Por Dany SeminarioHoy se presentaron los tres primeros puestos del examen de admisión UNI-2026, los cuales apenas rozan la mayoría de edad. El primer puesto, Ángel Hans Vilca Caqui (17); el segundo, Piero Alessandro Ormeño Olivera (17); y el tercero, Breyner Ágreda Juárez (18). Tres historias distintas, pero una misma constante: juventud y alto rendimiento en uno de los exámenes más exigentes del país.
Prácticamente se ha convertido en una tradición que la mayoría de ingresantes a esta exigente casa de estudios tengan más de un año preparándose, luego de culminar la secundaria. Es infrecuente que quienes ocupen los primeros lugares recién hayan dejado el colegio.
Ángel Vilca, cachimbo de la carrera de Ingeniería de Software, no solo celebró ocupar el primer lugar del cómputo genera, con un puntaje de 1692; con este temprano triunfo consolidó un proyecto de vida que comenzó en la infancia.
"Ingresar a la UNI es un gran mérito por el prestigio que tiene y por la dificultad de su examen”, afirmó para la Agencia Andina. Agradeció a sus padres, amigos y profesores que contribuyeron en su preparación desde muy pequeño.
La idea de ingresar a la UNI no nació espontáneamente. En casa de Àngel, la ingeniería no era un tema desconocido. Su padre, Ángel Martín Vilca, ingresó en 1989 a la Facultad de Ingeniería Eléctrica y Electrónica. Décadas después, el joven de 17 años continuaría con la saga familiar de ingresar a la misma casa de estudios.
“Orgulloso y emocionado. Aunque ya se veía venir. En los primeros exámenes había alcanzado el primer y segundo puesto y en la última fase llegó a casa con bastante certeza de que iba a obtener un veinte”, confesó el padre.
Y es que durante su preparación rindió exámenes en otras universidades como San Marcos, Agraria La Molina y Callao, como parte de su entrenamiento donde obtuvo también destacados resultados.
La celebración será con un almuerzo familiar. Sin embargo, el verdadero festejo de sus padres será ver a Ángel iniciar una nueva etapa académica en la misma universidad que marcó la vida profesional de su padre.
Dejó su tierra natal para seguir sus sueños
En el proceso de admisión 2026-I, Piero Alessandro Ormeño Olivera alcanzó 1647.6 puntos logrando obtener el segundo puesto a nivel general y en la carrera de Ingeniería Mecatrónica, convirtiéndose en uno de los mejores del examen. Pero detrás de este logro se oculta los sacrificios que tuvo que realizar para seguir sus sueños.
Piero vivía con sus padres en Chiclayo, pero el año pasado dejó su tierra natal para vivir con su hermana mayor en Lima y así culminar su preparación en el colegio Saco Oliveros. El cambio implicó separarse de sus padres y adaptarse a una nueva rutina. “Fue un sacrificio enorme que hoy en día ha dado frutos”, dijo.
A la distancia, sus padres reforzaban ese respaldo a través de constantes videollamadas. Su madre, Narci Olivera, manifestó que la semana del examen los nervios siempre estuvieron. “Yo sabía que iba a ingresar porque veía su preparación y su sacrificio día a día. El esfuerzo valió la pena”, señaló con una enorme sonrisa.
Hoy, el joven chiclayano que dejó su hogar para perseguir un sueño inicia una nueva etapa en una de las carreras con mayor proyección tecnológica del país. Su historia refleja no solo talento académico, sino también resiliencia, disciplina y la convicción de que los sacrificios, cuando tienen propósito, encuentran recompensa.
Los mejores ingenieros son de la UNI
El 11 de febrero, días antes del examen de admisión, Breyner Alixter Ágreda Juárez cumplió la mayoría de edad y hoy ocupa el tercer en Ingeniería Electrónica y se ubicó entre los más altos del cómputo general alcanzando 1576.2 puntos. Para él, postular a la UNI fue una total locura.
Breyner no es hijo de ingenieros. Su madre, Janeth Juárez de la Cruz, es ama de casa; su padre, Breyner Ágreda Polo, sale a recorrer las calles de Lima como taxista buscando pasajeros para lograr sostener a la familia.
“Venimos de familias muy humildes. No hemos tenido mucho, pero desde que nació él (Breyner) llegaron las bendiciones. Él es nuestro motor y motivo”, contó el padre con emoción. El joven cursó estudios en el colegio estatal Fe y Alegría, en el distrito de Comas. Cuando les contó a sus padres que quería postular a la UNI, su reacción inicial fue sorpresiva.
“Le dije: es una idea muy loca, ahí están los loquitos. Y él me respondió: entonces yo soy loquito”, contó el padre entre risas. Lejos de desanimarlo, lo respaldaron con una condición clara: prepararse con rigor. Así llegó al grupo de estudios del profesor Michael Cueto, donde se formó durante un año.
La disciplina, elemento que marcó la diferencia
A diferencia de otros postulantes que sacrifican el descanso, Ángel procuró dormir ocho horas para lograr un estado saludable psicológicamente. Su rutina era intensa: jornadas escolares de 8 de la mañana a 6 de la tarde, incluidos sábados, y refuerzos nocturnos en casa. La vida social quedó reducida al mínimo durante la secundaria, narraron sus padres.
Piero reconoció que su preparación incluyó varias noches sin dormir, además de dedicar entre tres y cuatro horas adicionales a reforzar teoría y práctica en casa luego del colegio. Aunque procuraba fijar una hora mínima para descansar, el sacrificio siempre estuvo presente como las reuniones familiar que quedaron en segundo lugar. El objetivo era claro: ingresar a la UNI.
Mientras que, en el caso de Breyner, buscaba libros virtuales y material en PDF para reforzar teoría, así como resolver exámenes completos bajo condiciones reales. “Encerrarte tres horas… o en el caso de la UNI, nueve horas. A veces hacía los tres exámenes en un solo día. Ahí realmente sabes en qué nivel estás”.
Tres historias distintas, tres contextos familiares diferentes —desde hogares con tradición universitaria hasta familias humildes sin antecedentes en ingeniería—, pero un mismo resultado: ocupar la cima del proceso más exigente del país antes de cumplir los 18.
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(FIN) DSC/KGR
Publicado: 27/2/2026