Antonio Olave Palomino fue heredero de una antigua estirpe de imagineros cusqueños, nació en el distrito de Pisac, provincia de Calca, en el Valle Sagrado de los Incas. Fue sobrino de don Fabián Palomino, conocido imaginero de Cusco de quien aprendió el arte.
En 1950 el terremoto que se registró en Cusco dañó seriamente las iglesias y capillas locales, incluidas muchas imágenes religiosas, que tuvieron que restaurarse o reconstruirse, situación que fue muy propicia para el trabajo de los imagineros cusqueños.
Don Antonio Olarte perfeccionó su arte en su taller ubicado en el barrio de San Blas, donde trabajó acompañado de su esposa Avelina Rupa y sus hijos. Participó de diferentes exposiciones en el país y en el extranjero.
Fue un artista tradicional, creador de los afamados niños “Manuelitos”, de ojos de cristal color almendra, pero también con rasgos del niño andino, preservó con celo profesional las técnicas tradicionales de su arte. Logró dar a sus obras un sello personal, otorgándoles singular vitalidad gracias a su maestría en el manejo de vivos colores y aplicaciones con pan de oro y pan de plata.
Sus creaciones: Santiagos, Arcángeles, La Piedad, La Sagrada Familia y Nacimientos Cusqueños, son verdaderas obras de arte que han traspasado nuestras fronteras, son legados de los siglos XVI y XVII, réplicas recreadas del estilo colonial de entonces, pero con un carácter muy personal, original y auténtico. Estas razones fueron las que motivaron que se le reconociera con diversos premios en el Perú y en el mundo.
Su más conocido trabajo fue el niño Manuelito, representado de diversas maneras, desde el más tradicional hasta “el Dormidito”, “el Sentadito” y “el de La Espina”. La dulzura del rostro de estas imágenes de piel rosácea pintadas con gran maestría y detalles como el paladar de espejo, dientes de plumas de aves, ojos de cristal y cabellos naturales se han convertido en el modelo que otros artesanos se esfuerzan por alcanzar.
Olave Palomino fue distinguido con el grado de “Gran Maestro de la Artesanía peruana” en 1993 y fue declarado “Tesoro Humano Viviente de la Nación” en 2009. Se le reconoce como un gran maestro del arte popular peruano, aunque él se veía a sí mismo como un investigador del arte antiguo, un descubridor de técnicas olvidadas.
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Publicado: 29/7/2016