Unión Nacional de Ciegos del Perú cumplió 77 años de labor

Más escuelas. La UNC dice que faltan escuelas en todo Lima para enseñar a más invidentes el Braille.

Más escuelas. La UNC dice que faltan escuelas en todo Lima para enseñar a más invidentes el Braille.

08:51 | Lima, feb. 09 (ANDINA).

Tras los muros viejos de este edificio color naranja, de tres pisos y feo, en el 479 de la plaza Bolognesi, hay un mundo nuevo. Uno donde a sus habitantes les importa más los sonidos y las texturas: Es el universo de las personas invidentes de la Unión Nacional de Ciegos del Perú (UNCP).

Mi guía por este universo diferente se llama Juan Carlos Makishi. Sólo ve pequeños halos de luz, pero prefiere no confiar en ellos, ya ha tenido accidentes por hacerlo. “Nadie está libre de adquirir una discapacidad”, me dice mientras se desplaza por los salones y sube por las escaleras con la destreza de quien camina por las rutas conocidas.

Su historia es como las otras que iré escuchando en estos pasillos crujientes, donde las personas hablan sin los temores de la media voz: a los 16 años de edad, Juan Carlos ingresó a este mundo de sombras. Sólo tuvo tiempo para terminar los estudios en un colegio regular y patear un último gol como crack de su equipo.

Pero su gusto por el deporte no ha disminuido y cuando les invitan a los escasos torneos para personas invidentes, participa en los seleccionados de fulbito. (En la primera sala del edificio están los trofeos que la UNCP ha obtenido en competencias de fulbito y ajedrez, dentro y fuera del país. En el mundial de España 88, por ejemplo, llegaron al segundo lugar en balompié.)

Histórico
En el vestíbulo, un bloque de granito recuerda que el 14 de abril de 1945, en una ceremonia apadrinada por el presidente Manuel Prado, la fundación Angel Divizia y Mora donó este local. La firma de Prado abre el “Libro de Oro” de la institución, un volumen donde también han firmado celebridades como el trío mexicano Los Panchos, Lucila de la Cruz, Lucho Barrios y otros cantantes que pasaron por aquí para expresar su cariño.

La gran mayoría de las personas invidentes, como me recuerda Juan Carlos, no cuenta con un trabajo. Es la parte fea de la historia. Algunos se ganan la vida haciendo artesanías, y una gran mayoría sobrevive como artistas ambulantes. Un oficio peligroso tanto para su salud como para sus bolsillos: muchos han sido víctimas de atracos.

Desde el vestíbulo, el vigilante toma periódicamente el micrófono y da mensajes que los parlantes distribuidos por todo el edificio repiten. Es un hombre joven, que trabaja aquí hace un año, y al cual los invidentes le consultan sobre si los billetes que les dan están bien, y corroboran la cantidad son.

Sed de libros
Aquí la mayoría sabe quién fue don Víctor Pablo Zarria, el primer invidente peruano que aprendió el sistema de lecto-escritura Braille. A él le enseñó un sacerdote jesuita que vino desde Europa. Zarria, a su vez, lo transmitió a sus alumnos. Y se creó el instituto para jóvenes ciegos Santa Rosa de Lima, que ya no existe.

En el primer piso se ubica la biblioteca Luis Braille, la pionera en el país con libros en sistema Braille, con casi 3,000 volúmenes escritos a mano. La mayoría son de información general, historia, geografía, psicología. Son libros de hace medio siglo; es decir, contienen información desfasada.

Hace muchos años que la biblioteca no recibe donaciones. “Hemos mandado cartas a la Cámara Peruana del Libro, a la Asociación de Libreros del jirón Amazonas, pero nadie nos responde”, me comenta Alfredo Mesones –quedó invidente por un problema del sistema nervioso sobre el control del glóbulo ocular–, encargado de Cultura de la directiva que dejó su cargo este 2 de febrero.

Un tiempo atrás, recuerda Alfredo, existieron los “Portadores de luz”, un grupo de voluntarios que se organizaban en grupos de dos: uno leía el libro y la otra persona iba escribiendo. Así se fueron acopiando los volúmenes. Se necesita un presupuesto para, bajo el mismo sistema, digitalizar los volúmenes que están quedando obsoletos, y luego reimprimirlos.

Aprendiendo nuevamente
El mundo de los ciegos es el de los sonidos. En el segundo piso, el profesor José Chipana va a iniciar una de las clases de Braille que dicta gratuitamente, es parte del Programa Nacional de Movilización por la Alfabetización (Pronama). El curso dura tres meses.

Cuando enciende su laptop, una voz sintética va “leyendo” todo lo que aparece en la pantalla. Es Jaws (“colmillos” en inglés), un software lector de pantalla, que le permite trabajar en el mundo informático.

Si una persona pierde la vista nuevamente vuelve a ser un analfabeto. Tiene que reaprender a leer y escribir. A abrir la regleta, poner dos hojas al medio, y con el punzón “escribir” esos relieves con base en seis puntos, que hacen palabras y números. Las regletas son importadas y baratas, pero actualmente no hay “ni siquiera en los centros donde debería haber”, me dice Chipana. Entonces trabaja prestándose las regletas que les facilita la UNCP.

El profesor va dictando a los cinco alumnos las palabras según el nivel en que estén. Mientras los que se inician aprenden las vocales; a los más avanzados, les dicta palabras con tildes. Comenta que lo ideal es que los familiares aprendan a leer el Braille, un ideal que todavía queda en albur.

Vivencias
En el segundo piso también está la sala de cómputo. De las siete máquinas, sólo cuatro funcionan. Tres son Pentium II y sólo una tiene sistema XP. A Cristina Málaga le están enseñando a familiarizarse con el Jaws. Tiene 36 años y derrame en los ojos. Algo relacionado con la presión de la visión que da mayormente a los adultos mayores.

La medida de sus lentes ya es lo máximo, pero Cristina no puede leer los periódicos, sólo distingue los rostros de cerca, no distingue nada medio metro más allá. El médico le ha dicho que siempre tendrá “restos de visión”, pero necesita aprender a moverse en las sombras.

Para Elías Tello el Braille le ha resultado fácil. Pronto se sentará ante la computadora para familiarizarse con el Jaws. Viene desde Ventanilla. Tiene 33 años y tampoco ve bien. Lo que tiene se llama retinitis pigmentosa, ve borroso y los médicos le han dicho que se prepare, porque en cualquier momento perderá completamente la vista.

“Uno se deprime, sufre bastante, a pesar que la familia ayuda”. Cuando termine sus clases me dice que irá al colegio Luis Braille, en Comas, para aprender el manejo del bastón, las clases pueden durar un año, y te enseñan a darle buen uso a la poca visión que puedas captar.

La Unión Nacional de Ciegos del Perú es autogestionaria y un modelo en el ámbito latinoamericano. Genera sus ingresos a través de dos unidades de negocio, el centro de masajes y shiatsu.

Servicio de lujo
El edificio tiene otra entrada por el jirón Wakulski 129. Va directo a un segundo piso, donde a esta hora de la mañana ya hay personas esperando. “Somos más conocidos por los masajes y shiatzu, que por los servicios que les damos a los propios ciegos”, me dice mi guía, Juan Carlos. La UNCP también tiene una filial con este servicio en la plaza Francia.

Leonor Mujica es la secretaria encargada de recibir a los clientes. Los terapeutas invidentes tienen entre sus caseritos a miembros del Ejército, señoras, personas en rehabilitación, que siempre vienen para sesiones de masajes de 45 minutos a una hora. Piden no confundir con las sesiones de exhibición de masaje de 10 minutos, que se realizan en las ferias.

Ferreol Bonifacio Vivanco (64) lleva 28 años como masajista. Corrobora que todos los que trabajan aquí tienen la secundaria completa y conocen de técnicas de masajes. A los 11 años, este jaujino tuvo un accidente y perdió la vista porque no había recursos económicos para que lo traigan a tiempo a Lima. También fue director del colegio de ciegos en Comas.

“Aquí no se discrimina, damas y caballeros con problemas de salud, con estrés, a todos los atendemos”. Les ofrecen tres tipos de terapia reflexología (tratamiento a través del pie); el masaje, que es frotación sobre cuerpos desnudos; y otro es shiatzu, que es la “digitopresión”.

Los sábados la demanda es tanta que no se puede satisfacer. Los ingresos por el servicio son parte importante para mantener a la UNCP y pagar los gastos de agua, luz y al personal que trabaja con ellos.

“Somos los únicos ciegos que nos preocupamos en prevenir la ceguera”, me dice Makishi al mostrarme el otro servicio para el público en general: el centro de prevención de la ceguera, donde trabajan junto a cuatro médicos oftalmólogos. Se cobra una “tarifa social”, y continuamente hacen también campañas contra el glaucoma y las enfermedades a la vista.

El verano va golpeando sobre la plaza Bolognesi. Hemos compartido un poco del mundo de la UNCP y su medio millar de asociados. Juan Carlos, que nunca conocerá mi rostro, me despide con una frase para no olvidar, para no tener pena, sino reflexionar: “A la larga todos, con la vejez, nos volvemos discapacitados porque perdemos ciertas funciones".

Cifras y dato
2 de febrero de 1931, fecha en que se fundó la Unión Nacional de Ciegos.
2 centros educativos para ciegos funcionan en Lima: el Luis Braille, en Comas, y el San Francisco de Asis, en Surco. La UNCP tiene filiales en Sullana, Huancayo y Cusco.
10 de octubre. El Día Mundial de la Visión.
40 personas trabajan en el centro de masajes de la UNCP. Atiende de lunes a sábado, de 8.00 a 20.00 horas. Domingo y feriados, de 9.00 a 18.00 horas.
Centro de prevención de la ceguera. Atención: de 09.00 a 15.00 horas.


Publicado: 9/2/2008