Un día en la Naval: niños conocen la disciplina detrás de la vida de cadetes [video]

Desde cómo saludar hasta la forma correcta de tender una cama

La Escuela Naval del Perú abrió sus puertas para recibir a 15 niños, de entre 10 y 14 años, quienes tuvieron la oportunidad de vivir una experiencia única: ser marinos por un día. Fotos: ANDINA/Vidal Tarqui

La Escuela Naval del Perú abrió sus puertas para recibir a 15 niños, de entre 10 y 14 años, quienes tuvieron la oportunidad de vivir una experiencia única: ser marinos por un día. Fotos: ANDINA/Vidal Tarqui

14:12 | Lima, ago. 31.

Por Dany Seminario Coronado

La Marina de Guerra del Perú realizó la primera edición del programa “Marino por un día” dirigido a niños de 10 a 14 años, quienes participaron en actividades físicas, conocieron espacios de la Escuela Naval del Perú y aprendieron algunas de las tareas que forman parte de la rutina de un cadete.

Hasta la sede del distrito de La Punta, los menores llegaron acompañados de sus padres para vivir una novedosa jornada. Al ingresar, recibieron el uniforme de diario que utilizan los cadetes y la característica gorra de la institución, con la que iniciaron una experiencia de acercamiento a la vida naval. Seguidamente fueron separados por tropas.

La actividad reunió a 16 niños y adolescentes de entre 10 y 14 años y tuvo como principal objetivo transmitir valores como la disciplina, el trabajo en equipo, la responsabilidad y la vocación de servicio, dijo a la Agencia Andina Sandro Canales Martínez, integrante de la Escuela Naval.

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Inspirando el futuro: Así se vivió la jornada “Sé Marino por un Día” en la Escuela Naval La Marina de Guerra del Perú abrió las puertas de la Escuela Naval para una conmovedora jornada “Sé Marino por un Día”. Dany Seminario estuvo ahí y nos cuenta todos los detalles.

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Durante la jornada, los menores visitaron el Palo Mayor de la Corbeta Unión, realizaron actividades físicas y conocieron diferentes ambientes de la Escuela Naval. Una de las experiencias fue interactuar con los simuladores de navegación, donde pudieron observar cómo funcionan herramientas como el radar y las cartas electrónicas utilizadas durante la navegación.


La dinámica fue personalizada: cada niño estuvo acompañado por un cadete, quien tuvo la tarea de explicarle parte de la rutina y responder sus preguntas. Para la Marina, esta interacción buscó generar confianza entre los menores y los jóvenes que actualmente se forman en la institución.

María Gracia: “me sentí muy feliz”


Entre los participantes estuvo María Gracia Lazo, una niña de 11 años que llegó desde un colegio de Surquillo acompañada por su madre. Su ingreso al programa ocurrió luego de participar en una convocatoria en redes sociales, de donde fue seleccionada mediante un sorteo.

La noticia la encontró en casa mientras hacía sus tareas de matemáticas. Contó que, al conocer los resultados, saltó de la felicidad y comenzó a investigar por su cuenta sobre la Escuela Naval, su historia y, especialmente, sobre el héroe nacional Miguel Grau.

Su expectativa antes de iniciar la jornada era conocer un poco más sobre la Marina y aprender de la cadete que la acompañaría. María Gracia quedó asignada a la cadeta de segundo año Lourdes Fuertes, quien destacó su alegría, rapidez para aprender y curiosidad durante las actividades.



Me encontré muy contenta. La verdad es un gran honor poder enseñar un poco nuestra rutina como naval a los niños más pequeños”, comentó Fuertes. Para María Gracia, conocer el Edificio Grau, espacio especialmente relacionado con este héroe peruano, fue uno de sus momentos favoritos.

Dentro de esta experiencia única, también aprendió algunos movimientos propios de la formación, como el denominado “romper filas”, que implica avanzar siguiendo indicaciones precisas. Estos ejercicios despertaron en ella la posibilidad de imaginarse en el futuro dentro de la institución. “Quizás podamos ser marinos cuando estemos más grandes”.

Tender una cama: el desafío que puso a prueba a los niños


Uno de los momentos que más exigió a los participantes fue el reto de tender una cama como lo hace un cadete naval. Lejos de tratarse de una tarea cotidiana, los menores tuvieron que seguir medidas, distancias y ángulos establecidos para conseguir que la cama quedara correctamente tendida.


Cada participante trabajó junto a un cadete, quien le explicaba paso a paso cómo realizar la tarea. La actividad se desarrolló de manera lúdica y en equipos, con un premio simbólico para el grupo que lograra el mejor resultado.

Para María Gracia, el desafío no fue sencillo. “Lo sentí muy difícil porque tenía varios procesos y eran muy difíciles y además eran muy exigentes”, relató. Entre las indicaciones que debió seguir estuvo mantener una distancia de cuatro dedos de antebrazo, realizar determinados dobleces y conseguir un ángulo de 45 grados.



Pero el objetivo no era únicamente conseguir una cama perfectamente ordenada. Los cadetes explicaron que lo importante era que los niños mostraran disposición y esfuerzo. Aunque podían equivocarse durante el proceso, la enseñanza estaba precisamente en aprender a trabajar juntos, seguir instrucciones y perseverar.

Puede ser que se hayan equivocado en algunas cosas, pero si le han puesto empeño, es lo más importante”, señaló uno de los instructores, quien brindó las indicaciones y señaló que este desafío tenía una duración de tan solo cinco minutos.


En el caso de los niños, la experiencia dejó una tarea para la casa: practicar. Los papás aseguraron que se asombraron en la forma muy diferente que realizaban el tendido de la cama, así como los detalles para poder lograr las medidas indicadas por el instructor. 

Así, una actividad que comenzó con un uniforme, una gorra y la curiosidad de conocer cómo es la vida de un cadete terminó convirtiéndose para estos niños en una jornada de aprendizaje sobre disciplina, orden, trabajo en equipo y servicio al país.


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(FIN) DSC/RRC
JRA

Publicado: 30/8/2026