Más de 3,000 elementos culturales, entre cerámicas, artefactos líticos y restos humanos y de animales; además de una singular vasija con la figura de un felino forman parte de los sorprendentes hallazgos realizados durante las recientes excavaciones arqueológicas realizadas en la muralla oeste del sector Cerro del Castillo de Marcahuamachuco, en la región La Libertad.
Así lo informó el arqueólogo Elvis Monzón en diálogo con la Agencia Andina. Sostuvo que los trabajos forman parte de un proyecto de inversión pública denominado “Excavación y liberación de la muralla oeste del sector Cerro del Castillo, sitio arqueológico Marcahuamachuco”, que contempla intervenciones destinadas tanto a la investigación como a la conservación de este importante complejo arqueológico.

Según Monzón, las excavaciones se iniciaron hace dos meses y actualmente se desarrolla la tercera temporada de investigación. En esta etapa se han excavado cuatro unidades de 10 por 2.5 metros, donde se identificaron hasta cuatro capas asociadas con niveles de ocupación doméstica.
Una vasija con la representación de un felino
Entre los hallazgos destaca una vasija definida funcionalmente como “canchero”, utilizada para verter líquidos desde un recipiente mayor hacia otro más pequeño y también para exhibición.
La pieza presenta decoración pictórica en su interior, con diseños geométricos en blanco y negro, además de la aplicación de la cabeza de un felino que, de acuerdo con sus características, correspondería a un puma.

“Lo particular y lo singular es que es la primera vez que se encuentra un puma modelado y aplicado en una vasija”, explicó el arqueólogo. Hasta ahora, las representaciones de felinos identificadas en Marcahuamachuco corresponden principalmente a esculturas elaboradas en piedra.
Monzón manifestó que la decoración de la pieza constituye uno de los principales indicadores para relacionarla con actividades ceremoniales. A diferencia de las vasijas de uso doméstico, aquellas que presentan diseños distintivos y una decoración elaborada habrían tenido una función vinculada con ceremonias.
La vasija habría sido empleada para servir líquidos durante actividades de preparación y consumo de alimentos en contextos ceremoniales y religiosos. Entre las posibilidades que serán investigadas mediante análisis de laboratorio se encuentra la presencia de chicha de jora.
El significado del felino
La representación del felino constituye otro elemento de especial interés para comprender la cosmovisión de la sociedad que ocupó Marcahuamachuco.
El arqueólogo explicó que el felino tuvo un papel importante en las religiones de los Andes y que en Marcahuamachuco ya se conocían representaciones de estos animales en piedra. Sin embargo, el hallazgo de una representación modelada y aplicada directamente sobre una vasija constituye un caso singular para el sitio.

Por ello, la pieza no solo aporta información sobre las prácticas ceremoniales, sino también sobre los símbolos y conceptos religiosos asociados con los felinos en la sociedad huamachuco.
Discos de piedra y evidencias de actividades ceremoniales
Otro conjunto relevante está conformado por 15 discos de piedra, elaborados en roca arenisca, con diámetros que oscilan entre 14 y 20 centímetros. Algunos presentan evidencias de quemaduras en una de sus caras, por lo que los investigadores plantean que probablemente fueron utilizados para preparar o asar alimentos.
Estos materiales, junto con otros recipientes y objetos recuperados, permiten reconstruir actividades relacionadas con la preparación y consumo de alimentos, además de prácticas ceremoniales.

Las excavaciones también han permitido identificar arquitectura doméstica, con muros que delimitan recintos y pisos asociados a actividades como el descanso y la preparación de alimentos. Algunos objetos fueron hallados directamente sobre estos pisos, mientras otros aparecieron en los rellenos o escombros que cubrían los espacios arqueológicos.
Restos humanos dentro de los muros
Uno de los hallazgos más particulares corresponde a tres contextos funerarios identificados en el núcleo o relleno de los muros.
El arqueólogo explicó que estos individuos fueron depositados en el interior de las estructuras al culminar su construcción y que se trataría de contextos funerarios secundarios: personas que fueron enterradas originalmente en otros lugares y posteriormente trasladadas para ser colocadas dentro de los muros.

Este comportamiento habría tenido una función simbólica asociada a la protección de las construcciones, a manera de “guardianes”. Monzón señaló que esta práctica constituye un patrón funerario distintivo registrado en diferentes sectores de Marcahuamachuco.
Un centro conectado con Cajamarca y Huancavelica
Los resultados de las excavaciones también aportan información sobre las relaciones que mantuvo Marcahuamachuco con otras regiones.
El investigador afirmó que entre los materiales recuperados se encuentran fragmentos de cerámica de caolín asociados a Cajamarca, correspondientes al denominado Horizonte Medio, además de objetos de obsidiana procedentes de la zona de Huancavelica.

En el caso de la obsidiana, se han identificado puntas de proyectil que habrían sido colocadas como ofrendas al momento de abandonar determinados espacios, como pisos o muros. Su procedencia permite plantear que Marcahuamachuco estaba integrado en cadenas de intercambio que conectaban el norte y el sur de los Andes.
“Marcahuamachuco no era una cultura o una sociedad que estaba aislada. Estaba inserto en todo un intercambio comercial para ese momento”, afirmó Monzón.
El investigador destacó que la presencia de cerámica vinculada con Cajamarca y de obsidiana procedente de Huancavelica evidencia el acceso de la sociedad de Marcahuamachuco a productos provenientes de áreas geográficamente distantes.
Ocupación entre los años 850 y 950 d. C.
Los investigadores estiman, mediante datación relativa basada principalmente en el análisis y comparación de la cerámica, que el sector intervenido tuvo una ocupación aproximada entre los años 850 y 950 d. C.

Para establecer una cronología más precisa, además, se han enviado muestras para realizar fechados absolutos en laboratorio. Estos análisis permitirán obtener una estimación temporal con un margen de error de aproximadamente 50 años, explicó Monzón. Como antecedente, los fechados realizados en el sector Las Monjas sitúan su ocupación entre los años 900 y 950 d. C.
Ceremonias y culto religioso
Las evidencias recuperadas permiten plantear que en la muralla oeste se desarrollaron actividades ceremoniales vinculadas con el consumo de alimentos y bebidas.
Monzón manifestó que entre los productos identificados o considerados en este contexto figuran carne de camélido y bebidas como la chicha de jora. Estos resultados arqueológicos son contrastados con información etnohistórica relacionada con la extirpación de idolatrías, que registra ceremonias religiosas en Marcahuamachuco en las que se consumían alimentos y bebidas durante actividades vinculadas con la adoración de seres mitológicos.

Para Monzón, la coincidencia entre las evidencias arqueológicas y los datos históricos permite fortalecer la interpretación de Marcahuamachuco como un espacio donde se desarrollaban ceremonias dentro de un calendario cívico-religioso.
El sector Cerro del Castillo, un espacio de acceso restringido
Monzón resaltó que los hallazgos recientes se diferencian de los registrados en otros sectores del complejo porque las excavaciones se desarrollan en el área del Cerro del Castillo, considerada uno de los espacios más importantes y de acceso restringido de Marcahuamachuco.
Mientras en sectores como Las Monjas se han encontrado principalmente elementos de carácter doméstico, como platos, cuencos y ollas, en el sector intervenido actualmente aparecen materiales vinculados con actividades ceremoniales, cerámica foránea, discos de piedra y contextos funerarios dentro de los muros.
Estos resultados contribuyen a ampliar la comprensión del complejo no solo como un centro político, religioso o ceremonial, sino también como un espacio conectado con redes de intercambio y con una diversidad de actividades sociales.
Investigación continuará hasta 2027
La investigación de la muralla oeste forma parte de un proceso que se inició en 2024. Actualmente se desarrolla la tercera temporada, correspondiente a 2026, y para el próximo año se tiene prevista una cuarta y última temporada de aproximadamente dos meses, a partir de abril, con el objetivo de culminar la intervención en los muros perimetrales del área contigua.
Una vez concluidas las excavaciones, los materiales pasan por procesos de limpieza, consolidación, inventario y análisis en gabinete. Posteriormente son entregados a los depósitos de la unidad ejecutora responsable de su custodia.
También se preparan actividades de divulgación para compartir los resultados con la población, incluidos talleres y charlas, así como artículos y libros destinados a difundir la información entre estudiantes y público interesado. Según Monzón, estas actividades están previstas para septiembre.
Actualmente Marcahuamachuco no cuenta con un museo de sitio para exhibir permanentemente los materiales recuperados, aunque esta posibilidad forma parte de una perspectiva de largo plazo.
Los nuevos hallazgos, en conjunto, permiten reforzar la imagen de Marcahuamachuco como un espacio de importancia política, religiosa y ceremonial, pero también como una sociedad integrada a redes de intercambio que conectaban distintos territorios de los Andes. La combinación de cerámicas foráneas, obsidiana, evidencias de actividades ceremoniales, restos humanos en estructuras y la singular vasija con la representación de un felino abre nuevas líneas para comprender la organización social y las prácticas rituales de la cultura Huamachuco.
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(FIN) MAO
Publicado: 21/8/2026