Santa Rosita es del pueblo (crónica)

El santuario de la Av. Tacna, recibe hoy a miles de feligreses que acuden desde las 6:00 hasta las 21:00 horas.

La selfie se impuso en santuario de Santa Rosa de Lima. ANDINA/Renato Pajuelo

La selfie se impuso en santuario de Santa Rosa de Lima. ANDINA/Renato Pajuelo

16:16 | Lima, ago. 30.

José Vadillo Vila

La oración que repiten los integrantes de la Brigada de Santa Rosa de Lima consta de tres palabras, “¡avancen, por favor!”.

La cola es una serpiente friolenta que ya estaba viva a las seis de la mañana. Día friísimo aunque sin lluvia, la cola viste casacas, compra chaufas al paso y manzanas acaremeladas; coletea hasta la mismísima plaza Ramón Castilla, pasa por el frontis de la comisaría de Monserrate. 

Avanza –a veces corre- por los jirones Callao, Chancay, Cañete. Niños, jóvenes, adultos, ancianos en sillas de rueda, todos van en dirección a la cuadra uno de la avenida Tacna.  


El pozo. 
El corazón del santuario de Santa Rosa de Lima es oscuro, tiene una profundidad de 19 metros y es la fuente del fervor popular: el pozo de los deseos. 

Y singulariza la fe en la mística limeña, una fe que renace cada 30 de agosto, que encierra -también- un gusto por las cartas escritas a mano.  

Es el mismo pozo donde, hace casi 500 años, Isabel Flores de Oliva arrojó las llaves del candado de la cadena de hierro que se ciñó sobre sus caderas. 

Desde que se tiene memoria, es el espacio de comunicación directa entre Rosa y sus devotos, quienes arrojan cartas con sus peticiones. 


Escritura de la fe.
Es una fe que encierra un ejercicio de escritura colectiva. “querida Santa Rosa:”

Hay quienes arrojan su carta rápido, casi por trámite; los y las que prefieren observar cómo la misiva sobrepasa la rejilla y se posa en el fondo. 

Los que llegan en la cola del pozo provistos con el palito para la selfie y las que transmiten por Facebook alive el acto de fe y van en busca de likes y cuentan como un manifiesto lo que escribieron en su carta. 

Hay el encargado de traer la docena de cartas de toda la familia. El que traslada al papel lo que le dictan por wasap, porque tendrá este año wasap propio santa Rosita, pero la gente prefiere la conexión directa, sin wi-fi. El papel y la tinta. 

Hay quien presta su espalda para que otro escriba (mejor) sobre ella la epístola. 

Y el anciano que redacta por 10 minutos una larga misiva que más parece un testamento. 

La mayoría prefiere comprar –a 2 por 50 céntimos–, las cartas con el formato listo, incluyen oración de gracias, llenar el año correspondiente (“20…”) y tiene 22 líneas para llenar su pedido.  

Rosita es tan buena que juran cumple los milagros, aunque las letras de sus feligreses parezcan jeroglíficas. Y sobrelleva errores de gramática y ortografía.  

De vez en cuando, pasa una mujer que susurra una oferta ideal para los que olvidaron lo vital y se encuentran frente al pozo de los deseos, “cartas, lapiceros; cartas, lapiceros”.


Los brigadistas.
Hay más afluencia de gente, hay más orden este año, dice Jorge Mezthal.  Cada 30 de agosto, desde hace 40 años, visita el santuario de la santa más popular de América. Ahora esa presidente de la Hermandad de Santa Rosa de Lima y se encarga de dar las últimas indicaciones a los más de medio centenar de brigadistas. 

Son 40 jóvenes que son de la confirmación, que se preparan en el mismo santuario. 

“Desde marzo, dentro del plan de trabajo de su confirmación, se les ha preparado, porque, como ellos son de casa, tienen que ayudar hoy 30 de agosto”. A ellos se suman una veintena de integrantes del grupo Rosa de Santa María. 

Su misión de hoy y el fin de semana, es cuidar el patrimonio del santuario, los lugares visitados (la ermita; la cruz donde se construyó la primera ermita de caña, hojas de plátano y palmera; el pozo de los deseos y el dormitorio), desde las 6 de la mañana hasta la hora del cierre, a las 9 de la noche. Hay gente que se queda, pero se cierran las puertas.   

La seguridad externa e interna está a cargo del cuerpo de serenos de la Municipalidad de Lima y los miembros de la Policía Nacional, que van elegantes porque es el día de su patrona. Y hay policías que no descubrirás, son del grupo “Terna”, y están confundidos entre los feligreses, atentos a cualquier incidente. 


La ermita. 
El juego de los niños es el cálculo. 

El tintineo de las monedas que entran por las rendijas a modo de ventiladores, que tiene la ermita, la segunda que construyó Rosa de Lima, con ayuda de su hermano Fernando. 

La ermita que se volvió a hacer con la misma tierra de los adobes originales y en la medida original.  

La ermita tiene una alfombra de monedas, abundan los soles, los veinte céntimos. Billetes de 20, 10 soles, como pelos de calvo; un solitario billete de un dólar, como turista en cumbre indígena. 

14 sacerdotes. 
A las seis de la mañana fue la primera misa y la última se oficiará a las 8 de la noche. Una cada hora. Un total de 14 sacerdotes que hoy, viernes 30, se turnarán en la iglesia de Santa Rosa. 

Al sacerdote Reynaldo Montenegro, prior del convento de Santa Rosa de Lima, le ha llamado la atención ver a lo largo del mes ver una gran cantidad de niños que visitan el santuario. 

“Seguro se debe a los profesores de educación religiosa que este año están reforzando las historias sobre la vida de los santos”, comenta. 

Montenegro dice que la mayoría de los visitantes son personas que lo hacen “por tradición”. Para ellos, venir cada 30 de agosto es parte de sus vidas. 

Este año, Montenegro ve las celebraciones más ordenadas y fluidas dentro del santuario. 

Los extranjeros. 
Jorge Mezthal dice que este año ha aumentado el número de feligreses de origen venezolano. Hay una congregación venezolana en la iglesia de Santa Rosa, que viene cada mes a hacer una misa por la virgen de Chiquinquirá.  

Claudia Salcedo aprendió a ser devota de la santa peruana a miles de kilómetros. En su ciudad, Carúpano, estado de Sucre, Venezuela, vivía frente a la Catedral de la ciudad, que lleva el nombre de Santa Rosa de Lima, para más señas. También lleva una carta entre sus manos y cuenta que en Carúpano se le dedica a la santa una semana de rezos, misas y flores la última semana de agosto. No imaginó ser obligada a venir al Perú y conocer in situ cómo se vivía la fe, con sabor a multitudes, en Lima. Desde hace dos años, vive la devoción en el Perú incluía colas. 

A diferencia de Claudia, su novio, Ramón, aprendió desde niño a vivir la fe en Santa Rosa y visitar cada 30 de agosto la casa donde nació la mística limeña en 1586. Lo aprendió de su madre, devota y quien alguna vez inclusive soñó con la santa. 


Los debutantes en la fe. 
Es la primera vez que Gerardo Ruidíaz viene desde Bellavista, Callao, a visitar al santuario. Dice que lo ha hecho para que su hijos y sus sobrinos lo conozcan. 

“Se parece a la multitud de feligreses que mueve la Virgen de la Puerta, en Otuzco”, me dice Víctor Salazar. Ha llegado por primera vez desde Trujillo, junto a su esposa y su niño, Benjamín, de 11 meses a visitar el santuario. Víctor jura que cada año repetirá la experiencia.  

Las niñas llevan las vinchas, rosas de plástico sobre la cabeza. Las vinchas están a tres soles.  


La multiplicación de Rosita. 
No una sino varias Santa Rosas.

Como todos los años, por la avenida Tacna se suceden diversas imágenes de la santa limeña. 

A una con el blasón de un centro académico le sucederá una Santa Rosa que llega rodeada de “pabluchas” y “chunchos” prestados de la fiesta del Señor de Qoyllurritty. Saludan el santuario y avanzan por el puente de Prolongación Tacna seguidos por sus feligreses.  

O hay imágenes más privadas, familiares. César Vásquez y Edith Sánchez llegaron a las ocho de la mañana y antes del mediodía se retira. Como hace ocho años, llevan en brazos la imagen de Santa Rosa. Recibió la bendición en la misa y ahora vuelve a casa en el Callao. 

El próximo año repetirán la rutina de la fe. 

(FIN)   
JVV

Publicado: 30/8/2019