Nervioso, pero decidido a dar el ejemplo a sus tres hijos, Samir Alzamora regresó a las aulas después de más de 20 años. A sus 35 años, este padre de familia estudia Mecánica Automotriz en Senati Piura gracias a Beca 18, convencido de que nunca es tarde para cumplir un sueño y que la mejor enseñanza para sus hijos es demostrarles que el esfuerzo siempre vale la pena.
Al llegar al primer día de clases, frente a un cuaderno, Samir cargaba una mochila llena de expectativas y la responsabilidad de ser esposo y padre. Hoy cursa el tercer ciclo gracias a la modalidad Población Afroperuana de Beca 18, de Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (Pronabec).
"Me sentí nervioso, pero decidido. Iba enfocado en conseguir mis objetivos y nunca dudé respecto a lo que quería lograr, que era terminar una carrera profesional", narró en diálogo con la Agencia Andina. Para él, regresar a estudiar significó retomar un sueño que había quedado postergado por las exigencias económicas y familiares. Aunque los años parecían alejarlo cada vez más de ese objetivo, asegura que jamás perdió la esperanza de convertirse en profesional.
Originario de Yapatera, en la provincia de Morropón (Piura), Samir tuvo que migrar en busca de oportunidades laborales. Durante años trabajó para sacar adelante a su familia, convencido de que la educación era el camino para transformar su futuro. No obstante, las responsabilidades crecieron y el anhelo de estudiar parecía cada vez más distante. "Los años iban pasando y el objetivo se veía lejos, pero nunca perdí la fe ni la esperanza de que algún día podría estudiar", afirma.
Curiosamente, antes de convertirse en becario, Samir era uno de los promotores de las becas educativas en su comunidad afroperuana. Desde la organización Movimiento Afrojuvenil al Desarrollo de Yapatera (Majadi), ayudaba a jóvenes a informarse y postular a programas de apoyo. Fueron precisamente esos jóvenes quienes terminaron animándolo a dar el paso que cambiaría su vida.
"Ellos me preguntaban qué había estudiado y yo les respondía con cierta vergüenza que no había podido hacerlo. Cuando conocí que no existía límite de edad para postular, los mismos chicos que apoyaba empezaron a decirme que yo también podía lograrlo", contó. Motivado por ese respaldo y por el ejemplo de otros becarios, decidió postular.
Pero la razón más poderosa estaba en casa. Samir quería demostrarles a sus hijos que los sueños no tienen fecha de vencimiento. "Siempre les digo a mis hijas que la educación es el camino para salir adelante. Yo tenía que educar con el ejemplo. Quiero que vean que nunca es tarde para estudiar y que no deben rendirse ante las dificultades".
Se preparó con YouTube
Prepararse para competir por una beca después de más de dos décadas fuera del sistema educativo no fue una tarea sencilla. Samir tuvo que adaptar su rutina diaria para encontrar tiempo entre las largas jornadas laborales y las responsabilidades familiares. Su estrategia combinó disciplina, constancia y la convicción de que nunca es tarde para volver a aprender.
Por ahora trabaja como operador de tractor agrícola durante las noches y, al terminar su turno, aprovechaba las primeras horas del día para estudiar. "Llegaba a mi casa pensando en el examen y me preparaba con videos de YouTube y con el libro Prepárate, que nos brindó Pronabec. Buscaba cada problema, revisaba la solución y trataba de entender todo el proceso", comenta.
Lejos de memorizar conceptos, desarrolló un método basado en la práctica. En un solo cuaderno resolvía ejercicios de matemáticas por un lado y de comunicación por el otro, convencido de que aprende mejor haciendo. "Yo tenía que realizar los ejercicios para aprender. No soy mucho de leer y memorizar, sino de practicar una y otra vez", explicó.
Su experiencia también le permitió convertirse en un apoyo para otros postulantes. Mientras repasaba, resolvía dudas de jóvenes de su comunidad que se preparaban para el mismo proceso, una dinámica que fortaleció sus propios conocimientos. Aunque reconoce que las matemáticas fueron el mayor desafío, considera que la lógica adquirida en su etapa escolar le facilitó la comprensión lectora y la resolución de problemas.
Rutina de estudio y desafíos
Manejar el trabajo, los estudios y la vida familiar se ha convertido en el mayor reto para Samir. De lunes a viernes vive cerca de su centro de estudios en Piura, mientras que los fines de semana regresa a Yapatera para reencontrarse con su esposa e hijos.
Gracias a la subvención que recibe como becario, puede cubrir gastos de alojamiento, alimentación y movilidad, lo que le permite mantenerse enfocado en su formación profesional. Además, procura llevar sus clases por las mañanas para trabajar durante las noches. "Trato de buscar mi horario de estudio en la mañana porque así puedo seguir trabajando. Si estudiara en la tarde, perdería la oportunidad de cumplir con ambos", dijo.

Más allá de obtener un título, Samir tiene un objetivo claro: contribuir al desarrollo de su comunidad. Sueña con abrir el primer taller de mecánica automotriz en Yapatera y generar oportunidades para otros jóvenes. "Quiero trabajar en mi profesión y luego instalar mi propio taller. Así podré aportar al crecimiento de mi comunidad y crear empleo para más personas".
Nunca es tarde para empezar de nuevo
Esta nueva etapa también ha transformado la dinámica de su hogar. Ahora pasa menos tiempo con su familia debido a las clases y al trabajo. Sin embargo, asegura que el respaldo de su esposa y de sus hijos mantiene vivo su objetivo. "Nos hemos ajustado un poco en lo económico y en nuestras costumbres, pero mi esposa siempre me dice que el esfuerzo al final dará frutos. No es fácil estudiar y trabajar, pero vale la pena".
Convencido de que la educación puede cambiar vidas, Samir aprovecha su propia experiencia para animar a quienes dejaron de estudiar por motivos económicos, laborales o familiares. "La vida continúa y siempre presenta nuevas oportunidades. No hay que creer que todo terminó. Hay que atreverse a buscar nuestros sueños y avanzar con una mentalidad positiva".
Con la meta de convertirse en el primer técnico profesional de su familia y abrir el primer taller de mecánica automotriz en su comunidad de Yapatera, cada jornada de estudio representa un paso más hacia ese sueño. Pero su mayor satisfacción será dejar una enseñanza a sus hijos: "Quiero que vean que el estudio siempre abre puertas y que nunca es tarde para empezar de nuevo", finalizó.