La tragedia provocada por los terremotos en Venezuela ha puesto de manifiesto la importancia de las unidades caninas en las labores de salvamento. En medio del escenario de desastre, la perrita Kaira, integrante del equipo USAR Perú, fue protagonista de una gran hazaña al localizar con precisión a una adulta mayor que se encontraba sepultada bajo los escombros.
Tras
el éxito de esta misión, que permitió el rescate con vida de la ciudadana de 60 años en el primer día de operaciones en la ciudad de La Guaira, es necesario conocer cómo se forman estos ejemplares y qué las hace aptas para realizar estas tareas de alta complejidad en medio de zonas devastadas, como las provocadas por los terremotos en Venezuela.
"El método Arcón no especifica ni discrimina razas", señaló el especialista a la Agencia Andina, aunque aclaró que se evitan los perros braquicéfalos (de nariz chata) por cuestiones fisiológicas. Lo fundamental es que el animal posea "sangre de trabajo", es decir un "fuerte impulso lúdico" y ser un animal sumamente "seguro y sociable", como "Coco", un cocker spaniel de 6 años formado bajo esta metodología.
Bomberos rescatistas junto a "Coco", un can de la unidad de rescate. Foto: ANDINA/ Eddy Ramos
El entrenamiento de élite que siguen unidades como la de Kaira se fundamenta en el método Arcón, un sistema español que potencia tres pilares: autonomía, motivación y concentración. Según explicó el guía canino, esta metodología busca que el perro trabaje con total independencia, pues "a mayor autonomía, mayor motivación; la concentración aumenta y, por consiguiente, la percepción olfativa es muy eficaz".
La estabilidad emocional es un requisito innegociable para un can de búsqueda de personas vivas, ya que el entorno de una emergencia es caótico y está lleno de desconocidos. Por eso -añadió Rojas Castillo- estos ejemplares "no pueden ser para nada agresivos, no pueden tener ninguna escena o ninguna respuesta fuerte con otras personas", debido a que en el campo de trabajo interactúan constantemente con niños y adultos en situaciones de vulnerabilidad.
Esta característica garantiza que el perro mantenga el enfoque en su objetivo sin distraerse ni reaccionar negativamente ante los estímulos del entorno.
Un aspecto técnico relevante es la seguridad física del can durante la incursión en estructuras colapsadas. Rojas Castillo explicó que, a diferencia de lo que se podría pensar, los perros de rescate trabajan sin arneses ni aditamentos de protección adicional, ya que esto "haría de que ellos quizá se enreden entre los escombros", por lo que deben intervenir "así tal cual como son" para garantizar su propia movilidad y eficacia en terrenos inestables.
Con una vida operativa que puede extenderse hasta los 9 o 10 años si mantienen un buen estado físico, estos animales se consolidan como un valioso y certero recurso para devolver la esperanza de hallar personas vivas en medio de la devastación.
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(FIN) RAI/RRC