¿Los fideicomisos son solo para grandes empresas? Cinco mitos que frenan su uso en Perú

ANDINA/Difusión

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22:00 | Lima, oct. 2.

Hablar de fideicomisos todavía puede sonar lejano para muchas empresas peruanas, y es que con frecuencia se les relaciona exclusivamente con grandes corporaciones, o en el mejor de los casos, a proyectos inmobiliarios de gran escala. Sin embargo, su aplicación es mucho más amplia y puede responder a distintas necesidades: desde garantizar una obligación hasta administrar flujos o establecer reglas claras sobre el uso de determinados activos.

El mercado fiduciario peruano ha venido ampliándose progresivamente y llegando a nuevos segmentos empresariales. De acuerdo con Geraldo Arosemena, managing director de TMF Group para Perú y Bolivia, este proceso responde, entre otros factores, a un mayor conocimiento sobre cómo funcionan estas estructuras y a la búsqueda de mecanismos que permitan administrar operaciones con mayor orden, independencia y trazabilidad.




“El tamaño de una empresa no debería ser el primer criterio para determinar si necesita o no un fideicomiso. Lo importante es entender la operación, los riesgos involucrados, quiénes participan y si resulta conveniente establecer reglas independientes sobre la administración de determinados bienes o recursos”, explica el especialista.

En ese contexto, el especialista señala cinco de los principales mitos que todavía existen alrededor de los fideicomisos:

1. “Los fideicomisos son solo para grandes empresas”: Esta es probablemente una de las ideas más extendidas. Si bien los fideicomisos son utilizados en operaciones de  project finance y corporativas de gran magnitud, su estructura puede adaptarse a transacciones de diferentes tamaños.

De hecho, estas estructuras pueden adecuarse incluso a financiamientos pequeños y medianos, dependiendo del tipo de activo, crédito y necesidad de las partes.

2. “Solo se utilizan cuando una empresa tiene deudas o problemas financieros”: Los fideicomisos de garantía son una de las modalidades más conocidas y pueden utilizarse, por ejemplo, para respaldar obligaciones financieras. 

Sin embargo, su aplicación no se limita a esto. También pueden utilizarse para administrar los recursos de un proyecto, canalizar determinados ingresos, respaldar obligaciones futuras o establecer condiciones para el desembolso de fondos.

3. “Implementar un fideicomiso siempre es demasiado caro”: El costo es otra de las principales barreras de percepción. Sin embargo, evaluar únicamente cuánto cuesta constituir y administrar un fideicomiso puede dejar fuera una variable fundamental: el riesgo económico de la operación que se busca proteger u ordenar.

“No se trata solamente de comparar el costo del fideicomiso contra no tenerlo. También debemos preguntarnos cuánto podría costar un incumplimiento, una controversia entre las partes, una garantía difícil de ejecutar o que los recursos destinados a un proyecto terminen utilizándose para otra finalidad”, explica Arosemena.

4. “El fideicomiso solo beneficia al banco o al acreedor”: El fideicomiso no protege a una sola parte. Una de sus principales características es que permite constituir un patrimonio autónomo destinado a un objetivo previamente establecido. Asimismo, las condiciones para administrar o liberar los recursos quedan determinadas desde el inicio de la operación.

Esto puede generar mayor previsibilidad para los distintos participantes. El acreedor conoce las condiciones de su garantía; quien aporta los recursos puede tener mayor claridad sobre su utilización; y otros beneficiarios saben bajo qué circunstancias podrán realizarse desembolsos o transferencias.

5. “Colocar un activo en fideicomiso significa perder el control sobre él”: Transferir determinados bienes o derechos a un fideicomiso no significa que estos puedan administrarse libremente por quien los recibe. Por el contrario, el fideicomiso se constituye con un propósito específico y bajo reglas previamente acordadas.

En los últimos años, sectores como la agroindustria, la obra pública y el inmobiliario han impulsado la demanda de soluciones fiduciarias en el país. Sin embargo, el reto, por ello, no pasa únicamente por incrementar el número de fideicomisos, sino por lograr que empresas y personas conozcan mejor cuándo resulta conveniente utilizarlos y qué problemas pueden resolver.

“El fideicomiso no tiene que ser la solución para todas las operaciones. Lo importante es dejar de verlo como una herramienta reservada para grandes corporaciones y comenzar a evaluarlo en función de la necesidad concreta. Mientras más información tenga el mercado, mejores decisiones podrán tomar las empresas sobre cómo administrar sus riesgos y sus recursos”, concluye Arosemena.


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(FIN) NDP/GDS

Publicado: 2/10/2026