Plato embajador peruano
El pollo a la brasa destaca por la sencillez de su preparación. Según los conocedores solo se requieren sal, pimienta, ajo molido y ají panca procesado como ingredientes del aderezo más básico para marinar el pollo entero sin menudencia. También se le puede añadir vinagre blanco, cerveza, gaseosa negra, sillao, pisco u otro líquido que evite perder la humedad del pollo durante la cocción.

Con una maceración de al menos cinco horas, la carne del pollo absorberá todos los sabores y con unas horas más en el horno girando armoniosamente sobre carbón o leña ardiente se convertirá en el irresistible protagonista del plato que encandila a peruanos y también a cada vez más ciudadanos del mundo.

Este ícono cultural se sirve acompañado de papas fritas (de las diversas variedades que existen el Perú, cuna de este tubérculo andino) cortadas en bastones y ensalada, que puede ser fresca (a base de lechuga, tomates, pepino y palta) o cocida (con vainitas, zanahoria y betarraga) acompañada de un aliño que resalta el sabor de los vegetales.
Ají de gallina y anticucho de pollo también en la lista de Taste Atlas
En la lista de Taste Atlas también aparecen otros dos célebres potajes peruanos: los sabrosos ají de gallina y anticucho de pollo, que se posicionan en los lugares 18 y 33 de la nómina de los 50 mejores platos a base de carne de esta ave.

El ají de gallina también volvió a resaltar en la lista de Taste Atlas tras haber estado en 2023, mientras que el anticucho de pollo ingresar por primera vez.
Génesis del pollo a la brasa
El pollo a la brasa es un plato genuinamente peruano y su creación se remonta a 1950, exactamente en el distrito limeño de Chaclacayo. Roger Schuler, un inmigrante suizo establecido en dicha localidad, observó atentamente las técnicas de su cocinera para luego experimentar él mismo un punto de cocción particular para el pollo.

Entonces, marinó el ave únicamente con sal y la puso a cocinar al carbón. El resultado fue una carne jugosa, dorada y con esa piel crocante irresistible para el comensal. Al ver que su experimento funcionó, Schuler buscó perfeccionar su técnica y lo hizo de la mano de Franz Ulrich, con quien años más tarde abriría una reconocida pollería o restaurante que tiene como plato estelar al pollo a la brasa, que se ha mantenido con el paso de los años hasta la actualidad.

Ulrich, especialista en metal mecánica, diseñó un horno especial con barras de fierro giratorias, donde se colocarían varios pollos en serie. Lo bautizaron como el “rotombo”. Tiempo después, se añadieron otros condimentos a la preparación, como romero, sal, huacatay, pimienta, sillao, ají panca y comino, con los cuales se prepara el marinado perfecto para dotarle al pollo a la brasa del sabor irresistible que lo caracteriza y que explica por qué es uno de los platos más consumidos por las familias peruanas y que conquista paladares en el mundo.
El pollo a la brasa es infaltable en el menú semanal de casi todas las familias peruanas. En costa, sierra y selva, este sabroso potaje que tiene en la popular cría del gallo y la gallina a su insumo estrella que se sirve acompañado de la no menos deliciosa papa peruana frita, ha calado tan hondo en los paladares que es casi imposible no probarlo muchas veces al año.

El Día del Pollo a la Brasa en Perú se celebra el tercer domingo de julio de cada año.
(FIN) LZD
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