El Perú tiene la oportunidad de convertir al visitante peregrino en turista y generar un mayor impacto económico con la próxima visita del
, prevista para noviembre o diciembre, sostuvo Adrián Nelson, director regional de la Red Mundial de Turismo Religioso, al destacar el potencial del país como destino cultural y de fe.
En ese sentido, felicitó al Perú porque el Papa León XIV, en su primera visita a Latinoamérica, “volverá a su lugar”, al país de donde salió, hecho que -comentó- refuerza el vínculo espiritual y simbólico con millones de fieles en el mundo.
Nelson puso como contexto que, a nivel global, existen alrededor de 400 millones de turistas al año y que el 20% de ellos viaja a destinos de fe, lo que representa aproximadamente 80 millones de personas. "El mayor santuario de la catolicidad es el de la Virgen de Guadalupe, que recibe entre 20 y 30 millones de turistas y fieles anualmente, generando un alto derrame económico para México", dijo en TV Perú.
En el caso peruano, señaló que, considerando todas las fiestas populares religiosas, se movilizan aproximadamente entre 5 y 7 millones de fieles, cifras que corresponden a estimaciones y no a registros oficiales.
Recordó que el turismo religioso se remonta a la época de las visitas a Jerusalén para acudir el Santo Sepulcro y que, desde entonces, las personas se desplazan hacia destinos de fe en diversas partes, como el mundo árabe, la India y también América, para encontrarse con sus santos y vivir experiencias espirituales.
Una oportunidad
Indicó que, desde que Robert Prevost fue elegido Santo Padre, la zona de Chiclayo registró más de 650 mil visitantes, lo que evidencia que hay un sector poblacional que se moviliza detrás de los líderes religiosos y hacia los destinos de fe. “Perú tiene una gran oportunidad con la próxima visita del Papa León”, subrayó.
Precisó que el desafío está en transformar al visitante peregrino en turista, lo cual ocurre cuando el destino de fe ofrece una serie de alternativas atractivas que invitan a quedarse uno o dos días más, como por ejemplo parques temáticos, museos, espectáculos, turismo gastronómico y visitas a parques naturales.
“Cuando los destinos de fe que atraen naturalmente a los peregrinos ofrecen otras alternativas, ese destino de fe se transforma en destino turístico de alto impacto, porque la gente lo elige no solo para visitar al santo o vivir la fiesta religiosa, sino también para permanecer más tiempo. Allí ocurre un derrame económico para el desarrollo local”.
Informó que, desde la Red de Turismo Religioso, se viene trabajando con el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo y con Promperú para ofrecer distintos servicios. Entre las principales acciones, mencionó la necesidad de visibilizar al turismo religioso como un sector que merece atención específica del ámbito público, así como el compromiso del sector privado con inversiones y una mayor participación de la Iglesia en programas activos de atracción turística.
Adelantó que sostendrán una reunión con Promperú para evaluar la situación actual del turismo religioso y proyectar hacia dónde puede conducir al país en los próximos años. Para ello, consideró clave trabajar con el sector privado en transporte turístico, alojamiento e infraestructura, y con el sector público en el desarrollo de buenas prácticas de gestión e inversión.
Asimismo, señaló que se viene elaborando un programa orientado a posicionar al Perú en el escenario internacional a partir de los eventos religiosos que se desarrollan en el país.
Como antecedentes, Adrián Nelson recordó que en 1985 el papa Juan Pablo II reunió a un millón y medio de personas en un evento en el Perú, y que en 1988, durante su retorno a Lima, congregó a 800 mil fieles en el cierre del Congreso Eucarístico. Añadió que, con la visita del papa Francisco, ingresaron al país más de 100 millones de dólares. “Estos antecedentes nos hablan de que el pueblo peruano se moviliza y que aquí hay destinos de fe, más aún tratándose de un papa que vivió varios años en el país”, destacó.
Finalmente, enfatizó que, para aprovechar este potencial, se requiere trabajar intensamente en infraestructura y comunicaciones, así como construir otras rutas del sincretismo religioso, como en el Cusco, donde se evidencia la fusión de la cultura andina con la cristiana. “Es mucho más que ruinas; es una cultura viva que se expresa en dos vertientes, la andina y la cristiana, y hay que ofrecerla de esa manera y transformarla en un producto con calidad y jerarquía”, concluyó.
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(FIN) RRC