Suplemento “La Crónica Universitaria”: Luis Llosa, el hombre de las montañas rusas

Una historia vale la pena cuando se niega a desaparecer, es la idea que ha definido la carrera del cineasta. (*)

Director Luis Llosa.

Director Luis Llosa.

10:41 | Lima, jul. 14.

Alumna: Kirsten Manrique Ramos / Centro de estudios: Universidad César Vallejo

Algunas personas pasan la vida buscando aquello que las apasiona. Otras tienen la suerte de encontrarlo muy jóvenes. Luis Llosa Urquidi (Lima, 1951) pertenece a este último grupo. 

Mucho antes del éxito en Hollywood, existió un niño que disfrutaba pasar horas frente a una pantalla. No conocía de términos cinematográficos ni de técnicas narrativas. Sin embargo, lo atrapaba el ruido de la sala de cine, las imágenes en movimiento y la sensación de estar dentro de otra realidad. Estaba iniciando una relación que lo acompañaría toda su vida. 

Con el tiempo, descubrió que aquella fascinación iba más allá de sentarse frente a una pantalla. Quería comprender cómo eran construidas esas historias y por qué algunas lograban permanecer en la memoria.

Su hijo Sebastián le ha escrito una canción, “El hombre de las montañas rusas”, porque la carrera del cineasta ha transitado por la televisión peruana, la industria de Hollywood y proyectos personales. Lo único que cuestiona de la canción es una frase que sugiere que todo terminó. “No ha terminado nada”, responde entre risas. A sus 74 años, Luis Llosa continúa imaginando historias que lo mantienen despierto durante la madrugada.

Entre vaqueros y colas de caballo 
Cuando tenía poco más de treinta años comenzó oficialmente su carrera como director. Sin embargo, el camino empezó mucho antes. Durante su infancia, asistía al cine Roma, en la urbanización Santa Beatriz. Disfrutaba de películas de vaqueros, series de televisión y relatos policiales que alimentaban su imaginación. 

También recuerda un detalle que lo hace sonreír: su fascinación por los personajes femeninos con cola de caballo. Comenzó cuando era niño y veía la serie Papá lo sabe todo. Quedó enamorado de una de las hijas de la familia, que llevaba ese peinado. Con los años intentó reproducir esa imagen en varias de sus películas. Mientras algunos peluqueros insistían en propuestas más elaboradas, él repetía la misma indicación: “Pónganle cola de caballo”. Lo que para otros era un detalle menor, para él era una forma de conservar un recuerdo que había permanecido intacto desde la infancia.

Literatura y publicidad
La curiosidad por entender el mecanismo de las historias lo llevó a estudiar literatura. Aunque no llegó a concluir la carrera, continuó formándose por cuenta propia, leyendo, observando. Quería entender qué hacía que un personaje siguiera vivo en la memoria y cómo una emoción podía atravesar el tiempo y llegar hasta el espectador.

Su recorrido también pasó por el periodismo y la crítica de cine. Más adelante encontró en la publicidad una escuela inesperada para aprender a narrar con imágenes. Allí desarrolló herramientas visuales que posteriormente llevaría al cine. Incluso trabajó como asistente y traductor en producciones internacionales, experiencias que le permitieron observar de cerca el funcionamiento de la industria cinematográfica antes de ocupar la silla de director.

A lo largo de más de cuatro décadas de carrera, Luis Llosa ha dirigido más de treinta producciones entre series, programas de televisión y películas. Su trayectoria lo llevó desde la televisión peruana hasta Hollywood, donde dirigió largometrajes como Francotirador, El especialista y Anaconda

También desarrolló proyectos más personales como La fiesta del Chivo (2005) y Tatuajes en la memoria (2024), obras donde el interés se desplaza hacia la memoria, los conflictos humanos y la búsqueda de redención. Entre muchos de sus personajes existe una característica común: son antihéroes, personajes imperfectos que luchan contra sus propias contradicciones.

Cuando Luis Llosa habla de cine, rara vez lo hace desde el presupuesto o la tecnología. Habla desde la pasión. De esa sensación que aparece cuando una historia comienza a instalarse en la cabeza y ya no te deja tranquilo. Cuando una escena regresa una y otra vez. Cuando empiezas a imaginar planos, personajes y posibilidades. Cuando entiendes que necesitas contar algo.

Tiene una frase que parece atravesar toda su trayectoria: “Lo que recorre toda mi carrera es una pasión por contar historias”. Allí se encuentra el vínculo entre el niño que pasaba horas en el cine, el joven que buscó comprender cómo se construyen los relatos y el director que continúa imaginando nuevos proyectos.

Por eso, para el cineasta nada ha terminado. A sus 74 años, continúa persiguiendo historias con la misma curiosidad de niño. Porque el cine no consiste únicamente en imágenes o técnicas. Consiste en aquellas historias que nos conmueven, nos acompañan y permanecen con nosotros mucho después de que termina la función.


Datos: 
(FIN) MR/JVV


Publicado: 14/7/2026