El ancestral Chaccu de Vicuñas, una tradición que conecta a la comunidad con la naturaleza y sus raíces, se vivió en el corazón de la sierra de la región La Libertad. Esta tradición actividad que busca un equilibrio entre la conservación y respeto por la vida andina tuvo como escenario las faldas del cerro Huaylillas y muy cerca al borde de la laguna Cushuro, en Huamachuco, provincia de Sánchez Carrión.
Los comuneros, siguiendo la tradición, utilizaron cuerdas y plásticos de colores para guiar y capturar a las vicuñas, un ritual que no busca someter, sino proteger. En esta ocasión, se capturaron 128 vicuñas de una población que supera las 400. De ellas, 27 fueron esquiladas con cuidado, obteniendo más de 3.5 kilos de la fibra más fina del mundo, un verdadero tesoro andino. La Gerencia Regional de Agricultura se unió activamente a esta jornada.

La danza del Chaccu
El chaccu no es solo un corte de lana, es un proceso meticuloso. Como explica Luis Florián Lezcano, médico veterinario de la Gerencia de Agricultura, la autorización es fundamental para que la comunidad pueda organizarse y llevar a cabo la captura de manera segura. Durante la jornada, se prioriza el bienestar de los animales, liberando a las crías para evitarles estrés y maltrato.
El proceso es también una forma de censar a la
población de vicuñas y determinar cuáles están listas para la esquila, basándose en la longitud de su fibra. “Las que no están en condiciones o tienen poca fibra se liberan para el próximo chaccu”, detalla Florián.

Esta práctica ancestral demuestra el profundo conocimiento de la comunidad sobre su entorno, asegurando que la vicuña, símbolo de la riqueza andina, pueda prosperar.
Un tesoro en las manos de la comunidad
La fibra de vicuña es una de las más codiciadas a nivel mundial, con un valor que oscila entre los 400 y 700 dólares por kilo. Este recurso, regulado por el Estado peruano, es un pilar de la economía local. La comunidad de Cushuro tiene la responsabilidad de proteger y aprovechar esta fibra que, tras un proceso artesanal de limpieza y textilería, alcanza un valor comercial aún mayor, transformando la materia prima en una fuente de desarrollo sostenible.
La experiencia de esquiladores como Santiago Mávila Rocha, con más de 25 años de trayectoria, resalta la dedicación que requiere esta labor. Mávila, originario de Ayacucho, confiesa que la manipulación prolongada puede generar estrés en los animales, por lo que la precisión y la rapidez son clave.

El Chaccu de Vicuñas es una manifestación viva de la cultura andina. Es la prueba de que es posible conjugar la tradición, la economía y la conservación del entorno natural.
Publicado: 8/8/2025