Escribe: Fidel Gutiérrez MendozaLos oídos de los peruanos se repartieron mayormente entre el pop, la cumbia y la salsa durante los últimos 20 años. Los medios de comunicación masiva privilegiaron la difusión de esos estilos, generando con ello la emergencia y pervivencia de figuras de indudable arraigo, apegadas a fórmulas y esquemas probadamente atractivos. Durante ese tiempo, también, los artistas nacionales supieron asimilar tendencias foráneas, adaptándolas a nuestra idiosincrasia y lenguaje, entablando así diálogos horizontales con sus pares del extranjero.
Así, el pop que se escuchaba en el 2006, con nombres ineludibles, como el de Gianmarco, ha ido encontrando en lo urbano (ese cajón de sastre donde el hip-hop y lo tropical se dan la mano) elementos que le permiten arraigarse en las preferencias de nuevas audiencias, con hábitos de consumo de música en constante mutación.
Y si bien en ese contexto, el reggaetón ha sido siempre la punta de lanza (y DJ Bryanflow uno de sus exponentes locales más interesantes), expresiones afines, como el trap, también cobraron protagonismo, abriendo posibilidades sonoras emparentadas con lo que se hace hoy en otros lares. El trabajo de un artista como Murder puede ilustrar esta afirmación. Mientras, gente con perfiles menos prominentes, pero con un cuerpo de trabajo respetable, como el legendario Pedromo, continúan sosteniendo al hip-hop local e influyendo en sus derivados.

Cumbia de exportación
Estas dos décadas también han sido propicias para que la cumbia peruana continúe expandiéndose, localmente y en otros lares. El redescubrimiento en el extranjero y en la juventud local apegada al rock de nombres del pasado como Los Mirlos, Los Ecos y Juaneco y su Combo, hizo que el género ganara nuevas audiencias y abrió espacios también a quienes entonces y ahora se encontraban en vigente actividad, como el tridente norteño del Grupo 5, Armonía 10 y Agua Marina, convertidas en este tiempo en megastrellas de la música peruana. Pero es el sonido vintage de las guitarras peruanas cumbieras y sicodélicas el que ha seducido más en el extranjero a músicos y público, generando émulos no solo en América, sino también en Europa y Asia. Localmente, la cumbia consolidó una transversalidad social digna de estudio; algo excepcional en un país caracterizado por su fragmentación.
Salsa perucha
La salsa, por otro lado, mantiene una audiencia cautiva y ha generado exponentes que asimilaron tendencias que han estribado desde la timba hasta el reparto, pasando por los intentos de revivir la salsa romántica. Esto último ha derivado en la actual afición de adaptar al formato salsero temas de otros géneros; práctica aceptada por el público, pero vista con desconfianza por músicos y crítica, por privilegiar una fórmula por sobre la originalidad.
En paralelo, mientras todo esto discurría por las corrientes principales, nombres como los de Susana Baca, La Lá, Damaris, Rafo Ráez, Miki González, Amaranta, Adrián Bello, Danitse, Antología y Dafne Castañeda, por mencionar algunos, supieron plasmar durante este tiempo, singularidad e identidad local. Y lo continúan haciendo.

El ritual “en vivo”
Entre el 2006 y el 2026, los peruanos pudimos reencontrarnos o –en el caso de las generaciones más jóvenes– conocer la experiencia comunitaria de los macroconciertos y festivales internacionales. Modificaciones tributarias reclamadas por empresarios y promotores hicieron posible aligerar costos de producción.
Además de propiciar visitas de astros foráneos, ello consolidó la realización de festivales que con anterioridad se realizaban con el concurso de artistas locales. Por el lado del rock, puede mencionarse a los ‘Rock en el Parque’ y ‘Vivo x el Rock’. Este último convertido posteriormente en un evento internacional de proporciones pantagruélicas.
En contraste, lo vernacular tradicional mantuvo sus circuitos en la periferia de las ciudades y en locales específicos. A contrapelo, su vertiente más contemporánea logró expandir sus horizontes hacia teatros y escenarios de amplia capacidad, evidenciando así una convocatoria que continúa creciendo.
Los festivales de salsa celebrados con patrocinio municipal y cervecero en el Callao también experimentaron un desarrollo que los llevó hacia otros escenarios, como el Estadio Nacional. Y la cumbia saltó de los lugares populosos hacia nuevos antes ajenos a sus sonidos y estéticas, como bares y discotecas de barrios de clase media y las playas del sur capitalino.

Música “impresa”
En muchos aspectos de nuestra vida los peruanos tendemos a soslayar nuestro pasado y a ignorar aquello que ha ido forjando nuestra identidad y cultura. De allí que resulte saludable la publicación, en estos últimos 20 años, de un gran número de trabajos dedicados a géneros musicales y artistas que dejaron huella en nuestra cultura popular.
Desde biografías de nombres representativos como Chabuca Granda, Pedro Suárez-Vértiz, Daniel F., Libido, Mar de Copas, G-3, Cachuca o Flor Pucarina, hasta visiones panorámicas, como Lima, el vals y la canción criolla, de Gerard Borras; Yawar Chicha, de Alfredo Villar, sobre la cumbia peruana; y Demoler, de Carlos Torres Rotondo, dedicado al rock peruano de los años 1960 y 1970, este tiempo ha sido pródigo en lo que a bibliografía musical respecta.
(FIN) FGM/JVV
Publicado: 8/6/2026