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Trabajadores ambientales: Los rostros del reciclaje

ANDINA/Vidal Tarqui

ANDINA/Vidal Tarqui

07:35 | Lima, oct. 27.

Por José Vadillo

Las historias de Edilberto y Katherin grafican la importancia de la formalización de los recicladores y cómo la pandemia 19 afectó desde el 2020 a toda la cadena de valorización de los residuos sólidos. Se busca promover la reactivación de esta actividad en el país.

A los 6 años, Edilberto Delgado cambió el verbo jugar por reciclar. Comenzó reciclando huesos de res y de pollo. Por kilo recibía 50 céntimos; con 3 o 4 kilos ya tenía para sus propinas.

Sus padres habían llegado a un terreno cerca a los Pantanos de Villa. Al frente, existía un botadero. Fue ahí donde por el hambre –se trataba de una familia con 4 hijos–, su mamá empezó a reciclar. Como hijo varón mayor, él aprendió el oficio. Juntaba plásticos, cartones y latas con su mamá. Cada día podían reciclar entre 20 y 30 kilos, lo que significaba 15 a 20 soles.

Desde niño se acostumbró a ese ritmo de vida. “En ese tiempo, los compradores de reciclaje eran contaditos”, recuerda.



Para él, todo empezó a mejorar con la promulgación, hace 12 años, de la Ley N° 29419, que regula la actividad de los recicladores. Las empresas empezaron a requerir materiales como los estuches de los discos compactos, el PVC, y mejoró el precio de los metales. También comenzaron con el valor agregado: pagaban más si separabas el cartón del papel y el cuché.

Hace una década decidió formalizarse. Cuando era informal, su economía dependía del día a día. No era suficiente y debía salir con un triciclo a “campanear” la basura. Y su autoestima era baja. Hasta que se formalizó y comprendió que cumplía un papel importante. Se asumió como un trabajador ambiental.

“Cuando me formalicé, mi vida cambió. Ahora, con la asociación Cambio de Vida en Avance de Villa El Salvador, tenemos un camión de dos toneladas y rutas en convenio con la municipalidad, con las empresas”. La oenegé Ciudad Saludable le ayudó a formalizarse. No fue fácil, había que capacitarse, llevar talleres, ponerse vacunas, usar uniformes, y el flujo del dinero no era diario. De los 20 que empezaron, ahora solo quedan 8.

Pero llegó la pandemia y todo se detuvo. Tuvieron que devolver el camión de 4 toneladas que habían sacado a crédito porque la ruta empresarial –que les permitía más de 25 toneladas mensuales de material reciclable– cerró sus puertas.

Por casi medio año no pudieron hacer nada. Se tuvieron que apoyar en los magros ahorros, hacer ollas comunes y recibieron el apoyo solidario de algunas empresas y de la municipalidad de Villa El Salvador para poder sobrevivir. Lo bueno fue que ninguno de sus compañeros recicladores se enfermó del covid-19, cuenta.

La mayoría de las empresas hoy trabajan remotamente, las personas ya no depositan sus plásticos en los supermercados porque prefieren el delivery. “Ahora reciclamos alrededor de 8 toneladas mensuales”.

Edilberto trabaja con su hijo mayor en la ruta de las empresas. Por la pandemia, su esposa e hijas dejaron de hacer manualidades a partir del material reciclado (cartucheras, collares, etcétera). Están pensando lanzar el catálogo por redes sociales. Es seguir en el rubro en la nueva realidad.

Katherin Cupe


Los trabajos que tomaba Katherin Cupe le impedían faltar para asistir a sus dos niñas pequeñas. Entonces –hace siete años– decidió dar un paso: empezar a reciclar. Los dos primeros años fue informal, junto con sus dos hermanos aprendió a ir de madrugada por la calle y reciclar.

Tenía que sortear problemas con el serenazgo; también soportar a otros compañeros recicladores que buscaban la bronca cuando llegaba a una zona de Miraflores. De noche, la ciudad es otra y sacar la basura para segregar es exponerse a que los fumones y otros quieran faltarles el respeto o sobrepasarse.

Se enteró de que la municipalidad miraflorina estaba promoviendo la formalización de los recicladores. El requisito era que sean una asociación. Así que Katherin, sus hermanos y algunos compañeros formaron la asociación Aryes.

Para la señora Cupe, que es madre soltera y tiene 34 años, lo más importante es que la formalización le ha permitido tener un horario de trabajo, llegar a su casa a Chorrillos y poder estar con sus tres hijas y su madre. Hace dos rutas de recojo de material reciclado ya programadas en Miraflores en la mañana y la tarde. Luego llevan a descargar el material a un centro de acopio por los Pantanos de Villa, donde otro grupo de personas se encarga de segregar el material.

Como Edilberto, Katherin también sobrevivió los primeros meses sin reciclar gracias al banco de alimentos, un pequeño bono de víveres y el apoyo de Ciudad Saludable. Al cuarto mes retomó la actividad, pero era muy complicado. Muchos desempleados peruanos y extranjeros se han dedicado a reciclar informalmente. Esto ha disminuido el material recolectado de los edificios de vivienda, cuenta, porque los conserjes guardan material para venderlo a estas personas.

“Nos ha costado bastante reactivarnos”, dice. “No se ha vuelto al 100%, pero al menos deja algo”. Katherin se pone su mascarilla y acomoda las bolsas. Lo que unos botan, para ella es una oportunidad laboral.

Ecosistema del reciclaje


Desde el 15 de marzo del 2020, cuando se ordenó el aislamiento social obligatorio por la pandemia (4 meses para Lima y 7 en otras regiones) los “programas municipales de valorización de residuos sólidos” o “programas municipales de reciclaje” se paralizaron.

Se afectó así al ecosistema del reciclaje en el Perú. Sin la estabilidad económica, las familias recicladoras se expusieron a una mayor vulnerabilidad. Los municipios calculan que el 60% de los hogares dejaron de participar en sus programas de segregación, afectando los ingresos mensuales de los recicladores. Además, los precios de los materiales en muchas regiones cayeron hasta en 50% el costo por kilo.

“El primer año de la pandemia retrocedimos gravemente en la segregación y almacenamiento en los hogares por temor al virus. Un gran porcentaje de segregadores formalizados retornaron a la informalidad acopiando residuos sólidos valorizables en las vías públicas y en sus viviendas, exponiéndose a ser infectados. Se dio un incremento en la cantidad de residuos sólidos reciclables en lugares de disposición final, y se identificó reciclaje informal en 1,228 botaderos. Fue el retorno a un modelo de economía lineal”, explica la directora de la oenegé Ciudad Saludable, Paloma Roldán.

Este año, el panorama “comienza a transformarse”. Y la recuperación de materiales empieza a mejorar. Pero se necesitan estrategias creativas con miras a los ciudadanos. Dice que las estaciones de reciclaje en espacios públicos y privados en las principales ciudades empieza a rendir frutos.

Roldán destaca que el Gobierno, por medio del Ministerio del Ambiente, impulsó la reactivación de la cadena de valorización de residuos sólidos, articulando a gobiernos locales y las oenegés para fortalecer capacidades de las asociaciones de recicladores y comprometer a la población para continuar en los programas municipales de valorización de residuos sólidos.

Menciona esfuerzos importantes en este proceso de reactivación como el de la Municipalidad Provincial de Arequipa; y en el caso de Lima, las comunas de Miraflores y Jesús María. También se dan alianzas con el sector privado para impulsar campañas de reciclaje de residuos reciclables y de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), por ejemplo.

Retos actuales


No hay data oficial con respecto a cuántos de estos trabajadores ambientales (o recicladores formalizados) fallecieron por el covid-19 ni cuántos han sido vacunados. Lo real es que muchos recicladores adultos mayores dejaron la actividad. Y otro contingente importante se vio forzado a volver a las calles.

Roldán resalta que un cambio positivo que ha traído la pandemia es el refuerzo del uso de los equipos de protección personal y la necesidad de vacunación como requisitos para que estos trabajadores desarrollen sus labores.

Sin embargo, estos dos últimos años, por el desempleo, muchos se han incorporado como recicladores informales en calles y botaderos. Además de ser un reto para su formalización, genera una competencia desleal con los recicladores formales que cumplen con todos los protocolos de bioseguridad, rutas y horarios.

¿Se necesita alguna iniciativa legal adicional para dinamizar la cultura del reciclaje en el Perú? “En términos normativos tenemos las bases para seguir construyendo el cambio. Necesitamos sacar adelante iniciativas que sumen una cultura de reciclaje con un sabor o identidad local, con mensajes y en lenguajes más inclusivos, sobre todo mediante los espacios públicos y seguir poniendo la agenda ambiental en el imaginario ciudadano”, finaliza Roldán.

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(FIN) JVV/RES


Publicado: 27/10/2021
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