Informe: Hacia un PBI que tenga impacto multidimensional cabal

Nuevo indicador estructural identifica a 6.2 millones de pobres invisibles

Acceder a servicios de salud es fundamental. ANDINA/archivo

Acceder a servicios de salud es fundamental. ANDINA/archivo

08:09 | Lima, feb. 2.

Por William Rios Rosales

La medición del éxito económico en el Perú ha entrado en una fase de necesaria sofisticación. Durante décadas, la pobreza monetaria ha sido el barómetro exclusivo de éxito, pero las cifras del reciente Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) revelan una realidad mucho más compleja y urgente.

Bajo el liderazgo del director de la Carrera de Economía de la Universidad de Lima, Guillermo Boitano, el Observatorio Económico, Financiero y Social presentó un diagnóstico que sitúa al país ante un imperativo histórico: transitar hacia una gestión pública basada en la precisión técnica y la evidencia real. 

Este cambio de paradigma no es opcional; es la única vía para que el crecimiento del producto se traduzca en una prosperidad palpable y no se pierda en los laberintos de la ineficiencia operativa, señala informe publicado en el Suplemento Económika del Diario El Peruano.

Vulnerabilidad


La propuesta, fundamentada en la metodología de la Universidad de Oxford, demuestra que el mapa de la vulnerabilidad en el Perú no es un fenómeno único, sino un conjunto de realidades que rara vez se superponen. 




El dato es revelador, y a la vez alarmante, es que más de 10 millones de peruanos –un tercio de la nación– enfrentan privaciones estructurales en salud, educación, vivienda o conectividad. 

Lo más punzante del análisis es la identificación de un “segmento invisible”: un 18% de la población (aproximadamente 6.2 millones de ciudadanos) que, aunque técnicamente supera los umbrales de ingreso monetario, padece carencias severas que limitan su desarrollo humano.

Para un decisor de política nacional en un año electoral, este enfoque permite que el capital social del Estado deje de ser un ejercicio de intuición política y se convierta en una inversión de alta precisión.

La resiliencia operativa de una nación depende de su capacidad para cerrar brechas de forma transversal. El IPM muestra una correlación de 0.76 con la percepción ciudadana, una cifra significativamente superior al 0.73 de la medición monetaria tradicional.

¿Solo dinero?


Esto valida técnicamente lo que el ciudadano siente en el día a día, la pobreza no es solo la falta de dinero en el bolsillo, sino también la ausencia de una posta médica equipada, la carencia de agua potable o la desconexión digital. 

Boitano recalca que la educación no es un compartimento estanco; su éxito está intrínsecamente ligado a la salud nutricional y a la infraestructura tecnológica.




En este escenario, la baja ejecución presupuestal en los gobiernos subnacionales no debe verse solo como una falla administrativa, sino también como una oportunidad crítica de mejora en la gestión técnica. No basta con transferir recursos si no se fortalece la capacidad de ejecución para que esos fondos se transformen en activos públicos.

Participación


Esta falta de visión de largo plazo convirtió a las políticas de Estado en rehenes del ciclo electoral inmediato. Mientras la coyuntura demanda respuestas reactivas, la infraestructura de saneamiento y la conectividad rural –donde la sierra y la selva presentan una brecha de exclusión del 10% frente al 2% de la costa– requieren una continuidad que trascienda al gobernante de turno. 

La academia, mediante plataformas como el Observatorio de la Universidad de Lima, busca inyectar datos objetivos y libres de sesgos para que la toma de decisiones sea un ejercicio de eficiencia técnica. La transparencia en el diseño de estos valores es fundamental para que los próximos gobiernos puedan sustentar sus propuestas en evidencia real, midiendo resultados con una métrica que no mienta.

En última instancia, el crecimiento económico sostenido continúa siendo el motor indispensable para financiar esta transformación estructural. Como bien ilustra Boitano al referirse a la necesidad de expandir la capacidad productiva nacional, el reto es asegurar que la ‘torta’ económica crezca de forma constante para atender a una población con necesidades crecientes.

Sin embargo, el crecimiento por sí solo es insuficiente si no va acompañado de una profesionalización radical de la administración pública. El desafío para el próximo ciclo de gobierno será doble y simultáneo, mantener el dinamismo del mercado para atraer inversión y, al mismo tiempo, reformar la gestión del Estado para que la prosperidad deje de ser una abstracción estadística y se convierta en una realidad multidimensional en cada hogar. Solo así la política pública podrá cumplir su promesa fundamental de bienestar.

Inversión


La optimización del gasto público representa la mayor oportunidad para acelerar el desarrollo nacional. Según destaca Boitano, la integración del IPM como una métrica de gestión permite identificar territorios y carencias que las métricas tradicionales no capturan. 

Al alinear los objetivos de los gobiernos regionales con indicadores de rentabilidad social y cerrar brechas críticas en conectividad y salud, el Estado puede garantizar que el crecimiento económico se traduzca en una mejora de la calidad de vida que el ciudadano perciba como real, cerrando la brecha entre la estadística oficial y la experiencia cotidiana.

Detalles


- De acuerdo con Boitano, el nivel de detalle del IPM permite diseñar políticas diferenciadas para costa, sierra y selva, evitando enfoques uniformes que no responden a las realidades del país.

- 6.2 millones de peruanos sufren pobreza multidimensional (carencias en servicios) a pesar de no ser pobres por niveles de ingresos.

- El IPM muestra un ajuste de 0.76 con la percepción ciudadana, validando su eficacia frente al 0.73 de la medición monetaria.

- La sierra y selva presentan una brecha de exclusión digital del 10% frente a un 2% en la costa, afectando la competitividad territorial.


Más en Andina:



(FIN) NDP/SDD
JRA

Publicado: 2/2/2026