Celebración de la música: comentario a «Yawar metal», de Marco Echegoyen C.

Autor visita lo mejor de la producción peruana en metal publicada a lo largo de medio siglo.

ANDINA/Difusión

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19:14 | Lima, nov. 3.

Escribe: José Vadillo Vila

«El rock es cultura», pontificaba nuestro recordado patriarca del rock, Gerardo Manuel Rojas (1946-2020). Agreguemos: el metal es cultura.

¿Qué es el rock peruano? Lo definiremos como el amplio género musical surgido en los Estados Unidos hace más de 70 años, y practicado por cantantes y músicos nacidos o afincados en distintas ciudades del Perú. 

Mas el rock no se limita a su vertiente más comercial, el pop rock. Como la cumbia o el huaino, está construido por una amalgama de subgéneros, algunos yuxtapuestos. Una de ellos, y el que alberga a los guitarristas más ágiles sobre el diapasón, es el metal. Echemos un ojo al metal manufacturado con acero del país de los incas.

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El comunicador Marco Echegoyen C., quien ha sido conductor de espacios radiales y organizador de eventos del género en ciernes, es una de las personas que más conocen sobre el metal peruano. 

Celebremos entonces la salida de «Yawar metal. 200 producciones de metal peruano que debes conocer» que se suma a otros libros sobre el metal peruano, de autores como José Ignacio López, Giuseppe Risica, Christian Reynoso o Franco Boggiano.

Echegoyen documenta y hace un recuento de dos decenas de producciones (maquetas, demos, elepés, casetes, los EP, etc.) más importantes del metal que aparecieron en el Perú entre los años 1972 y 2022. Su trabajo nos brinda una mirada de medio siglo de metal. Este libro se suma como fuente importante para la historia del rock peruano. 

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De los aportes que hace el autor citemos, primero, el orden cronológico en el que presenta los álbumes. A ello, agreguemos los resúmenes con el contexto nacional e internacional que permite al lector ubicarse tanto en términos generales (político, social, artístico) como en específico de la movida del metal, a escala Perú como en el extranjero. Son coordenadas que permiten el mejor entendimiento de los trabajos musicales y las tendencias que siguen los artistas metaleros. 

Agreguemos que Echegoyen trabaja con un lenguaje ágil, sencillo y accesible, con el cual nos adentramos por este universo musical peruano que tiene sus propios códigos y hasta un peculiar sentido del humor. 

El libro tiene otro valor: no solo repasa los discos sino que, gracias a más de 130 entrevistas que realizó el autor, podemos comprender el surgimiento y las motivaciones de las bandas.


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¿Qué características tiene la movida del metal en el Perú? Sus cultores y seguidores se quejan porque se trata de un mercado pequeño que sobrevive a los clichés (la forma de vestir de sus adeptos o los títulos de bandas y discos alejan al público común). 

Sin embargo, y Echegoyen lo aclara en su extenso trabajo, estamos ante el trabajo de músicos nacionales de gran valía, donde encontramos muchos demos o álbumes que son considerados “de culto” en mercados exigentes del metal como el europeo. 

Una sensación que deja la lectura del libro es la gran movilidad de los músicos. La vida de la mayoría de las bandas es muy efímera y los cambios de integrantes son casi una premisa existencial. Son escasas las formaciones originales peruanas que se mantienen en el tiempo. 

Frente a ello, hay casi una necesidad para que, a los primeros meses de nacimiento de una banda, se trabaje en el registro de un demo, como si supieran que su destino se resuelve a la vuelta de la esquina. 

En «Yawar metal», Echegoyen también rememora festivales y espacios, tanto en Lima como en otras ciudades del Perú, vitales para la movida del metal. Entre los festivales capitalinos citemos: Apocalipsis Metal en Fiori, el 1er. Ataque Metal y el Holocausto Metal; y locales como la discoteca No Helden, La Jato Hardcore de Barranco, Malambito y El Túnel. 

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El metal peruano tiene partida de nacimiento. Surgió, para la industria discográfica, en 1972 con la aparición de dos álbumes. Uno con canciones en inglés, del grupo Pax -dirigido por Enrique «Pico» Aguirre, figura fundamental para el rock en el Perú desde finales de los sesentas-, y otro, de Tarkus, banda peruano-argentina que grabó temas de metal en español.

Hay un silencio discográfico, el cual se comprende por el contexto del Gobierno de las Fuerzas Armadas, y recién a partir de 1984 surgen nuevas producciones de metal, con el álbum del grupo Óxido.

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La riqueza del metal es su heterogeneidad. Y el metal peruano tiene años importantes, como 1988, cuando aparece el primer álbum de trash metal en el país, con la banda Curriculum Mortis, y el primero de metal extremo, con Hadez. También es el año que aparece la primera producción de una banda de provincias: Féretro, de Arequipa. 

Al año siguiente, 1989, graba su álbum debut la primera banda surgida en los distritos de Lima Norte: Necrofucker. Mientras que Satanás presenta el trabajo inicial de black metal (el subgénero más enérgico y violento). Aparece el demo de Sepulcro, producción primigenia en thrash metal. En 1990 salen canciones de la banda ayacuchana Deicidios y Spasm es la primera banda de underground peruano. 

El año 1991, Masacre, finalmente, publica su primer álbum mientras Mazo y Sentencia hace algo irrepetible: se unen en una misma producción. La primera banda de metal piurana, Extremaunción, publica su primer demo en 1993. 

Arequipa es una de las ciudades más importantes de la producción metalera, irradió bandas y conciertos por todo el sur peruano. Bajo el Misti surgen bandas como Fosa Común, dedicada al death metal. 

El doom metal en el Perú aparecerá en 1996 con Melodías Moribundas de Inmemorial; Kranium grabará el primer álbum de metal con instrumentos andinos; y aparecerá el álbum debut de una banda metal huancaína: Sarcoma. Para Echegoyen estamos frente a uno de los «supergrupos» de la escena metalera peruana. En 1997, la banda de black metal de Comas, Black Angel, presentará su primer trabajo de estudio. 

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El nuevo milenio es importante porque el metal peruano se revitaliza. Entre los años 2000 y 2022, el autor ubica el mayor número de producciones (más de ciento treinta). 

Por un lado, en estos últimos años ingresan a la escena local nuevas vertientes, como el heavy metal progresivo con la banda Dominium, el folk metal (con Ch’aska), el metal extremo (Flagelum Dei), el pagan death metal (Pagapu), el metal de fe cristiana o white metal (Sacrom, de Trujillo), el death metal melódico (Technology), el power metal sinfónico (Aragorn) o los covers de ánime en metal (Steel Sword, de Arequipa).

Interesantes también el muestrario de bandas metal que Echegoyen incluyen y surgen en este siglo en ciudades como: Ayacucho (Deprisofisty), Arequipa (Sanguinaria, Raptor), Piura (Violencia), Tacna (Agonize y Grinder), Trujillo (Arcángel y Arsix), Huancayo (Ayahuaira), Juliaca (Thrashtorno), La Oroya (Morbus y Yana Raymi), Cusco (Morkill), Puno (Akeldam), o Iquitos (El Gordo Montoya, Malignum y Chakruna, este último ideó el primer álbum de folclor selvático llevado al metal), Tarapoto (Chanka), Huaraz (Apu Rumi), Abancay (Ayarth), Huánuco (Katari). 

Todos estos nombres y más demuestran la vitalidad del metal en el Perú. Es decir, frente a un mercado de públicos reducidos, los músicos han seguido responder construyendo una carrera interesante, donde se versiona a otras bandas y, sobre todo, se crea un repertorio propio. Eso lo pone en valor «Yawar metal». El metal, lo subrayamos, es cultura. 

Ficha: 
Echegoyen C., Marco. «Yawar metal. 200 producciones de metal peruano que debes conocer» (Lima, Libre e independiente Editorial, 2026). Pp. 433. 

(FIN) JVV/JVV
JRA


Publicado: 3/11/2026