Muchos padres sienten preocupación al notar señales de alerta que podrían indicar autismo en sus hijos. Detectar a tiempo y actuar oportunamente no solo permite potenciar el desarrollo de los niños, sino también fortalecer su autonomía y ayudarles a desenvolverse con mayor seguridad en su entorno, manifestó la doctora Yolanda Pilar Cuya Martínez, jefa del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación.
Asimismo, destacó que durante el 2025 se brindaron 1,250 atenciones a pacientes con diagnóstico dentro del espectro autista y se realizaron 2,338 terapias de rehabilitación —incluyendo terapias físicas, de lenguaje y ocupacional, cifras que reflejan el compromiso institucional con una atención integral y oportuna.
Agregó que, la rehabilitación en estos casos consiste en un abordaje integral basado en intervenciones tempranas, cuyo objetivo es mejorar la funcionalidad, la comunicación, la autonomía y la calidad de vida. Este proceso se adapta a cada paciente, ya que el espectro autista presenta distintos niveles y necesidades.
“El tratamiento incluye terapias especializadas como la terapia de lenguaje y la terapia ocupacional. La primera busca desarrollar la intención comunicativa, tanto verbal como no verbal, ampliar el vocabulario según la edad y aplicar sistemas aumentativos y alternativos de comunicación. Por su parte, la terapia ocupacional trabaja la atención, concentración, coordinación, seguimiento visual, así como la autorregulación emocional y el desarrollo de habilidades para la vida diaria, favoreciendo la independencia del niño”, explicó la especialista.
Precisó que, en algunos casos, se incorpora terapia física para abordar dificultades en la coordinación y el equilibrio, además del soporte de psicología y psiquiatría infantil mediante terapias como la cognitivo-conductual, garantizando así un enfoque multidisciplinario. Con respecto a la frecuencia de las terapias, indicó que es personalizada, aunque generalmente se realizan de manera interdiaria, con sesiones de entre 30 minutos y una hora, dependiendo de la tolerancia y evolución de cada paciente, abordaje con el que se logran avances significativos en habilidades sociales, comunicación, regulación emocional y autonomía.
Además, el rol de la familia es fundamental en este proceso. El acompañamiento constante, la paciencia y el refuerzo de las terapias en el hogar contribuyen directamente a los avances del niño. La intervención temprana, el trabajo conjunto y el compromiso familiar son claves para construir un futuro con mayores oportunidades para cada niño.
Signos de alarma
“Iniciar la intervención desde la aparición de los primeros signos es clave, debido a la neuroplasticidad del cerebro infantil, que permite mayores oportunidades de aprendizaje y desarrollo. Por el contrario, la falta de atención temprana puede limitar el progreso del niño”, aseguró la doctora Cuya.
Entre los principales signos de alarma que pueden identificarse desde edades tempranas, se encuentran: la ausencia de sonrisa social, la falta de contacto visual, no responder al llamado por su nombre, la presencia de conductas repetitivas o restrictivas, intolerancia a ciertas texturas, dificultades en el desarrollo del lenguaje y limitaciones en la interacción social. Frente a estas señales, es fundamental acudir a una evaluación médica y no postergar el inicio de la rehabilitación, agregó la especialista.