autoinmune, trastorno en el que el sistema inmunitario ataca por error las células y tejidos sanos del propio cuerpo al confundirlos con amenazas externas.
La enfermedad apareció cuando Luciana Nicole se encontraba embarazada. Tres años después, sufrió un derrame cerebral que obligó a trasladarla de emergencia a un hospital, donde los médicos confirmaron el devastador diagnóstico: muerte cerebral.
Maritza reconoce que sintió miedo frente al trasplante de órganos y su primera respuesta fue negativa. Sin embargo, en medio de la tristeza, las conversaciones familiares sobre la posibilidad de respetar la voluntad de Luciana comenzaron a darle claridad. El esposo, las sobrinas y otros familiares recordaron que la joven había hablado en varias oportunidades sobre su deseo salvar vidas a través de la donación de órganos.
"Ella decía que quería donar todos sus órganos e incluso sus tejidos. Esa era su decisión. Además, en su DNI figuraba que sí era donante de órganos", cuenta su madre. Esa certeza ayudó a que la familia decidiera respetar la voluntad de la joven. Minutos después, se firmaron los documentos que permitirían iniciar el proceso de donación.
Gracias a esa decisión, Luciana donó sus dos riñones, el hígado y las córneas, devolviendo esperanza a cinco personas que esperaban una nueva oportunidad de vida. Para su madre, aunque el dolor sigue presente, existe también un profundo consuelo. "Pienso que en algún momento puedo encontrarme con ellos y volver a encontrar a mi hija”, dice emocionada y con mucha esperanza.
Luciana había estudiado Administración de Empresas y Marketing y trabajaba en el banco BCP desde que cursaba el sexto ciclo de la universidad. Su madre relata que fue una joven alegre, colaboradora y llena de sueños. Pese a las complicaciones médicas que enfrentó durante tres años, nunca dejó de trabajar ni de seguir adelante junto a su pequeña hija, hoy con siete años.
Una voz que promueve la donación
A casi cuatro años de aquella despedida, Marcia se ha convertido en una voz que promueve la donación de órganos y tejidos en el país. En el Día Nacional del Donante Voluntario de Órganos y Tejidos, que se conmemora hoy sábado 23 de mayo, hace un llamado a las familias peruanas a conversar sobre este tema antes de enfrentar una situación límite.
"Las familias deben hablar de esto porque puede pasarle a cualquiera. En esos momentos de dolor es muy difícil decidir, pero también debemos pensar que nuestros seres queridos pueden seguir viviendo en otras personas", reflexiona su madre.
Mientras acaricia el cuadro de Luciana, Marcia sonríe al recordar la personalidad de su hija: dinámica, solidaria y siempre dispuesta a ayudar. "Era un ángel", dice con orgullo. Y aunque su ausencia sigue doliendo, hoy encuentra fortaleza en saber que una parte de ella continúa latiendo en otras vidas.