A los 84 años, el artista peruano Rodolfo Quiroz falleció en la ciudad de París el pasado 5 de abril, dejando tras de sí un legado creativo que supo combinar con reflexiones profundas sobre el papel del artista en sociedades en proceso de cambios acelerados.
Nacido en Arequipa en 1942, Quiroz conquistó la capital mundial del arte con su propuesta estética. Su interés por la pintura despertó tempranamente –a los 8 años–, a través de la acuarela, una especialidad técnica profundamente arraigada en la tradición arequipeña.
Su imaginación infantil se nutrió de los cuentos y leyendas que le narraba su madre, “relatos que lo llevaban a perderse visualmente en el cielo y las estrellas”. Durante su adolescencia, solía dibujar caricaturas, inspirándose en las pinturas del Renacimiento.

Aunque inicialmente consideró estudiar la carrera de Arquitectura, la vocación artística lo llevó a matricularse en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de Lima, en 1963.
Allí, bajo la tutela del maestro Juan Manuel Ugarte Eléspuru y del arqueólogo Julio Espejo, cursó ‘Investigaciones de la Estética’, donde desarrolló un profundo interés por el arte precolombino.
En 1968 culminó sus estudios y recibió el primer premio y la medalla de oro de su promoción en Bellas Artes.
En 1971, Quiroz obtuvo una beca del gobierno francés que lo trasladó a París. Aunque inicialmente planeaba formar un grupo artístico con amigos y colegas en Nueva York, la decisión de instalarse en Europa fue definitiva y transformadora. En París, el artista se deslumbró con las obras originales del Renacimiento y el arte gótico.

Inmersión en la cultura
En 1972, emprendió su primer viaje por el Mediterráneo; descubrió el arte románico en Vézelay, el gótico en Chartres y a los grandes maestros renacentistas en Venecia, Florencia y Roma. Su sed de conocimiento lo llevó a extender su periplo hasta Atenas, Delfos y Estambul.
Esta inmersión cultural le permitió desarrollar un lenguaje que se alejaba de la figuración tradicional y del surrealismo ortodoxo.
Quiroz se integró rápidamente en la vanguardia internacional. Participó en prestigiosas exposiciones como ‘Grands et jeunes d'aujourd'hui’, ‘Salon de Comparaison’ y ‘Salon de mai’.
Su presencia en galerías parisinas fue constante durante más de dos décadas. Destacaron sus exhibiciones individuales en la Galerie Neuf, en el Tourtour y la Galería Yomiuri, las cuales consolidaron su prestigio en círculos de alto nivel artístico.

L’invitation au voyage (La invitación al viaje). Óleo sobre lienzo. (Detalle)
Quiroz estableció su hogar y taller en Le Perreux-sur-Marne, una localidad cercana a París y próxima al río Marne, lugar que se transformó en el marco ideal para sus obras.
Su residencia era una extensión de su universo pictórico: un entorno adornado con esculturas que daban cuerpo a los personajes que habitaban sus lienzos.
Pincel, luz y color
Los viajes fueron una constante en su vida y fuente de "recarga" de energía. Consideraba a Italia como un "país museo", pero sus recorridos por España, Portugal, Holanda, Estados Unidos, Egipto, Marruecos, Jordania, Sri Lanka, Malta y el Reino Unido enriquecieron su visión multicultural.
No obstante, regresaba con frecuencia al Perú para reconectar con sus raíces. En 1982, realizó un retorno a Lima para una exposición en el Museo de Arte Italiano.

Salón de la Nationale des Beaux Arts 2010. Exposición de arte “Paysage Cosmique”.
La técnica de Quiroz evolucionó desde una pincelada "furiosa" hacia una maestría donde la forma se disuelve para dar prioridad absoluta al color y la luz. El artista afirmaba pintar para sí mismo, pero soñar para los demás.
En este periodo, Quiroz sintió la necesidad de reconectarse con los mitos andinos, como el de Rasu Ñiti, el danzante de tijeras. Tradujo este movimiento rítmico en "elementos vibratorios" que animan la superficie del cuadro, creando una sensación de ebullición constante.
Sus obras se poblaron de formas misteriosas que recordaban a plasmas vivientes emergiendo de fondos oscuros a través de una paleta mineral de verdes, azules inusuales y tierras luminosas.

París (2008) Carousel du Louvre. Exposición “Paysage cosmique”.
Artista en clave prosa y poesía
Rodolfo Quiroz no solo fue un destacado artista plástico; también se preocupó por extender la expresión de sus lienzos a través de las palabras. Su escritura, al igual que sus pinturas, estuvo constantemente rodeada de luz y de cromatismo.
Su prosa registra marcas profundamente poéticas: las imágenes no se limitan a describir, sino que intentan ser un lienzo visible para los lectores, por momentos, las descripciones suelen asemejarse a la descripción de un cuadro de escenarios luminosos.
Asimismo, destaca por la ternura, representada en un lenguaje lleno de diminutivos que dotan a su escritura de una calidez absoluta. A su vez, expresa una gran sensibilidad y nos muestra una visión del mundo que añora a su amada Arequipa.

Exposición retrospectiva "Quiroz - 34 años en Francia".
En busca de la luz
El triunfo de Quiroz alcanzó hitos históricos. En 1972, la Comisión de Bellas Artes de París seleccionó una obra de su serie ‘Oco Pacha’ para el Musée d'Art Moderne de París. Asimismo, el gobierno francés adquirió otra pieza de la misma colección.
En 2005, se realizó una exposición retrospectiva –Orangerie du Sénat– que cubrió más de 30 años de trabajo en Francia. Contó con 130 piezas (76 óleos, 40 acuarelas y 14 esculturas) y atrajo a más de 20,000 visitantes.
En 2017, la muestra ‘Lumière dans l'ombre’ representó un punto culminante de su itinerario vital y artístico. Ello funcionó como una síntesis de su mundo cósmico sin límites.

En el Perú, en el 2017 se le otorgó la condecoración de la orden Al Mérito del Servicio Diplomático del Perú José Gregorio Paz Soldán, en el grado de Gran Cruz, en reconocimiento a su trayectoria artística y a su contribución a la promoción de la cultura y el arte peruano.
En sus últimos años, Quiroz “se adentró en la búsqueda de la luz, con el propósito de capturarla en la naturaleza, específicamente, en el fondo del agua, una luz que finalmente cristalizó en sus lienzos como una promesa de contemplar la eternidad”. Partió el 5 de abril de 2026, en la ciudad de París.

Yawar fiesta. (2005)
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(FIN) NDP/CCH
Publicado: 1/5/2026