Mientras Talía Arnao revisaba un experimento en el que trabajaba, un afanoso gestor del Pronabec explicaba a quien quisiera escucharlo en un aula de la Universidad Antúnez de Mayolo de Huaraz sobre las posibilidades de lograr una beca de estudios a Francia. Al comienzo a la estudiante de 19 años no le llamó la atención el tema; solo al percatarse de que ella cumplía todos los requisitos exigidos se le despertó el interés.
Allí comenzó un largo camino que está por concluir porque a fines de agosto próximo, junto a otros doce compañeros debe emprender el viaje hacia lares galos a tomar la oportunidad de su vida, la chance que cualquier estudiante aplicado soñaría: seguir una carrera en una universidad extranjera con todo pagado, gracias al programa estatal Beca 18.
Once de estos becarios viven en una residencia a media cuadra de la sede de la Alianza Francesa en Miraflores, en una pensión donde duermen, comen y hacen sus tareas. Todos han recibido un curso superintensivo de idioma francés de 10 horas diarias, lo que sumado a las horas de tarea, copan todo su tiempo y ahora tienen que hablar, pensar y hasta soñar en francés. Un total vuelco en sus vidas.
Por esa razón están eternamente agradecidos a la Alianza Francesa, a sus directivos y sus profesores, porque todos ellos se comprometieron de corazón a preparar a los chicos para que aprendan el idioma y puedan superar el examen de suficiencia DELF B-1 que acredite que pueden desenvolverse en esa lengua sin problemas. Todos esperan ansiosos esos resultados que deben llegar en algunos días.
El alquiler de la residencia en ese punto de Lima es posible gracias a la subvención de 1,200 soles mensuales que les otorga Beca 18, dinero que deben administrar con cuidado y prolijidad para cubrir los gastos que les permitan alcanzar su sueño.
"Comenzamos a pasar una serie de pruebas, psicológicas, de conocimientos y otras en un proceso largo. Al inicio me desanimé porque se demoraban mucho los resultados pero después nos mandaron los resultados a nuestros correos", dijo a la agencia Andina esta jovencita cuyo padre falleció el año pasado y a quien le embargan sentimientos encontrados por dejar a su familia en Recuay para estudiar Ingeniería Biológica, a miles de kilómetros de distancia.
Su madre, confiesa, es su principal fuerza. Ella la escucha, la anima, la impulsa a no decaer y a no dejar pasar el tren de la vida que la llevará a tierras francesas. Atrás está quedando la época en que solo esperaba acabar la carrera lo más pronto y conseguir un empleo.
Similar es la sensación que siente Priscilla Horna quien a sus 20 dejó la Matemática Pura y su universidad en Lambayeque para dedicarse a la Ingeniería Civil en Francia. Ya lleva seis meses fuera de su tierra y alejada de sus padres, de quienes es su única hija y aún no se acostumbra ni a la bulla ni al tráfico de Lima, pero también extraña sus sabrosos platos norteños.
"Los resultados de los exámenes nos alegraron y sorprendieron pero la nostalgia de dejar a los míos es fuerte. En fin tres años pasan rápido", señala.
Gabriel Aguilar será en tres años más todo un ingeniero agrónomo. Asegura que aprovechará esta oportunidad al máximo y resalta que felizmente son miles los jóvenes beneficiados con Beca 18 que lograrán lo que la falta de recursos les impedía: desarrollarse como profesionales.
"Esto no solo nos beneficia y alcanza a nuestras familias sino a miles porque si el Estado sigue invirtiendo en la educación, los resultados se verán en el futuro en todo el país", remarca.
Quien tampoco hubiera imaginado esta posibilidad ni en sus mejores sueños es David Coaguila, ya que su padre - un profesor de Educación Física - no hubiera podido costearle una carrera en el extranjero.
Beca 18 ya había llegado a sus vidas a través de su hermano, quien es becario nacional en la Universidad Nacional de Moquegua. Ahora las puertas se le abrieron a él, quien durante dos años estudió Ingeniería de Minas, porque no había facultad de Ingeniería Civil, lo que era su deseo.
Todas sus expectativas están ahora en tierras europeas, al igual que las de Alberto Segura, a quien nunca le pasó por la cabeza llegar hasta ese confín del mundo. El había pensado en la opción de Brasil pero se encontró en el camino con esta oportunidad.
En el grupo también está Billy Rosas de 21 años, quien dejará la ingeniería Civil y su tierra Huánuco para estudiar en aulas francesas Ingeniería Industrial.
Que no mueran los sueños
"La falta de oportunidades hace que en nuestro país los sueños se vayan muriendo y que tengamos que enterrarlos". Así reflexiona Alfredo Cadillo, un estudiante ancashino a quien siempre acompañó el anhelo de lograr una beca de estudios.
"Pero todo estaba centralizado en Lima y mi familia por falta de recursos podía hacer poco. Mis padres son analfabetos y vivíamos de criar animales y de sembrar algo. Yo trabajé desde muy niño, cuando estaba en tercer grado de primaria y viví algún tiempo en la calle y vi como alguna gente se iba por el camino equivocado", relata.
Siempre quiso un cambio para el país Ahora está convencido que el puede ser parte de ese cambio y contribuir con todo lo que aprenda en Francia.
"Pero detrás nuestro hay muchos más chicos esperando una oportunidad y hay que dársela", sentencia finalmente. (Por Azucena Romaní)
(FIN) ART/LZD
Publicado: 29/6/2014