Suplemento “La Crónica Universitaria”: los desayunos con historia y corazón de Esther

Desde una esquina de Los Olivos, Esther Meza es testigo de historias de los vecinos que han forjado el distrito.

Gracias a su trabajo, Esther Meza ha sacado adelante a sus hijos.

Gracias a su trabajo, Esther Meza ha sacado adelante a sus hijos.

14:12 | Lima, jul. 1.

Alumna: Adriana Noel Montenegro
Centro de estudios: Universidad Tecnológica del Perú

El día apenas comienza. Es inicio de semana, y el cielo oscuro aún sombrea el paisaje limeño. Sin embargo, la capital cobra vida a través de los pasos presurosos de las personas determinadas a cumplir con sus labores. Dentro de este grupo de peruanos perseverantes encontramos figuras que nos ayudan a comenzar la jornada enérgicos, motivados y, sobre todo, bien alimentados.

A pocas cuadras del municipio de Los Olivos, en una de las dos esquinas de la cuadra 11 de la avenida Santiago Antúnez de Mayolo, en la urbanización Mercurio, una figura recibe siempre a sus comensales con una sonrisa y una gentil invitación para tomar asiento en su puesto de desayunos al paso mientras ella continúa revolviendo la olla. El vapor caliente y el aroma dulce del emoliente dan la bienvenida e impregnan el ambiente con un toque cálido. 

Ese personaje es la señora Extragilda Meza, pero ella prefiere que la llamen “Esther”. “¡Así es como me conocen mis caseros!”, revela con un gesto alegre al tiempo que sirve una bebida.


Tesón provinciano 
Esther, originaria de Huancayo, llegó a Lima cuando tenía 15 años. Cuatro años después, y con mucho empeño, logró consolidar un negocio propio de desayunos que ubicó en este mismo espacio desde donde hoy le rinde tributo al empeño y al tesón provincianos. 

Su jornada se inicia temprano: a las seis de la mañana, ella ya está ubicada puntualmente en la zona habitual, lista para empezar a recibir a sus clientes. 

Nos platica sobre qué es lo que más ama de su trabajo y lo que implica realizarlo desde hace tantos años. “Me encanta lo que hago. Lo que más disfruto es conversar con mis caseros”, cuenta con alegría. 

Para ella, su labor va más allá de vender desayunos. Los momentos junto a sus clientes, las conversaciones cotidianas, las anécdotas que han construido juntos a lo largo de los años y ver a muchos de ellos crecer y convertirse en personas adultas le han permitido crear vínculos duraderos. Eso es lo que ella más valora.

Entre dos idiomas 
Sin embargo, la vida no fue fácil para ella. Uno de sus problemas al llegar a la capital fue el idioma. Esther hablaba el quechua con fluidez por ser su lengua materna, y entendía con dificultad el español, por lo que la comunicación fue su gran desafío. 

Con los años, ella se convirtió en el principal soporte de su familia. “Todo salía del carrito. Por años vendí desayunos en las mañanas y en las noches, y durante el día, raspadillas. Era para sacar adelante a mis hijos, para su colegio, su universidad”, cuenta. 

Hubo momentos duros y difíciles que incluyeron días en los que llegaba al hogar sin dinero y con los insumos perdidos: su herramienta de trabajo, en diferentes ocasiones, fue confiscada, ya que, en ese tiempo, ella aún pertenecía al sector informal como muchos otros peruanos. “Fueron muchísimas veces las que lloré cuando veía mi esfuerzo regado en el suelo”, recuerda. Pero a base de dedicación y amor, Esther logró sostener su hogar y hacerlo prosperar. En ese empeño, sus seres queridos fueron simpre su motivación principal. 

Recuerda también cómo cambió esta zona de Los Olivos desde que comenzó a trabajar. Esther fue testigo del proceso de urbanización que atravesó este distrito de Lima Norte. Relata la transformación, el movimiento del día a día: las casas que aparecieron, las personas que llegaron, las familias que se formaron, los negocios que surgieron. Para ella, esta nueva realidad significó más oportunidades de trabajo y el privilegio de ver crecer a quienes fueron conformando este distrito.

Así, Esther representa a millones de peruanos que, día a día, luchan por sus familias y un futuro mejor. Su historia demuestra que la cultura también vive en las manos trabajadoras que mantienen viva una tradición alimentaria desde un puesto de desayunos al paso en Los Olivos.

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(FIN) ANM/JVV


Publicado: 1/7/2026