No se ha demostrado que radiación de antenas de telefonía móvil y celulares dañen la salud, afirman

09:44 | Lima, set. 07 (ANDINA).

Ningún estudio científico hasta la fecha ha demostrado que la presencia de antenas de telefonía móvil y el uso de celulares provoquen efectos nocivos en la salud, por lo que todas las versiones sobre el particular son sólo mitos, sostuvo el experto en Telecomunicaciones de las Naciones Unidas, Héctor Carril. Afirmó que desde hace muchos años la Organización Mundial de la Salud (OMS) viene estudiando los efectos que la radiación no ionizante que emiten las antenas podría generar en las personas, y que no se ha podido encontrar nada negativo.
 
Anotó que la OMS ha determinado niveles máximos permitidos de radiación, los cuales –dijo- son observados y respetados escrupulosamente por sus países miembros.
 
“La OMS tiene un proyecto sobre campos electromagnéticos en base al cual recolecta los trabajos científicos serios y con respaldo, analiza la problemática y emite recomendaciones que envía a todos los países”, comentó en entrevista concedida a la agencia Andina.
 
Agregó que lo que hay que hacer es controlar que se cumplan esos niveles y que ésa es labor de las autoridades competentes.
 
Carril estuvo en Lima participando en la conferencia organizada por el Organismo Supervisor de la Inversión Privada en Telecomunicaciones (Osiptel), sobre Despliegue de Infraestructura de Comunicaciones Móviles y Aspectos Técnicos, Regulatorios y Político-sociales relativos a las Radiaciones No Ionizantes.
 
El especialista anotó que en un comienzo el problema de las antenas fue el impacto visual que su presencia provocaba, porque con los años el número de antena fue creciendo conforme crecía la demanda de servicios.
 
“Oponiéndonos a la colocación de antenas estamos frenando el crecimiento y el desarrollo social y económico de nuestras ciudades por el reclamo de un grupo de vecinos desinformados”, dijo y agregó que no le sorprendería que quienes llaman a las autoridades para reclamar por la colocación de una antena, lo hagan desde un teléfono celular.
 
Remarcó que habría que poner en un lado de la balanza el rechazo de cien ciudadanos por la presencia de una antena y en el otro la queja de 20 mil por el mal servicio de las telecomunicaciones por la falta de esas estructuras.
 
Según dijo, el temor por la proliferación de antenas de telefonía móvil se extendió por todo el mundo, pero en algunos países como Egipto lo solucionaron colocando sistemas de monitoreo para medir los niveles de radiación las 24 horas del día.
 
Consultado sobre si sería posible que las antenas fueran colocadas fuera de las ciudades, Carril anotó que eso sólo funcionaria en pueblos muy pequeños.
 
Además, explicó que si se colocan las antenas en sitios alejados, los aparatos eléctricos, que cuentan con mecanismos inteligentes, detectarán que requieren más potencia y por ende, irradiarán con más fuerza, lo que tendría un efecto contrario a lo que se quiere lograr al alejar las antenas.
 
Para graficar el efecto que causaría el uso prolongado de un celular, el experto dijo que si alguien entra a una habitación totalmente oscura a los pocos minutos los ojos se adaptan a esa oscuridad al abrirse las pupilas, pero si esa persona sale repentinamente a la luz sus pupilas se cerrarán.
 
“Ese es un efecto biológico de la radiación pero no un daño. De manera similar, si se habla por celular durante mucho tiempo lo que sucederá es que se calentará el tejido de la oreja Eso será sólo un efecto térmico pero no un daño”, explicó.
 
Proteger a los niños
 
Carril anotó también que si bien no se ha determinado que la radiación de los celulares genere algún daño en la salud, lo que se aconseja es evitar o en todo caso limitar y controlar el uso de estos aparatos en los niños.
 
“Mientras se sigue investigando es mejor controlar el uso de celulares en los niños considerando que están en etapa de crecimiento y que su organismo está en pleno desarrollo”, remarcó.
 
El experto de nacionalidad argentina trabaja actualmente para la Comisión Interamericana de Telecomunicaciones que se dedica a estudiar la regulación sobre las radiaciones no ionizantes.
 
Cabe indicar que según el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, existe una inversión de 300 millones de dólares que se encuentran detenida porque las municipalidades no autorizan la instalación de antenas, o establecen procedimientos administrativos engorrosos, o cobran tarifas extremadamente que impiden el tendido de fibra óptica en vías principales.
 
Osiptel señaló que las trabas a la ampliación de la infraestructura están impidiendo que se pueda ofrecer una mejor calidad en el servicio de las telecomunicaciones, pues esta sólo se logra con una adecuada y suficiente colocación de antenas que permita mejorar las telecomunicaciones.
 
Asimismo, están impidiendo que otros peruanos que actualmente no tienen servicio, puedan acceder a servicios de salud y educación y ser incluidos social y económicamente.
 
(FIN) ART/RRC

Publicado: 7/9/2009