Con una holgura externa reflejada en un superávit comercial de 47,700 millones de dólares en 12 meses, frente a 28,300 millones un año antes, y términos de intercambio en su máximo en 76 años, Perú afronta la prueba de crecer de forma sostenida mediante la inversión.
En este contexto, el Observatorio Económico, Financiero y Social de la Universidad de Lima (OEFS-UL) proyecta un crecimiento de 3.3% en 2026 y de entre 2% y 3% en 2027. La abundancia de divisas no se traduce en dinamismo, y esa brecha preocupa a quien decide dónde colocar su capital, señala artículo publicado en el Suplemento Económika del Diario El Peruano.
Proyectos
La inversión privada, sobre todo la minera, marca el rumbo. Su monto pasaría de 6,300 millones de dólares en 2025 a 7,500 millones en 2026 y a 8,000 millones en 2027, según el escenario A.
Las expectativas acompañan: el índice de situación actual del negocio marca 57 puntos y la confianza a doce meses llega a 68, ambos en terreno optimista.
El gasto público contracíclico amortigua el golpe de El Niño, pero no sustituye al capital privado en el largo plazo.
El responsable del OEFS-UL, Julio del Castillo, sostiene que la única fuente de crecimiento sostenible es la inversión, y básicamente la privada.
Menciona la intención de impulsar, en cinco años, asociaciones público-privadas por 55,000 millones de dólares. El obstáculo no es el capital sino el calendario: los permisos y la relación con las comunidades determinan cuántos proyectos pasan de la cartera a la obra.
Allí asoma la segunda restricción. Con 70.2% de empleo informal en 2025 (65% en el ámbito urbano y 95% en el rural), cada punto adicional de informalidad resta 0.70% al crecimiento del producto bruto interno (PBI) real per cápita, y hasta 1.36% si se suma el efecto sobre la productividad.
El docente advierte que crecer por encima de 5% anual, el ritmo necesario para absorber a quienes hoy están mal empleados, resulta difícil con ese lastre.
La tercera es la eficiencia del gasto. La inversión pública alcanzó 5% del PBI en 2024, frente a 3.4% del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y 2.2% de Chile.
Del Castillo no cuestiona el monto, sino que los proyectos se inician y no concluyen: un coste de oportunidad que el país ya pagó y no recupera.
Con una cartera de 27,880 millones de dólares por adjudicar entre 2026 y 2029, que incluye 3,130 millones en conservación vial, la capacidad de ejecución pesa más que el anuncio.
Inteligencia artificial
A esa ecuación se suma la inteligencia artificial, capítulo que el OEFS-UL no cuantifica. Centros de datos, energía firme y conectividad son proyectos intensivos en gastos de capital que dependen de las mismas condiciones: permisos ágiles, comunidades informadas y obras que se terminan.
Un mercado laboral informal en 70% difícilmente capturará las ganancias de productividad que esa tecnología promete, y el capital veloz no esperará a que Perú despeje sus cuellos de botella.
El entorno externo tampoco concede tregua. La Reserva Federal (FED) de Estados Unidos proyecta una tasa de 4.1% para 2026 y 2027, lo que encarece el crédito, y El Niño restaría 0.9 puntos porcentuales al PBI este año y 1.1 el próximo, según el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP).
El riesgo no es que el capital privado no llegue. Es que llegue y encuentre un país que todavía no sabe terminar lo que empieza.
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(FIN) DOP/SDD/JJN
JRA
Publicado: 2/11/2026