Harto de los estereotipos de belleza impuestos por la moda y los medios, el fotógrafo Yayo López buscó en el Perú el concepto de belleza ligado a nuestra identidad que se refleja en la muestra “Belleza Peruana”.
En 1993, Yayo López recorría el Centro de Lima haciendo fotografías de la procesión de la Virgen del Carmen, una modesta celebración religiosa en la zona más antigua del distrito. De la nada, apareció una mujer por una calle transversal, llevando una pena tan grande que se podía descifrar por los ojos ajenos.
Mientras la desconocida oraba, el hombre de la cámara inmortalizó el misticismo y misterio del momento a través de un retrato. Ella pidió un milagro y se fue, él descubrió que había encontrado una inspiración.
Así comienza la historia de “Belleza Peruana”, la muestra individual de fotografía que López presenta en la Galería Delbarrio, quien ha crecido en el fotoperiodismo y la moda, conociendo el lado más brillante y oscuro de este ambiente. Su trabajo busca luchar contra los conceptos que se imponen desde hace varias décadas.
Estereotipo de occidente
“Hacer catálogos y trabajar con modelos me hizo cuestionar los arquetipos de belleza que existe a nivel comercial y social. Yo vengo familia mixta, perdida en la nebulosa de la migración y sentía la motivación de buscar lo peruano y no someterme por las exigencias del estereotipo”.
Y todo viene de occidente en un fenómeno que Yayo resume como “colonialismo cultural” en términos científicos o como “Todos quieren ser gringos” en un lenguaje más colorido.
“El problema viene de Estados Unidos y el mundo occidental. La moda y lo fashion no vende solamente productos, intenta imponerte un estilo de vida y un concepto de felicidad y sexualidad. Los arquetipos que propone son imposibles porque las pieles de las mujeres no tienen poros y son tan delgadas como el Photoshop lo permita. En un país tan rico en etnias y razas como el nuestro, queríamos que todas las modelos fueran blancas como de Europa del Este y eso ha ido cambiando”.
Cuando conoce a aquella mágica mujer en 1993, inicia sin saber una colección de fotografías con el fin de inmortalizar su protesta contra lo establecido. En esa misión, todo el Perú ha sido su estudio fotográfico: desde la ruta de Chiclayo a Tarapoto, el camino de Cuzco a Puno o los barrios de Barranco y el Centro de Lima.
“Yo viajaba por el país y encontraba mujeres que despertaban mi instinto de fotógrafo, mi curiosidad, mi atención basado en sus miradas y actitudes, la personalidad que puedes deslumbrar observando. Me acercaba, siempre con timidez, les contaba mi propuesta y mis ideas y me permitían hacerles un retrato. Dejaba todo lo técnico del estudio detrás ya que usaba solamente iluminación natural y un solo lente, o sea el equipo mínimo para trabajar. Me di cuenta que toda la producción de una gran sesión te distrae y ya no piensas en el contenido y solamente en la forma”.
Historias de mujer
Todas las fotos tienen una historia y Yayo empieza a contarme algunas. El fotógrafo tiene los recuerdos siempre a la mano y la memoria muy fresca.
“Estaba en Chincheros (Cuzco), saliendo del taxi y llegando a una comisión para cubrir los carnavales. Entonces veo a una vendedora de artesanías que, creada y rodeada de arte, me envolvió. Cuando le conté sobre la foto que quería hacerle, acepto sin dudar y conversamos durante un buen rato. Me contó sobre el arte de Chincheros con una voz maravillosa que me arrepiento de no haber grabado”, relata.
No todo lo bello está cargado de felicidad y de color necesariamente y eso lo sabe muy bien López. Con algo de esfuerzo se puede encontrar la luz entre las sombras.
“Hay un lugar en Mórrope (Lambayeque) donde señora de 95 años prepara la mejor chicha del distrito. Ella me apuraba con las fotos porque se quería alistar para salir a un velorio. Cuando me dice eso, saco tres instantáneas en el momento exacto y veo la tristeza de una mujer que ha perdido a sus amigos, parientes e incluso a sus hijos. Para ella era un velorio más”.
Yayo sabe que esas y otras historias han llegado a su vida gracias a la carrera que escogió y a la pasión que siente por ella. Más que una profesión, considera que la fotografía fue su chaleco salvavidas.
“El carnet de prensa es un permiso para entrar a mundos ajenos y la cámara mi coraza para enfrentar lo que hay en estos universos. La fotografía es, entonces, un estado de meditación. Yo sufría asma desde chico y por lo tanto muchas angustias y temores por la imposibilidad de respirar. Al crecer decidí enfrentar ese miedo haciendo alpinismo y parapente, llevándome al extremo. Pero cuando intenté hacer buceo la primera vez no pude sumergirme más de dos metros porque entraba en pánico. Lo que hice fue sentir mi respiración y ver a través del visor de la misma forma en la que veo a través de la lente al hacer retratos. Esa paz es la que me da mi trabajo, esa satisfacción, esa calma”.
“Belleza peruana” va del 11 de agosto al domingo 4 de setiembre en la galería Delbarrio, ubicada en Calle Bernardino Cruz 148 - Chorrillos.
(FIN) LSC/DOP